LA MAGIA Y EL OCULTISMO Conocimientos Prohibidos

Helena Petrovna Blavatsky

La Magia, considerada como ciencia, es el conocimiento de los principios y la forma como el individuo puede adquirir la omnisciencia y la omnipotencia del espíritu y el control sobre las fuerzas de la naturaleza, mientras aún se halla presente en el cuerpo, considerado como arte, la magia es la aplicación de este conocimiento llevado a la práctica

Mme Blavatsky

La Magia es la ciencia de comunicarse con Potencias supremas y supramundanas y dirigirlas, así como de ejercer imperio sobre las de las esferas inferiores; es un conocimiento práctico de los misterios ocultos de la Naturaleza, conocidos únicamente por unos pocos, a razón de ser tan difíciles de aprender sin incurrir en pecados contra la Naturaleza.

Mme. Blavatsky
Apuleyo

La magia es la ciencia de la piedad y de lo divino […]. Sin embargo, mis adversarios pueden adoptar el sentido vulgar, según el cual el mago, al estar en comunidad con los dioses inmortales, tiene el poder de hacer todo por la misteriosa virtud de los encantamientos

Apuleyo
Aleister Crowley

La Magia es la Ciencia y el Arte de ocasionar cambios en concordancia con la Voluntad»

Aleister Crowley

En el mundo siempre han existido fuerzas poderosas y desconocidas que el hombre ha querido comprender e incluso manipular y ponerlas a su servicio, ya sea para el bien propio o de una comunidad, o, todo lo contrario, para dañar o expulsar a los enemigos. Tanto el quid de dichas fuerzas, como el modo de poseerlas y administrarlas según la voluntad, ha sido considerado un conocimiento de difícil acceso, cuando no prohibido, aquellos pocos que reúnen en sí estos conocimientos, y se dan a la tarea de recurrir a ellos como paliativos a los problemas que padecen ya sean los individuos o la sociedad en la que cohabitan, son muchas veces comprendidos como intercesores entre las divinidades o de poderes no manifestados y por tanto se revisten de un halo distintivo entre el resto de los individuos, e incluso pasan a ser figuras importantes o religiosas, que, al considerarse que poseen dichos vínculos,  son considerados seres con facultades extraordinarias capaces de obrar bien o mal, como se ha dicho, y por tanto pueden ser alabados o temidos, sin embargo, estas mismas figuras pueden quedar expuestas a recelos, envidias, odios, o simplemente a miradas escépticas que ponen en entre dicho estas supuestas facultades, a tal punto, de haberse congregado verdaderas instituciones para juzgarlos por crímenes que se les imputaba por practicar estas artes oscuras y que llegaron a ser prohibidas, sobre todo, porque los acusados, llamados : magos, alquimistas, hechiceros, brujos o brujas, obraban por fuera de la ley religiosa de estas instituciones dominantes.

Voltaire que ilustra perfectamente la diatriba entre hechiceros e inquisidores y que hace énfasis en el escepticismo reinante en su época en cuanto a las facultades del mago.

«Pagaba el Estado a los hechiceros de primera clase para que leyeran el porvenir en el corazón y en el hígado de un buey ¿por qué, pues, durante mucho tiempo castigaron a los hechiceros inferiores con la pena de muerte? Realizando prodigios, en vez de castigos, debían habérsele tributado honores; y sobre todo debieron temer el poder de que disponían. Nada es tan ridículo como sentenciar al verdadero mago a ser quemado, porque debían presumir que podían apagar el fuego de la hoguera y torcer el cuello a sus jueces. Debieron haberse concentrado a decirles: “Amigo mío, no os queremos quemar como a verdadero hechicero, sino como a hechicero falso, porque os jactáis de un arte admirable que no poseéis; os tratamos como si expendierais moneda falsa; nos consta que hubo antiguamente venerables magos, pero creemos que no lo sois, porque os dejaréis quemar como a un tonto” Verdad es que, acorralado el mago, pudiera replicar: “Mi ciencia no llega hasta el extremo de poder apagar una hoguera sin tener agua, ni hasta el extremo de poder matar a mis jueces con palabras; puedo únicamente evocar almas, leer en el porvenir, convertir unas materias en otras: mi poder es limitado; pero no por eso debéis quemarme a fuego lento, porque esto es equivalente a que hicierais ahorcar a un médico que os hubiera curado de calenturas y que no pudiera curaros una parálisis” Pero los jueces podrían replicarle también: “Pues bien; demostradnos que poseéis algún secreto de la magia, o consentid en que os quememos»

