LAPISLÁZULI: La Piedra del Tercer Ojo

¡Te están llamando! ¿Oyes? ¡Aquí tienes la segunda sala!

¡Oh Señor! Tu cabeza de la que prenden largas trenzas de mujer asiática, navega en la barca, y toda la morada del Dios de la luna está iluminada por el brillo de tu rostro.

La parte superior de tu cuerpo es azul como el lapislázuli.

Los bucles de tu cabellera son más negros que las puertas de la mansión de la mansión de los muertos.

Tu corona adornada con piedras azules se halla iluminada por los rayos de Ra.

Tus vestidos de oro se hallan adornados con lapislázuli

Tus cejas se asemejan a dos Diosas hermanas donde las serpientes sagradas dominan la cabellera

Tus ojos inmóviles, están fijos en las montañas de Bakhau que se pierden en el más allá.

Tus pestañas están inmóviles para toda una eternidad.

El párpado superior está hecho de lapislázuli

Tu ojo en verdad, es una ofrenda sepulcral.

Tu párpado inferior está sombreado con tinte «mestem». Tus dos labios dicen siempre la Verdad, hija de Ra; ella apacigua la ira de los dioses.

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El texto precedente es un fragmento de un poema egipcio que se data aproximadamente en el siglo 7 a.C. el cual aparece en el Sagrado Libro de los Muertos, en él, se ensalza a la divinidad para demostrar la nobleza del corazón y así el difunto sea capaz de cruzar las nueve salas que le permitirán la posterior ascensión al cielo o la pronta resurrección.

Uno de los elementos que se usa para exaltar a la divinidad es el lapislázuli, ya que esta piedra era considerada totalmente sagrada y tan valiosa como el oro, al que frecuentemente se veía unida.

El Lapislázuli, para los egipcios, era no sólo una piedra con la que se podía elaborar adornos, cosméticos y tintes, sino que poseía cualidades divinas y curativas, además era capaz de comunicarnos con los planos más elevados de la conciencia e incluso permitirnos entablar contacto con los mismos dioses.

En realidad, tanto en Egipto, como en otras civilizaciones antiguas, el Lapislázuli ha sido considerado una piedra con propiedades especiales que aún hoy son muy estimables, por lo que se le puede considerar una verdadera piedra mágica.


El lapislázuli es una piedra semipreciosa que está compuesta por varios materiales, por lo que geológicamente, clasifica como roca. Sus principales componentes son la lazulita que le proporciona el color azul profundo que la caracteriza, la calcita y la pirita, las cuales la dotan de las vetas grisáceas y de los fulgorosos dorados por lo que antiguamente era común emparentarla o combinarla con el oro.

El mismo nombre de la piedra sugiere su procedencia divina, ya que se forma a partir de la palabra latina “lapis-idis” que significa piedra y un sufijo de origen persa lazuli” que significa cielo o paraíso azul.

Las civilizaciones antiguas la consideraban una piedra con propiedades especiales, y muchas culturas, incluso, la consideraban sagrada y ciertamente de origen divino, tal es el caso del Antiguo Egipto en donde esta gema estaba destinada a ornar los vestidos y prendas de la nobleza, se le llamaba la piedra de Isis y con ella se confeccionaron joyas exclusivas para los faraones y las castas elevadas de la sociedad. Los egipcios pensaban  que la piel de los dioses era azul y estaba compuesta de lapislázuli, por tanto, creían que a través de la piedra podían comunicarse con las divinidades, además, consideraban que el lapislázuli tenía propiedades curativas extraordinarias y podía preservar la vida después de la muerte, es por ello que se fabricaban amuletos y talismanes que les ayudaría pasar tanto el trance de las enfermedades como el sublime trance de la muerte, este es el sentido que tienen los famosos escarabajos sagrados esculpidos en esta piedra, los cuales eran considerados símbolos de la eternidad. Debido a que el lapislázuli estaba asociado a la vida de ultratumba, era común que los difuntos fueran sepultados con estos amuletos y talismanes, con el fin de que, en la vida del más allá, estuviesen protegidos de males y espíritus malignos.

El Libro de los Muertos egipcio describe varios conjuros, como el que escuchamos en la introducción, donde el lapislázuli es el ornamento preferido por las divinidades que permitirán pasar al fallecido por las distintas cámaras del juicio.

Los sacerdotes egipcios, como rasgo de notoriedad y nobleza, hacían teñir sus vestimentas con pinturas hechas a base de lapislázuli, para ello, la piedra era molida hasta ser pulverizada, asimismo, con este polvo se realizaban distintos rituales de purificación, por ejemplo, se consideraba que al ser mezclado con el oro, tenía la propiedad de expulsar a los demonios a través de cataplasmas puestos sobre la cabeza del afectado, y a medida que iba secando este apósito, se creía que se evaporaba la entidad maléfica.

