LOS DEMONIOS JERARQUÍA INFERNAL

Emperador Lucifer, dueño y señor de todos los espíritus rebeldes, te ruego me seas favorable en la apelación que hago a tu gran ministro Lucifugo Rofocale, pues deseo hacer pacto con él; yo te ruego a ti, príncipe Belzebuth: que me protejas en mi empresa.

¡Oh, conde Astaroth! sedme propicio y haz que, en esta noche, el gran Lucifugo se me aparezca bajo una forma humana, sin ningún pestífero olor, y que me conceda por medio del pacto que voy a presentarle todas las riquezas o dones que necesito.

“¡Oh, gran Lucifugo! Yo te ruego que dejes tu morada donde quiera que te halles, para venir a hablarme: de lo contrario, te obligaré por la fuerza del grande y poderoso Alpha y Omega, y de los ángeles de luz Adonay, Eloim y Jehovam, a que me obedezcas. Obedéceme prontamente o vas a ser eternamente atormentado por la fuerza de las poderosas palabras de la clavícula de Salomón, de las que se servía para obligar a los espíritus rebeldes a recibir sus pactos. Así pues, aparécete en seguida o voy continuamente a atormentarte por el poder de estas mágicas palabras de la clavícula:

Agión, Telegran, Vaycheo, Stimulatón, Esperes, Retrogramatón, Oyram, Irión, Emanuel, Cabaot, Adonay, te adoro y te Invoco.»

Clavicula Salomonis Regis


«Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros.

Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos.»

La Biblia, Lucas 8:27.34

Abordamos esta presentación con dos textos antagónicos entre sí, pues el primero exhorta a los demonios que se hagan presentes ante el invocador, mientras que el segundo se trata de lo contrario: la expulsión de los demonios.

El primer texto se ha extraído de un Grimorio ya bastante conocido, se trata de la Clavicula Salomonis o Llave menor de Salomón de quien se cuenta había tenido la facultad de encerrar en una botella de bronce a 72 demonios y ponerlos a su servicio, mediante amedrentamientos y bajo una serie de fórmulas mágicas. Es de notar que las amenazas que Salomón hace a los demonios están hechas en base al tormento que produciría en las entidades maléficas la invocación, por parte del mismo Salomón, de Dios y otros ángeles de luz, lo que hace pensar que los demonios, como ángeles caídos quizás, aún están subordinados a un poder mayor o sobreimpuesto a su jerarquía, asimismo, lo observamos en el otro texto extraído de la Biblia, en el que el endemoniado a penas observa al redentor le exclama y pide no le atormente, y aún los demonios, “pactan” con Jesús para que no sean despeñados nuevamente al abismo.

Ambos textos dejan entrever que los demonios son muchos, y que se hallan organizados por cierto grado jerárquico, que se asimila a los grados militares tal como lo entraña la palabra Legión; o a grados nobiliarios ya que Salomón comienza su invocación nombrando al Conde Astaroth y al Emperador Lucifer.       

Los Demonios son una fuerza divina personificada, separada de cualquier calificación de tipo moral, y por consiguiente no necesariamente mala ni buena, esto, ateniéndonos al significado lato de la palabra Demonio, que, según su etimología, correspondería al griego Daemon que significaría en primera instancia “divinidad”, luego, espíritu, hado, e incluso, fantasma, sombra o espíritu de los muertos, en realidad, en el mundo griego, el Daemon se convierte en una especie de ser intermediario entre los dioses y los hombres, ejecutor de la voluntad divina, o protector de los hombres como el Daemon de Sócrates. Luego, la caracterización moral del Demonio empieza a cargarse de todas las acciones moralmente poco justificables que inicialmente eran atribuidas indistintamente también a los dioses. Es sobre todo Platón quien causa este vuelco en el concepto de Daemon. Senócrates, por su parte, identifica los demonios con los espíritus de los muertos, y es por consiguiente evidente que para él pueden tener una situación moral variable, según el comportamiento tenido en vida.

Sin embargo, es en el hebraísmo, que los demonios adquieren esa caracterización predominantemente perversa, que se conservará y se acentuará en el cristianismo, a partir de la aparición del término «Daimonon», en griego koiné, un dialecto mucho más sencillo que el griego clásico, el cual se empleó en una versión simplificada de la Biblia con el objeto de que fuese accesible para el vulgo.

De este modo, en las religiones del oriente cercano y todas aquellas surgidas de tradiciones abrahámicas, en la que se incluiría la demonología medieval cristiana, un demonio es considerado un ser impuro y el cual puede invocársele con ciertos procedimientos nefastos y fines macabros, y los invocadores, comúnmente hechiceros y brujas, corrían un riesgo doble al tener tratos con demonios, por un lado, ser capturados e enjuiciados por la Inquisición o el mismo vulgo, y por otro lado, corrían el peligro, sino eran experimentados, de quedar poseídos por las entidades maléficas que habían invocado, aunque, esto último, no sólo se cumplía con brujas y hechiceros, pues, en el correr de la historia se ha tenido noticia de personas comunes poseídas por demonios, incluso personas devotas a Dios, pastores, monjas y hasta santas como María Magdalena, a las cuales se les ha expulsado los demonios del cuerpo a través del rito del exorcismo, rito tan antiguo, que incluso Jesús lo practicaba, tal como vimos en el ejemplo citado.   