Existen diversas concepciones de magia, en la introducción escuchamos tres conceptos diferentes de personajes involucrados en estas artes como fue Mme Blavatsky, quien apuntala al dominio de la Naturaleza como objeto principal de la magia, luego Apuleyo, la entiende como algo más íntimo e irónicamente da una definición, digamos exotérica, en la que señala la creencia en que el poder de la magia proviene de los dioses y el mago es sólo su intercesor  y Aleister Crowley, expresa que la magia obra a través de nuestra voluntad. Ciertamente, no existe un concepto estable de magia y dentro de ella se emplazan varias creencias y prácticas comúnmente consideradas aparte de la ciencia y de la religión, muy a pesar que tanto una como la otra establecieron muchos de sus principios en ella, como es la observación de los elementos naturales, en el caso de la ciencia que incluso tiene a la alquimia como pariente lejana de la química y, en el caso de la religión, toma el principio de mediación entre la divinidad y el hombre. No se conoce de dónde surgió la magia, sin embargo, se piensa que es tan antigua como el hombre mismo, ya que muchas figurillas del paleolítico indican que se llevaba a cabo una especie de animismo mágico y ritual. Ahora bien, la palabra magia, al parecer surgió del vocablo griego que designaba las prácticas religiosas de los sacerdotes persas identificados en griego como “Magoi” y a sus prácticas se les llamaba “maggeia”; la palabra mago en persa antiguo significa sabio y fue vista por primera vez en una inscripción en 512 A.C. en Behistun, (antigua Persia, actual Irán) bajo el imperio de Dario Herodoto, fue el primero en utilizar esta palabra relacionándola con los sacerdotes de los medos a los cuales los describe como los encargados de hacer sacrificios a la realeza, participar en los poderes políticos, narrar las teogonías, practicar la adivinación, interpretar los sueños, oficiar ritos funerarios, ofrecer sacrificios a los elementos, etc. De este modo, en el mundo griego, fue a través de estas impresiones y la lengua común que se relacionó a los ritos de los magos persas, imbuidos en el zoroastrismo, con elementos astrológicos y de índole alquimista, que luego sería la base de todas las especulaciones sucesivas en torno a la magia en todo el Occidente. Ya en la Odisea encontramos el curioso personaje de Circe a la cual se le llama diosa, puesto que en el mundo homérico y en la primera mitad del siglo V a.C. no existía para los griegos el concepto de magia como tal, sino que todos los eventos llevados a cabo por pitonisas y augures eran considerados prodigios. En la Antigüedad tardía, encontramos numerosos testimonios en cuanto a rituales de teúrgia, cuya proveniencia, era atribuida a menudo a los mismos teúrgos egipcios, civilización  que la practicó asiduamente, varias eran las divinidades consagradas a la magia, especialmente la diosa Isis el dios Thot y Heka, se han hallado muchos papiros en copto, griego y demótico, que contenían fórmulas para prolongar la vida, pedir ayuda en cuestiones amorosas y combatir los males, también se ha atestiguado, la creencia que tenían de poder transferir las almas de los difuntos a estatuillas, a través de ciertos ritos mágicos ceremoniales, son varios los rituales y encantamientos de este tipo  que quedaron registrados en el Libro de los Muertos.

En la literatura latina, por su parte, si halla numerosos testimonios relativos a toda unas serie de actividad oculta: Experimentos de nigromancia, asesinatos a distancia, animales con la facultad de hablar, estatuas que caminan, filtros amorosos, metamorfosis, adivinación, talismanes capaces de curar las enfermedades… son algunos de los prodigios, objetos y rituales mágicos que podemos observar en las obras de Horacio, Porfirio, Plinio el Viejo y Virgilio, sin embargo, si hay alguna obra dedicada por completo a la magia es la Metamorfosis, conocida también como el Asno de Oro, del ya citado Apuleyo, en el que narra la historia de Lucio, un joven que fue transformado en asno por medio de artes mágicas y que luego de varias peripecias recobra su forma humana por intercesión de la diosa Isis. Vale la pena recordar que incluso el mismo Apuleyo fue procesado bajo la excusa falsa de haber forzado, a través de la magia, a una viuda adinerada con la finalidad de quedarse con la dote. En el derecho romano, las antiguas leyes anunciaban severas penas para aquellos que incurrieran en actos criminales por medio de la magia.