Este polvo de lapislázuli también era usado en la vida cotidiana, tanto en usos cosméticos, como medicinales. Se dice que Cleopatra lo utilizaba para embellecer sus ojos; se sabe también que fue utilizado para neutralizar algunos venenos y aliviar enfermedades como la migraña y la depresión.

En otras culturas como la romana y la griega, el lapislázuli era muy estimado; los griegos tenían consagrada esta piedra a la diosa Afrodita, diosa de la belleza, la armonía y el amor, consideraban que era eficaz contra la melancolía y la ira. Los romanos, por su parte, confeccionaban con el extracto del polvo de la piedra un poderoso afrodisiaco y a menudo representaba el amor, la paz y la alegría, se mezclaba con otros elixires para aliviar males del corazón y se usaban amuletos para desterrar energías negativas. Plinio la describió como un fragmento de cielo estrellado.

Los babilonios y asirios frecuen-temente la utilizaban para realizar máscaras funerarias, en épocas arcaicas, los sumerios utilizaban el lapislázuli atribuyéndole propiedades apotropaicas. En la Epopeya de Gilgamesh, hay muchos pasajes donde se menciona objetos realizados con este material, como las tablillas que este famoso Rey había dejado en un cofre y que contenía misteriosos secretos. La diosa Innana, ofendida por el rechazo amoroso por parte de Gigamesh, envió un toro del cielo, el cual tenía los cuernos recubiertos con lapislázuli, para que asesinara al héroe. Otras leyendas asirio-babilónicas también mencionan al lapislázuli como una piedra de poder, como la leyenda en la que Ishtar desciende al inframundo para liberar a su hermano y amante Tammuz que la diosa Ereskigal había secuestrado. Innana logró la liberación de su hermano Tammuz, desprendiéndose de todas sus prendas, las cuales iba dejando en las diferentes puertas del inframundo, en la quinta puerta dejó un collar de lapislázuli, hecho que simbolizaba la renuncia a la iluminación espiritual. Son muchos los objetos que se han hallado en los palacios sirios del Ebla, así como en las tumbas reales de Ur, que fueron realizados con lapislázuli, tales como: joyas, amuletos, incrustaciones y sellos cilíndricos.

En el medioevo también se atribuyó virtudes medicinales a esta piedra, se usaba para fortalecer los miembros a través de cataplasmas, se creía que quien poseyera un amuleto de lapislázuli podía combatir a los malos espíritus, sobre todo, al del miedo, la duda y la envidia. Se sabe que se bebía pulverizada y mezclada con leche para obtener mayor vigor en las faenas. Los reyes de Francia, durante el siglo 12 y 13 instauraron la moda en casi todas las monarquías galas de teñir las capas y demás atuendos reales con pinturas realizadas a base de lapislázuli; muchos fueron los objetos decorativos y utensilios manufacturados en este material para los Medecis. Los pintores del Renacimiento apreciaban mucho el pigmento que se extraía del polvo de lapislázuli, popularmente conocido como azul ultramar, grandes obras pictóricas fueron realizadas con ese pigmento entre las más famosas tenemos las de Vermeer, Leonardo y Fra Angélico entre otros.

En fin, gracias al gran bagaje histórico sobre las propiedades extraordinarias que los antiguos atribuían al lapislázuli, hoy día, aún se manifiestan muchas de esas propiedades: se dice que es efectiva para mantener una comunicación fluida en todos los planos, tanto material como espiritual, si se coloca en el chakra del tercer ojo, esta piedra facilita la ascensión del espíritu a planos superiores y a estados elevados de conciencia, si se coloca debajo de la almohada, se puede conciliar fácilmente el sueño y obtener revelaciones trascendentales en el mundo onírico, estimula las energía positivas, vence la tristeza y trae felicidad y un ambiente de paz y armonía, previene los abortos en mujeres primerizas, alivia el dolor de cabeza y el de la garganta, reduce las inflamaciones y vitaliza el cuerpo, ayuda a canalizar los pensamientos para hacerlos más racionales, ayuda a vencer la timidez y a hablar fluidamente y con sinceridad, contrala los desajustes emocionales, atrae la buena suerte y libera del estrés y la depresión, estimula la creatividad, la intuición y las potencialidades psíquicas como la clarividencia y la telepatía, nos ayuda a ser más objetivos y a concentrarnos mejor en nuestras ideas y proyectos, clarifica los pensamientos y nos ayuda a ser más organizados y tomar decisiones acertadas. Simboliza el infinito, la sabiduría, el poder del Cosmos y las estrellas, se dice que interrelaciona la comunicación entre los planos planetarios y fue fundamental para la civilización Atlante.

El lapislázuli se conoce como la piedra de la verdad, de la paz, del autoconocimiento, de la integridad y de la iluminación de la conciencia, por eso, a través de ella es posible despertar y acceder a planos más elevados por medio de nuestro tercer ojo.  


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Arcanos de la Sabiduría

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