El Dios Incognoscible, El Pléroma y El Eón Sophia

El gnosticismo. Un fenómeno que agrupa distintos sistemas religiosos que fueron considerados herejes durante los siglos I y II d.C. No obstante, propusieron distintas formas de comprender el Cosmos y la naturaleza del ser humano. Esta doctrina era considerada hereje por parte de los cristianos de la época, por ser considerada una práctica esotérica y alejada de los valores del cristianismo. Sin embargo, el gnosticismo forma parte de las doctrinas que constituyeron las bases de la cosmovisión occidental, es por ello que daremos una mirada a estas cosmogonías, consideradas por algunos heréticas y peligrosas. El sistema cosmogónico gnóstico es un panteísmo apenas disimulado. Para ellos, en un comienzo solo se hallaba lo Profundo; la plenitud del ser, o más bien, el Dios-No Ser, considerado el primer Padre y el Dios Verdadero, era pues la primera fuente, también llamado, el dios desconocido. Esta especie de dios indefinido infinito, aunque se le pueda considerar un Dios, no era un dios personal, sino un Dios Desconocido, el cual, se concebía como espiritualidad pura.

Sin embargo, era el origen de todos los seres o causas, que eran emanaciones de sí mismo, un conglomerado de fuerzas o espíritus puros. En los diferentes sistemas, estas emanaciones llevaban distintos nombres, clasificaciones y descripciones, no obstante, la teoría de la emanación en sí es común a todas las formas de gnosticismo.

En las gnosis de Basilides se les llama filiaciones, en la de Valentino forman pares antitéticos; Profundidad y Silencio producen Mente y Verdad; estas a su vez producen Razón y Vida y estas al Hombre y al Estado. Según Marción son nombres y sonidos.

Estas son las raíces primigenias de los llamados Eones. Con asombrosa fertilidad, jerarquías de Eones se producen así, a veces hasta treinta.

Estos Eones pertenecen al mundo puramente ideal, noumenal, inteligible o suprasensible; son inmateriales, son ideas hipostáticas y junto con la fuente de la que emanan, forman el Pléroma.

La transición de lo inmaterial a lo material, de lo noumenal a lo sensible, lo que llega a formarse debido a una falta o una pasión de uno de los Eones.

Según Basilides es una falta en la última filiación, para otros es la pasión de la Eón de la Sabiduría, la cual representa el principio femenino supremo, la causante del Logos que dio paso al dios de la corporeidad y de las manifestaciones… el nefasto Yaldabaoth.

Existen dos principios antagónicos e irreconciliables entre sí, sin embargo, ambos principios han necesitado convivir debido a que uno es la contraparte del otro, el anverso y el reverso de una continuidad.

Sus antagonismos fluctúan entre la Nada y el Todo, entre el abismo insondable y una sima inmensa pero finita; entre la atemporalidad y la definición del tiempo, entre lo inmanifiesto y la manifestación absoluta pero irreal; entre lo inmaterial y lo material; entre lo no creado y la creación; entre la Oscuridad y la Luz.

Fuera del Mundo, del Tiempo y del Espacio opera el principio Incognoscible, una veleidad del mundo material imposible de ver con los ojos materiales e imposible de conocer a través del intelecto, sin embargo, develar su misterio es tan deslumbrante como enceguecedor, de hecho, este principio solo puede verse y conocerse a través de la oscuridad, así pues, no es a través del pensamiento ni de la lógica que podemos conocerlo, sino a través de nuestro sentido profundo y oculto; no es a través de los ojos carnales que logramos verlo sino a través de los ojos del Espíritu.

Este es un principio supremamente elevado que no necesita manifestarse, pues opera desde lo inexistente, desde la oscuridad del tiempo, desde el no ser.

Quizá pueda comprenderse como el Dios que rige la antimateria, es el principio del Caos Primordial, la Oscuridad Total, el Silencio Perpetuo, es el dios contemplativo, y en su sueño ataráxico se mantiene imperturbable y perfecto es el agua primordial origen y fin de sí misma, en el torbellino de su centro se hallan todos los elementos en estado líquido, en un estado informe puro e indefinido, su contenido es la Esencia Verdadera.

La Oscuridad perfecta entraña la luz, y de allí dentro de sus entrañas hubo un pensamiento que gritaba internamente en contraposición al exterior de la Oscuridad que es un vacío de Silencio.

Este grito profundo, inmerso en la Oscuridad, se había consumido en sí mismo y la quietud del Silencio no fue más pues se había consolidado un Logos articulando la voz del Silencio.

Este grito primordial, este Logos, sin embargo, no fue proferido al exterior, sólo creó una vibración interna que se multiplicó en la Oscuridad.

Así en la Oscuridad insondable se incendió una chispa, un principio inteligente, en realidad un pre-principio inmanifiesto, pero vibrante, y en su acuosidad informe, la vibración se extendió creando semicírculos de ondas expansivas, cada una de ellas contenía la reduplicación del Logos Primordial; cada onda vibraba a uno y otro lado del Pléroma y constituían una pareja de ambos polos de la Oscuridad,  así se creó la fragmentación original, la oscuridad encendió en sí misma una tea, una flama oscura que brillaba con el esplendor de sus propias tinieblas, las expansión de las ondas contenían el germen del principio único y de un lado era lumínico y oscuro y por el otro lado era oscuro y lumínico, constituían polarizaciones de un mismo Principio, Luz y Oscuridad a un mismo tiempo.     

Estas ondas o sub principios pertenecían al Pléroma, pero estaban completamente vinculados el uno al otro, eran como el macho y la hembra, eran llamados Eones, y cada cual cumplía una determinada función dentro del Pléroma, dentro del Silencio Perpetuo en el que vagaban.

El último Eón, el más alejado del núcleo, sentía las vibraciones tenues del Dios Incognoscible, y en un momento de debilidad de dichas vibraciones, el Eón buscó replicar al Padre, y se desentendió de su gemelo, la onda que vibraba al otro lado del núcleo, este Eón, sin embargo, correspondía a la Sabiduría, en sí mismo era un Logos poderoso, que aun estando atado al conjunto del Pléroma, tenía la facultad de proyectarse independientemente, como una entidad solitaria, pero realmente no podía actuar sola, pues la Totalidad aunque comprenda múltiples pre-principios inteligentes en sí misma, en el seno caótico de su esencia, ningún Eón debía aislarse de su núcleo.

Sophia, que era el nombre del Eón, el cual era de naturaleza femenina, quiso emular el grito del Principio, y sin considerar a su par, profirió este grito en la vastedad de la oscuridad, pero siendo ella la última onda del núcleo, posicionada al borde del Pléroma, el grito traspasó la oscuridad y salió al exterior, a la vacuidad del espacio positivo, a la luz de las manifestaciones.

Autor: E. J. Ríos

VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA
Arcanos de la Sabiduría

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