En el ocultismo de Occidente y la magia renacentista, la cual estaba basada en una mezcla de magia grecorromana, demonología judía y tradiciones cristianas, los demonios eran considerados una entidad espiritual que podía ser controlada mediante conjuros, además, se consideraba que muchos de los demonios eran en realidad ángeles caídos, como lo hace suponer la obra del escritor inglés John Milton “El Paraíso Perdido” asimismo, en la literatura, podemos hallar demonios al servicio de los hombres como Mefistófeles, el demonio que se le apareció al Dr. Fausto para ayudarle a conquistar la sabiduría perfecta y el amor de su amada Margarita, cuento popular alemán que Goethe supo ilustrar magistralmente, en este tipo de narraciones, es común ver pactos con demonios de un hombre que desea un bien material a cambio de su alma, debido que se considera que los demonios carecen de ésta.

Ahora bien, en ciertas tradiciones como la israelita, los demonios son agentes de la ira de Dios los cuales llevan a cabo sus designios, tal es el caso del Ángel Exterminador o el Ángel de la Destrucción que esparce la pestilencia sobre las casas de los israelitas y el cual sólo podía ser rechazado por la sangre del sacrificio pascual rociada en el dintel de la puerta y a través de un poderoso talismán.

Sin embargo, también existen demonios en el hebraísmo que actúan de manera independiente, o al menos no siguiendo las órdenes de Dios, sino que obran por su propia cuenta o quizás bajo las órdenes de algún otro demonio superior.    

En la Biblia se mencionan varios demonios, tales como Asmodeo, Azazel, Belial, Lilith, Legión y Satanás, pero no hay indicios de que haya una jerarquía como tal, aunque, en algunos pasajes, se menciona a Belcebú como a un príncipe demoniaco que lidera a otros demonios, sin embargo, la tradición ha propuesto a Satanás como jefe de los espíritus malvados, y, muchas veces, se ha propuesto a Lucifer como al líder infernal, lo que se ha prestado a confundir ambos personajes, aunque, se sabe que la Biblia no hace mención de Lucifer como un demonio propiamente dicho sino que hace alusión a un astro que cae del cielo el cual se compara con la caída de un Rey soberbio; posteriormente, la iglesia interpretó dicho pasaje como la caída de un ángel, y como ya lo hemos expresado, los ángeles caídos que se rebelaron en contra de los designios de Dios fueron luego transformados en demonios y la misma suerte corrieron aquellos ángeles que se sintieron atraídos por mujeres mortales y descendieron del cielo para copular con “las hijas de los hombres” y en algunas escuelas del pensamiento cristiano o del judaísmo se cree que la descendencia de estas relaciones entre ángeles y mujeres generaron otro tipo de demonios y seres malditos o espíritus condenados a vagar eternamente en busca de descanso  para sus almas.

Ahora bien, la idea del Demonio en la cultura occidental ha dependido siempre de las corrientes religiosas y filosóficas imperantes en cada época. Debido a las imposiciones de creencias impuestas por una u otra parte, las mentes obnubiladas por el fanatismo, por cierta superchería o simplemente como estigma psíquico colectivo, Dios devino un ente cercano pero invisible, al que se le debe temor y respeto, ya que es terrible y vengador, un ente que se aproxima al hombre para ayudarle a cambio de guarde sus mandamientos y su ley inflexible. Y el demonio, un ente malvado y más maléfico aún que nos rodea y asecha a cada instante, el cual a veces actúa con autorización divina para castigar los pecados o para tentarnos a provocarlos. 

Las Jerarquías Infernales

Tradicionalmente existen dos tipos de jerarquías de demonios, una establecida por Abramelín el Mago, un sabio egipcio que vivió alrededor del siglo 14, el cual clasifica a cuatro demonios como Jefes principales o Emperadores del averno y subordina a estos cuatro, ocho demonios más que conforman un principado infernal. Los cuatro demonios principales son: Lucifer, Satán, Leviatán y Belial. Y el principado lo conforman: Astaroth, Orias, Magot, Paymon, Asmodeo, Ariton, Belcebú y Amaymon.  

Posteriormente un ocultista y demonólogo del siglo 19 llamado Collin de Plancy, clasifica en su Diccionario Infernal a los demonios por diez principados, seguidos por otros dignatarios. Los diez demonios principales de esta jerarquía son: Belcebú, Satán, Eurinomio, Moloc, Plutón, Pan, Lilith, Leonardo, Baalberith y Proserpina. Luego los demonios ocupan cargos administrativos tales como presidente, duques, tesoreros, caballeros, ministros, embajadores, etc. Emulando los cargos nobiliarios de un gobierno palatino.    

Jerarquía de Abramelín el Mago

Lucifer: Este nombre significa el dador de luz y es erróneamente adjudicado a Satanás.  Existen leyendas, que dicen que Lucifer, fue el primero de los ángeles caídos, no Satán, y que él, es quien gobierna los infiernos.

