LOS ÁRBOLES DEL PARAÍSO El Árbol de la Vida, El Árbol del Conocimiento

El árbol es un símbolo sagrado para una gran multitud de pueblos de la tierra, el sólo evocarlo, comprende varios arquetipos universales, el primero que se asoma a la conciencia es el de considerarlo sinónimo de vida, esto, por obvias razones, ya que realmente los árboles, en general, son los pulmones naturales de nuestro planeta. Sin embargo, a él va asociado un sinfín de connotaciones simbólicas más complejas, entre ellas, está el considerarlo la totalidad de la manifestación: la síntesis del cielo, la tierra y el agua; un puente entre los diversos mundos: infernal, terrenal y espiritual; asimismo, se considera el pilar o centro del mundo, es decir, el axis mundi invocado por multitud de culturas y civilizaciones milenarias. En fin, el árbol como entidad sagrada y general es un arquetipo complejo pletórico de tantas simbologías como culturas existen, al cual, ya le dedicaremos una presentación aparte. No obstante, dentro de esta universalidad, se presenta la figura del Árbol Cósmico, el cual muchas veces se representa con ramas que se dividen para luego volverse a juntar, lo que comprende el sentido de separación y reunión consecutiva, la disolución y el retorno a la unidad; por tanto, simboliza también la unión del cielo y la tierra; la unión de los principios complementarios, lo masculino y lo femenino, sin embargo, muchas veces el árbol cósmico se representa como dos árboles entroncados en uno solo, de este modo, representa la conjunción de los contrarios, el eterno andrógino que participa de ambos principios de la polaridad material y espiritual.

En el Paraíso, el relato bíblico nos presenta, dos árboles plantados en uno y otro extremo de éste: el Árbol de la Vida y el Árbol de la Sabiduría, también conocido como el Árbol del Conocimiento o del Bien y del Mal. El Árbol de la Vida representa el centro, el eje del mundo apenas creado, significa la regeneración, el regreso al estado primordial, es el eje cósmico unitario que trasciende el Bien y el Mal. El Árbol de la Sabiduría, por su lado, es un árbol dual que comprende la semilla de la cognición de la ambigüedad del estado del hombre, al tomar de su fruto es posible conocer la trascendencia, pero también la parquedad de la materia, de modo que representa la elección, el libre albedrío al que no se puede renunciar sin doblegar la voluntad; muchos asimilan al Árbol de la Sabiduría como la contraparte del Árbol de la Vida, es decir, se considera entonces como El Árbol de la Muerte y la decadencia, pero su principio es cíclico como el de su contraparte al que se encuentra entrelazado, así, representa las fases lunares, los ciclos del hombre entre la materia y la espiritualidad, entre la muerte y la resurrección. 

Mi origen se remonta mucho antes de la creación del tiempo y del espacio y mucho antes de la materia y de los seres vivientes que caminan sobre la faz de la Tierra.

» Aquí velas en un sueño consciente, justo en medio de mi tronco, un lugar neutro entre la Vida y la Muerte. Aunque realmente esto no es un lugar, es más bien un instante, un segmento de la vida o de la muerte, es un limbo entre ambos.

» La luz plena es la Oscuridad, pues la luz incandescente del Espíritu Verdadero, representa la ceguera del dios de la materia, y así, análogamente, a aquellos que solo confían en sus ojos carnales y en el mundo tangible.  

» Sin embargo, dentro de sí mismos resplandece una chispa divina en medio de la Oscuridad de la conciencia, por tanto, aquel que a través de la Voluntad desarrolla su Espíritu, podrá ver con su ojo interno lo intangible y lo incognoscible.

» Mis raíces se hunden en la Oscuridad de la Noche de los Tiempos, y mis ramas tienden hacia el Sol de las manifestaciones.