El valor cultural de la magia en el medioevo tuvo una notable influencia, muy a pesar de las polémicas reticencias en contra por parte de algunos escritores cristianos como Orígenes, San Agustín y Tomás de Aquino y la hostilidad de la iglesia que prohibía y castigaba las prácticas de la magia y el ocultismo. Si bien, inicialmente, la producción literaria que tocara estos tópicos, durante este período, fue más bien escasa, creció progresivamente a partir del bajo medioevo hasta llegar a ser verdaderamente prolífico, sobre todo en el umbral de la era humanística, gracias también a la mediación de escritores árabes. Algunas obras astrológicas como el “Tetrabiblios” de Claudio Tolomeo, el “Introductorium” de Albumasar el “Liber Vacae” o “Libro de los Experimentos” y el famoso “Picatrix” fueron de enorme influencia y contribuyeron a la especulación en torno a la magia en el período renacentista.

En el siglo XIII con Guillermo de Alvernia y Alberto Magno comenzó el auge de la llamada “Magia Natural” que tanta fama y representantes tuvo en el Renacimiento.

En el transcurso que va del siglo XV hasta principios del siglo XVII comienza el florecimiento de la magia en sustancial concomitancia con los estudios científicos. El inicio de este interés en la magia por el espíritu científico puede tener su raíz a partir de las traducciones que realizaron algunos humanistas, tal como lo hizo Marsilio Ficino, que tradujo Los Oráculos Caldeos, Los Himnos Órficos y las catorce obras que conformaban el “Corpus Hermeticum” obras atribuidas a Zoroastro a Orfeo y a Hermes Trimegisto respectivamente. En el Renacimiento, bajo las fuentes cultas de las doctrinas neoplatónicas, neopitagóricas y herméticas se fundamentó las reflexiones especulativas sobre la magia, la alquimia y las astrologías, que se vieron enriquecidas por ideas derivadas de la Cábala hebraica, tal como lo testimonian emblemáticamente figuras como Pico della Mirandola y Giordano Bruno.

Quizás el compendio más interesante del periodo renacentista estuvo a manos del médico, astrólogo, filósofo y alquimista alemán Cornelio Agrippa con su obra De Occulta Philosophia donde declara que “la magia es la ciencia más perfecta” y la divide en tres clases: Natural, Celeste y Ceremonial; donde las dos primeras representan la llamada “magia blanca” y la tercera la “magia negra” o “necromántica”. Estos argumentos serán retomados un poco más tarde por Giovanni Battista della Porta en su Magiae Naturalis sive de Miraculis Rerum Naturalium (Magia Natural o acerca de los Prodigios de la naturaleza) asimismo, Tomasso Campanella en el “Sentido de las cosas y de la magia” obras en las que se subraya a la magia como ápice de la filosofía natural. Otra figura importante de esta época es Paracelso que con su “Iatroquímica” crea la simbiosis entre magia natural y ciencia experimental.

 En el siglo XVII (17) la magia comienza a tener detractores y se ve envuelta en polémicas, sobre todo por los librepensadores pertenecientes al llamado siglo de las luces, el precursor de estas nuevas condenas (aunque esta vez de índole intelectual) fue el filósofo inglés Francis Bacon, a partir de aquí se sumarán otros filósofos tales como Descartes, Hobbes y el mismo Voltaire, así, la magia inicia un lento declinar debido al desarrollo de las corrientes filosóficas que defienden el racionalismo y el empirismo.

En el siglo XVIII (18) con la llegada del llamado “Iluminismo”, la magia, derrotada por la cultura dominante, se relega definitivamente a una especie de limbo en el cual logra sobrevivir de algún modo, en el ámbito de corrientes ocultistas como los rosacruces y en algunos sectores de la nueva masonería. Se repliega también en el ámbito literario, que lo recoge ya no como una temática propia, sino más bien como un añadido a la fantasía literaria, así, sobran los ejemplos de muy famosos magos, hechiceros, brujas y personajes enigmáticos envueltos en halo misterioso y mágico como las brujas de Macbeth de William Shakespeare, la maga Alcina del Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, la Maga Arnida de la Jerusalén liberada de Torquaso Tasso, el famoso personaje del Fausto de Goethe, etc.  