Satanás: Es el nombre con el que con más frecuencia aparece indicado el diablo en tanto que entidad personal. En el Antiguo Testamento se puntualiza que el maligno pertenecía originalmente a los Serafines, pero que, dado que manda sobre todos los demás ángeles caídos pertenecientes al mismo tipo, está dotado de doce alas, en lugar de seis, para subrayar su preeminencia.

Leviatán:  Tiene el grado de Gran Almirante. Este demonio, era la enorme ballena que aparecía en las leyendas de los hebreos. Él es el Amo Demonio de los Océanos, ningún arma hecha por el hombre podía lastimarlo, también era el Rey de las Bestias, temido por Dios y por los hombres por igual

Belial: rey de los infiernos, creado después de Lucifer y uno de los más poderosos, uno de los primeros en revelarse. Antes perteneciente a la Orden de las Virtudes y de los Arcángeles, ahora es el más vicioso de los demonios, muy atractivo. Aparece sobre un carro de fuego.

Astaroth: Representado como un ángel coronado, desnudo enclenque sosteniendo una víbora en la mano izquierda y cabalgando a lomos de un dragón. Tesorero infernal, ve el pasado, el presente y el porvenir; detecta los deseos secretos y concede protección a los grandes.

Orias: Demonio de los astrólogos, adivinos, gran marqués del imperio infernal que se muestra bajo la forma de un león furioso montado en un enorme caballo con cola de serpiente y lleva en cada mano una víbora, conoce la astronomía y enseña astrología. manda 340 legiones.

Magot: Príncipe del averno, junto a Asmodeo, logra dirigir a una amplia cohorte de espíritus malignos. Para quienes lo invocan, guarda mapas de tesoros y minas escondidas.

Paymón: uno de los príncipes demoníacos que supervisan las cuatro direcciones cardinales. Tiene doscientas legiones bajo su mando. Paimon es representado como un hombre con un rostro afeminado, vistiendo una preciosa corona, y montando un dromedario. Enseña todas las artes, filosofías y ciencias, puede resucitar a los muertos.

Asmodeo: Príncipe de los infiernos con tres cabezas: de toro, de hombre coronado con aliento de fuego y de carnero. Pies de oca y cola de serpiente. Cabalga un dragón y manda 72 legiones.

Ariton: Príncipe demoníaco que supervisa el Norte. Desenmascara a los ladrones, descubre tesoros escondidos, concede conocimiento sobre el pasado y el futuro. Rige 133 legiones infernales.

Belcebú: Príncipe de los demonios. El señor de las moscas y cuya apariencia a veces es montuosamente colosal; de rostro hinchado, coronado con una cinta de fuego, cornudo, negro y amenazante, peludo con alas de murciélago.

Amaymon: Príncipe del infierno. Custodio de otro punto cardinal. Demonio oscuro portador de malas noticias. Aparece con la forma de una perdiz. Según Abramalín se trata de un Diablo egipcio que no recomienda invocar desde la tercera hora hasta el mediodía y desde la novena hasta la tarde.

Jerarquía de Collin de Plancy

Belzebuth:  Jefe supremo del Imperio Infernal.

Satán: Príncipe destronado del cielo. Jefe de los opositores a Dios

Eurinomio: Príncipe de la Muerte.

Moloc: Príncipe del mundo de los tormentos y sufrimientos.

Plutón: Príncipe del fuego. Gobernador de todas las regiones infernales incendiadas.

Lilith: Princesa infernal, reina de los Súcubos e Íncubos. Primera esposa de Adán.

Leonardo: Gran Maestro que preside los Sabbat.

Baalberith: Gran Pontífice, Maestro de las alianzas.

Proserpina: Archidiablesa, Soberana del Averno, princesa de los espíritus malignos.

Ministerios

Adramelech: Gran Canciller.

Astaroth: Gran tesorero

Nergal: Jefe de la policía secreta

Baal: General en jefe de las armas infernales.

Leviatán: Gran Almirante.

Embajadores

Belfegor: Embajador en Francia.

Mammon: Embajador en Inglaterra.

Belial: Embajador en Italia.

Rimmon: Embajador en Rusia.

Thamuz: Embajador en España.

Hutgin: Embajador en Turquía.

Martinet: embajador en Suiza.

Justicieros

Lucifer: Gran Justiciero

Alastor: ejecutor de grandes obras.

Mansión Palatina

Verdelet: Maestro de ceremonias.

Succor Benoth: Jefe de los eunucos del serallo

Chamoos: Gran Chambelán

Melchon: Tesorero y administrador

Nisroch: Maestro Cocinero

Behemoth: Copero, escanciador

Dagon: Gran Panadero

Mullin: Primer caballero de la cámara.

Administración de Espectáculos

Kobal: director de espectáculos

Asmodeo. Superintendente de las casas de juego

Nybus; Jefe de Procesiones

Anticristo: ilusionista y necromante.


VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA

Arcanos de la Sabiduría

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