» En cada una de mis raíces cuelgan las cualidades de lo incognoscible y de cada una de mis ramas brotan mundos conocidos y aun por conocer… 

 » …mi tronco es el puente entre ambas dimensiones, mi corazón está justo en medio de ellas, una es un Abismo inconmensurable sin principio ni fin, donde no hay formas concebidas; la otra es una vasta estepa pletórica de universos y mundos.   

» El demonio que ha creado este mundo, ha dejado brotar dos de mis retoños en su jardín  el cual fue destinado para ser la morada de su criatura predilecta, de la cual desciende toda la Humanidad; uno de ellos se hallaba oculto de la pareja primordial, el otro se hallaba a la vista: un árbol que con-tenía el fruto del Conocimiento de todas las cosas creadas, un árbol de dos raíces y de troncos entrelazados, un árbol dual que contenía la savia del Bien y del Mal; un enviado del Espíritu Eterno, del Dios Incognoscible ofreció del fruto de este árbol al principio femenino creado del lodo de la materia, para que abriera su ojo interno y tuviera la opción de contemplar la Verdad de su origen intrínseco, para que supiera que no sólo era materia, y pudiera conocer todo aquello que el demonio que la había insuflado el alma permaneciera oculto para así manipular a sus criaturas y fueran sumisas y serviles a sus propósitos.

» Un solo bocado de este fruto fue suficiente para que el hombre se diera cuenta de su penoso estado, y tuviera conciencia de su desnudez y sintiera vergüenza al verse envilecidos como animales salvajes en aquel natural entorno.

Pero el dios de la materia al ver que la pareja primordial había conocido la moral y el pudor y ahora podía discernir ente el bien y el mal, les recriminó duramente el haberlo desobedecido, pues, él pretendía mantenerlos en la más profunda ignorancia para que así fueran sumisos a sus designios.

De tal modo, dictaminó la injusta sentencia de maldecirlos eternamente y desterrarlos del Edén, aquel vergel que había creado para distraerlos y no se percataran nunca de su verdadera Esencia.

» Tal como era la naturaleza de este árbol, asimismo, resultó la naturaleza de los primeros hijos de los más antiguos ancestros de la Humanidad.

Uno se inclinaba hacia las cosas de este mundo y alababa la creación y al demonio creador, el otro repudiaba la materialidad y todo lo creado, pues en su interior latía la chispa del fuego eterno del Dios Verdadero, el cual es de naturaleza espiritual e inmaterial cuya esencia jamás puede ser conocida, sólo puede ser vislumbrada con el ojo interno del espíritu.  

» Al principio material los hombres han querido llamarle “el bien” y al elemento que representa al Espíritu han querido llamarle “el mal”. Ambas raíces germinaron en el aliento de Abel y Caín; pero la llama del espíritu que residía en el pecho de Caín, resplandeció en medio de la Oscuridad y calcinó su propia alma y exterminó también la carne de su hermano Abel.

» No obstante, hubo un tercer hijo nacido de la dualidad, una que supo mantenerse en el camino del medio, entre el alma y el espíritu, entre el Bien y el Mal, este hijo camina en la Tierra y vuela en el Abismo.

» Cuando aquel Sebaoth, en su injustificada cólera, desterró para siempre a su propia creación del paraíso que les había otorgado como hábitat, fortificó luego el vergel colocando en sus cimientos pesadas puertas y mandó a uno de sus querubines a custodiar y puso en su mano una enorme espada flamígera que ardía y revoloteaba ante la llegada de cualquier ser hecho del lodo primigenio que osara acercarse a la puerta del Paraíso donde quedaron los árboles sagrados, vástagos provenientes de mi raíz  y de mi cúspide, estos dos árboles son sólo ínfimos filamentos de mi entidad cósmica; el árbol que custodiaba el querubín enviado por el Sebaoth era el árbol de cuya savia se extraía el elixir eterno  de la per-petuidad de la materia y todas las aguas que embebían sus raíces en él, desembocaban en un manantial que luego fluía subterráneamente y aparecía en otro lugar como una fuente y quien bebiera de ella podía detener el tiempo de la vejez, pero aún permanecía maldito con aquel anatema heredado de los primeros padres por haber desobedecido al demiurgo, es decir, se detenía el envejecimiento pero se mantenía en la condición de mortal, puesto que aquellas aguas, al correr por debajo de la tierra, se contaminaban con su imperfección, de modo que, sólo la savia no mancillada de donde surgía este manantial y esta fuente tenía la propiedad de otorgar la inmortalidad de la materia.  