Eliphas Levi

Luego de la época del Romanticismo, el cual recuperó los valores de la espiritualidad, del arte y de la imaginación, la segunda mitad del siglo XIX (19) se caracteriza por un renovado interés por el ocultismo y la magia. La figura que mejor encarna este renacer es Eliphas Levi, cuya rica producción literaria influenció en gran medida la especulación ocultista del siglo sucesivo.

Al final del siglo 19, hubo un resurgimiento de numerosas sociedades secretas, en las cuales la magia tenía un rol significativo, tales como la Orden Cabalística de los Rosacruces fundado en Francia por Stanislas de Guaita, La Orden Hermética de la Aurora Dorada, fundada en Inglaterra por Samuel Mc Gregor Mather, e Ordo Templo Orientis fundada por el alemán Franz Hartmann y sobre todo la Sociedad Teosófica fundada en Estados Unidos por Helena Petrovna Blavatsky, en la cual se encuentran algunos elementos que regresa a una concepción mágica de la existencia y la correspondencia con el mundo ultraterreno.

En la contemporaneidad el panorama de la magia es muy variado, y por tanto, es muy difícil analizar sistemáticamente, sobre todo por el gran acervo sincrético que caracteriza a la mayor parte de doctrinas u órdenes mágicas, esotéricas y ocultistas. En general, la fuente común se constituye por algunas doctrinas que se relacionan con las tradiciones neoplatónicas, gnósticas, herméticas, cabalísticas, astrológicas, alquímicas y mitológicas, si bien han sido reinterpretadas y adaptadas a las exigencias de nuestros días, como es el caso de la antroposofía, que bajo las doctrinas y pensamientos de ocultistas de la modernidad desde Mme. Blavatsky a Gérard Encausse, de Samuel Mcgregor a  Aleister Crowley, de Gurdjieff a Gerald Garner, a Dion Fortune, a Eusapia Palladino, a Gustavo Rol… de todo ese conglomerado, han surgido toda una serie de asociaciones y grupos esotéricos, que también se hallan influenciados por las nuevas corrientes del llamado New Age, de la Wicca, de la brujería tradicional y del neopaganismo. 

Ahora bien, en el transcurso del tiempo, la magia ha sido interpretada bajo muchos enfoques que intentan teorizar sus fundamentos, intentemos rápidamente dar revista a los enfoques que consideramos los más relevantes.

  • La Magia Oriental, entiéndase como la mesopotámica, egipcia, iraní, etc. Explican sus efectos por el arquetipo, el modelo divino o el cosmogónico. A sus ojos, para obrar mágicamente es necesario obrar como lo hicieron los dioses o como se hizo en los comienzos del mundo.
  • Bolos de Mendes, también llamado pseudo Demócrito, explicaba la magia por las simpatías y antipatías, es decir buscaba encontrar las fuerzas, así como los elementos parecidos u opuestos que obran sobre la naturaleza.
  • Pico della Mirandola explica la magia por el amor, así decía “Las maravillas del arte mágico no se completan sino por la unión de las cosas que son latentes o separadas en la naturaleza… ¡Hacer magia no es otra cosa que casarse con el Mundo!” es decir, según él, el mago debe ligar lo inferior a lo superior, lo material a lo divino, bajo el plano de lo oculto, de lo latente, de lo seminal.
  • Paracelso explica la magia por medio del cuerpo astral o espíritu sideral, asimismo, considera que esta se activa por medio de la voluntad y la imaginación del mago. Así, el mago debe saber captar y dirigir las fuerzas celestes, los poderes astrales en los objetos terrestres, pero también utilizar, las imágenes, las cifras, las palabras, los sonidos, etc.
  • Agrippa, Giambatista della Porta, Swedenborg, etc. La mayoría de los autores explican que la magia procede a través de analogías y correspondencias.
  • Franz Anton Mesmer y todo el movimiento del magnetismo animal, la explican por un fluido magnético universal, o más prosaicamente, por electromagnetismo.
  •  Eliphas Lévi la explica por la voluntad. “Saber, osar, querer, callarse, he aquí los cuatro verbos del mago, querer, querer por mucho tiempo, querer siempre, pero nunca codiciar, tal es el secreto de la fuerza…”
  • George Frazer un etnólogo inglés quien explica la magia por la asociación de ideas. Frazer distingue, en su análisis de la magia, tres leyes las cuales funcionan por asociación: en primera instancia la Similitud o simpatía por imitación “Toda cosa parecida llama a lo parecido, o un efecto es similar a su causa” por ejemplo la técnica del encantamiento consiste en perforar un muñeco parecido al que se desea hacer daño. La segunda ley sería la contigüidad, la simpatía por contacto o contaminación, “las cosas que han estado una vez en contacto con alguien siguen estándolo para siempre” así por ejemplo un mago podría perjudicar a una persona con tan solo clavar estacas en las huellas de sus pisadas. Y finalmente, la tercera ley dice que “lo contrario reacciona sobre lo contrario” por ejemplo, para contrarrestar una herida se puede suscitar lo contrario evocando una imagen de cicatrización.
  • Michael Aivanhov un gurú espiritual búlgaro explica la acción de la magia por el aura. “Ser un mago es crear. El mago verdadero se circunda de un círculo de luz, su aura, ese halo de luz invisible que emana de él y que formado gracias a su trabajo espiritual y a la práctica de las virtudes. Para crear, el mago utiliza los mismos medios del mismísimo Dios: debe proyectar una imagen o pronunciar una palabra que traspase su aura, y es el aura la que provee la materia para la manifestación”.

Los tipos de magia responden principalmente a la distinción que se ha realizado según sea su intención o propósito. Ya San Agustín distinguía entre una magia detestable, refiriéndose a la goetia y la hechicería, y otra más honorable (la teúrgia). Desde el final del medioevo, hacia 1450, los sabios hacían la distinción entre dos tipos de prácticas, en función de sus objetivos morales: la magia negra (o nigromancia) y  la magia blanca (mageia) De manera anticipada vemos en cada una de estas distinciones a la magia destinada hacer el bien o el mal. Los estatutos de Narbona de 1638 exponen lo siguiente: “La magia negra tiene efectos negativos, en el mismo mago, en su persona, además la hechicería tiene objetivos conscientemente maléficos y medios intencionalmente negativos. Los magos negros y los hechiceros, son nefastos para la sociedad, envenenan, hechiza, lanzan imprecaciones, invocan a los diablos y demonios, utilizan figurillas de encantamiento, provocan impotencia sexual, provocan sequías y tempestades. Y usan sus oscuras artes de igual modo para hacer daño a los otros, vengarse, para hacer filtros amorosos, para alcanzar la inmortalidad, para mejorar el estado de salud y para comunicarse con los muertos. Por otro lado, concerniente a la magia blanca decía: concierne la utilización de la magia con fines altruistas o preventivos, con medios casi siempre positivos, benéficos. Sana, protege, exorciza, reconforta, reconcilia… invoca a los espíritus buenos de Dios, no a los malvados demonios.

La distinción magia negra/magia blanca, casi proyecta la distinción entre la magia del mal y del bien, la magia ilícita (Ars Prohibita) y la magia lícita, pero también la magia diabólica y la magia natural. Pico della Mirandola decía acerca esta distinción: “Hay una magia doble, una observa por completo la actividad y autoridad de los demonios. La otra, no es otra cosa que el fin último de la filosofía natural”

Anton Lavey

Según Anton Lavey en su Biblia Satánica nos dice que no existe clasificación alguna de la magia, la magia para él, es sólo una, lo que existe es diferentes maneras de servirse de ella. De este modo muchos se sirven de ella para curar y otros para castigar.

De todas formas, popularmente, ha habido otras clasificaciones de magia, así, la magia roja hace su aparición, o al menos su término, hacia 1840, la mayor parte de las definiciones de la magia roja la asocian a la sexualidad, al amor, a la seducción, al placer amoroso o carnal. La magia verde concierne al orden natural y vegetal lo que incluye también a los animales salvajes. La magia azul designa por lo regular a una magia de carácter protector.

De todos modos la Iglesia Católica nunca, e incluso hoy, ha hecho distinción alguna entre los tipos de magia, para esta institución, todas son condenables y están asociadas al Demonio.

Autor: E. J. Ríos

VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA

Arcanos de la Sabiduría

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