Es por ello que el dios de los ejércitos, el creador de la tierra y del edén, al observar que su creación se había revelado y desobedeciendo su mandato de no comer del fruto del árbol de la Sabiduría, y al ver que se hicieron conscientes de sí mismos y del gran poder que ahora tenían; consideró que esta creación suya, aparte de poseer el Conocimiento otorgado por aquel fruto, si se hacía luego con la savia del árbol de la vida, sería una criatura demasiado peligrosa que incluso podría destituirlo o ignorarlo por completo, pues “serían como dioses” tal y como les había dicho la Antigua Serpiente.

» El querubín del Demiurgo, que llevaba por nombre Tammuz, custodiaba el ala este de las puertas del Paraíso que era el lugar por donde se podía acceder al Árbol de la Vida pero que su gran espada ardiente, revoloteando, ya no permitía el paso.

» Del otro lado, en el ala oeste, se hallaba la Puerta que daba fácil acceso al abandonado Árbol de la Sabiduría, este árbol no fue custodiado por el Demiurgo, pues, ya su creación había probado de su dulce fruto.

Sin embargo, después de la desobediencia, el Sebaoth lo escondió internándolo en un follaje espeso que dificultaba la ubicación de aquel hermoso y frondoso árbol que antaño campeaba en el Paraíso.

» Pero la Serpiente Antigua conoce muy bien el camino, así que fue a instaurarse en la Puerta que da paso al glorioso Árbol del Conocimiento. Y todo aquel que ose tomar el sendero de la izquierda, y sepa preguntar a Ningguizidda, que es el nombre de la astuta serpiente que ofreció el fruto a Eva, por la trocha que lleva al Árbol, ésta le abrirá la Puerta y le indicará el camino a seguir, y guiado por su propia Voluntad, también conocerá la dulzura de su fruto.

» El Demiurgo había advertido a Adán de no probar del fruto del Árbol de la Sabiduría porque, si lo hacía, moriría, sin embargo, Eva cuando inquirió a la Serpiente, esta le dijo que no moriría, puesto que sólo abriría el ojo de la con-ciencia y llegaría ser tanto como su creador: Una Conciencia Universal Conocedora de su Origen.

» No obstante, la primordial pareja se hizo mortal, pero lo cierto es que sólo murieron en su fisicidad corpórea, ya que su Espíritu, se hizo Inmortal y traspasó el Tiempo y el Espacio hacia la libertad plena.

Ciertamente, el Árbol de la Sabiduría es el árbol de la muerte; pero debéis saber que la muerte corpórea es el principio de la verdadera Vida, pues si has probado el fruto del Conocimiento, este te llevará a la Verdad Suprema que es el Origen y Fin de todas las cosas.

El Árbol de la Vida prolonga la existencia en el dolor de la carne y si jamás tu Espíritu se revela y osa comer del otro Árbol, el ciclo del dolor continuará en infinitas existencias, en sucesivas reencarnaciones y jamás se liberará de las cadenas del cuerpo y del demonio que el Demiurgo ha insuflado para que aprese al Espíritu, y así jamás retorne a su Verdadero Origen, sino que se mantendrá encarcelado en los barrotes de la materia y bajo la sumisión del Alma y de aquel impostor y avieso dios.»   

Autor: E. J. Ríos


VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA
Arcanos de la Sabiduría

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: