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CAPUT MORTUUM

«Tal es el signo y la primera manifestación de la disolución, de la separación de los elementos y de la generación futura del azufre, principio colorante y fijo de los metales. Las dos alas están colocadas allí para enseñarnos que, al huir la parte volátil y acuosa, se produce la dislocación de las partes y se rompe la cohesión. El cuerpo mortificado cae en negras cenizas que tienen el aspecto del polvo del carbón. Después, bajo la acción del fuego intrínseco desarrollado por esta disgregación, la ceniza, calcinada, pierde sus impurezas groseras y combustibles y, entonces, nace una sal pura, a la cual colorea poco a poco la cocción, revistiéndola del poder oculto del fuego»


«Toda carne nacida de la Tierra será destruida y vuelta a la tierra; y volverá a ser tierra, como lo fue anteriormente. Entonces, la sal de esa tierra provocará un nuevo nacimiento, mediante el hálito de la vida celestial, pero donde no hubiera habido tierra no puede haber ningún renacimiento, según nuestra obra. Porque la tierra es el bálsamo de la Naturaleza y la sal generadora de aquellos que buscan el conocimiento de todas las cosas.

La materia más preciosa obtenida por el alquimista en el primer paso hacia la obra es precisamente la ceniza final de esta muerte, porque de ella nacerá la nueva vida que habrá de conducir a la obtención de la Piedra.»


Tabla de símbolos alquímicos

Hemos escuchado dos textos alquímicos referentes al proceso de mortificación y putrefacción de la materia, para su posterior purificación. El primero lo escribe Fulcanelli a propósito del significado que hallaba en una pintura que representaba una calavera alada que descubrió en la decoración de la Mansión Lallemant de Bourges.

El segundo texto pertenece a Basilio Valentín quien también describe el proceso de Putrefacción, Mortificación y Sublimación, a través del ennegrecimiento de la materia; aunque él recurre a los símbolos de la Naturaleza y de los estadios de la carne y el espíritu.

Estos procesos alquímicos, se conocen bajo el nombre de Nigredo o Melanosis, donde el alquimista pretendía transformar los desechos impuros de sus procesos químicos, en oro, cuando estos comprendían metales, o en la Piedra de los filósofos, cuando se trataba de otros compuestos; el nigredo era la primera etapa de otros dos procesos alquímicos para llegar a la Gran Obra.  Se designó como símbolo de este proceso llamado de “putrefacción” en los tratados alquímicos a una calavera alada, y como todos los símbolos alquímicos, este también comprendía un sentido oculto que se correspondía no sólo con los ensayos y pruebas del laboratorio, sino también, del desarrollo espiritual del alquimista. Así, el símbolo del Caput Mortuum corresponde a la corrupción y ennegrecimiento del espíritu por medio de las veleidades y pasiones, hasta llegar a una muerte iniciática, que comenzaría a transformar todos estos despojos del alma, a través de la elevación de la conciencia, en un resurgir anímico y, por tanto, logrando la obtención de un nuevo ser espiritual, totalmente a tono con el preciado Oro de los alquimistas y las virtudes de la Piedra de los Filósofos.       


La traducción literal del término latino Caput Mortuum corresponde a: “Cabeza Muerta” y hacía referencia, entre los antiguos alquimistas, a los residuos de las sustancias utilizadas en sus experimentos químicos. Ahora bien, se sabe que los emblemas alquímicos comportaban doble funcionalidad: por un lado, correspondían a un uso lingüístico externo, adaptado a los requerimientos del laboratorio (cuestión que nuestra química actual heredó de la alquimia) por otro lado, estos mismos símbolos correspondían a procesos internos del alma del alquimista, pues, pretendían que, a la par de sus procedimientos químicos en el que el objetivo era transformar los metales burdos en oro, a través de procesos aleatorios, su alma pasara por los mismos procesos de transformación, así, si sometía a este proceso un metal como el cobre, se esperaba que el resultado fuera el oro, del mismo modo, se vería “aurificado” el espíritu del alquimista que llevara a cabo tal proceso.

A este proceso se le conoció, entre el círculo de los practicantes de la alquimia, como: Magnum Opus o La Gran Obra, el proceso constaba de cuatro etapas bien diferenciadas una de la otra.

Nigredo

Nigredo – Putrefación – Fermentación

La primera de ella era conocida como el ennegrecimiento o el Nigredo, donde tiene lugar el concepto del Caput Mortuum; es decir, la putrefacción. Los alquimistas comprendían esta primera etapa como un estado matérico puro, por tanto, le llamaban Materia Prima, y estaba relacionada con los metales burdos como el plomo o la piedra y en el ámbito de lo espiritual, se comprendía como materia prima al hombre profano a aquel que aún no ha adquirido el conocimiento necesario para alcanzar la Gran Obra o su perfecta iluminación; en el sentido mítico representaría la noche oscura del alma, el desmembramiento de Osiris, el cuerpo del dios devorado por su padre Saturno, el Cristo llorando en el desierto antes de emprender su misión redentora y tentado por las bajas pasiones del hombre burdo, encarnado en su adversario: Satán, símbolo de las penalidades de este mundo, de las adversidades, las enfermedades, la vejez y la decrepitud, la ignorancia, las angustias, la flagelación del alma por medio de la carne: El hambre, los bajos instintos, la codicia, la avaricia y demás males mundanos.

En esta etapa, la Materia Prima o el profano debe sufrir la “mortificación”, la ablación de tales impurezas: debe desprenderse de toda idea pecaminosa, vicios, flaqueza moral, purgar sus ambiciones hasta el punto de comprender, de manera dolorosa, lo efímero de la materia, se debe soltar el apego a la vida, padecer una muerte iniciática, que le haga contemplar la verdad, la cual, no se halla en este mundo; se debe morir y renunciar a la vida mundana ya que nada de este mundo material nos pertenece, puesto que no somos dueños siquiera de nuestra identidad, el falso ego y todo aquello que pensamos que somos… se debe arrojar la máscara mortuoria al fuego transmutador.

La etapa del nigredo finaliza precisamente cuando logramos deshacernos de las capas exteriores de nuestro ser, cuando comprendemos que no somos un ente individual sino parte de un conjunto; cuando somos capaces de superar nuestras emociones subconscientes y transformarlas en conciencia positiva.  

Albedo

Albedo – Blanqueamiento – Piedra Blanca

Luego de la etapa del ennegrecimiento, la segunda etapa es el Albedo o blanqueamiento. Las cenizas que quedan del Caput Mortuum, o los restos ya aniquilados, comienzan una etapa de purificación aún mucho mayor, el fuego se intensifica para lograr unificar lo que en la etapa anterior fue pulverizado y esparcido al viento. Por esto, en el terreno mitológico, el albedo se emparenta con Isis, la Gran Sacerdotisa que recorre el desierto en busca de las partes desmembradas de su esposo Osiris, en el psicológico, corresponde a la búsqueda en nuestro interior de quienes somos realmente, a encontrarnos y asumir nuestra alteridad, es decir, nuestra complementariedad, lo que en el lenguaje junguiano corresponde al Animus y al Ánima; lo primero se trata de las potencialidades masculinas en la mujer, y lo segundo, de las femeninas en el hombre, en el albedo, la meta es lograr conciliar estos dos aspectos opuestos en nuestro ser, lo que han representado los alquimistas como el Matrimonium Oppositorum, o la conjunción del Rey y la Reina, lo que significa la integración de las proyecciones del Ánima: la personificación de todas las tendencias psicológicas femeninas en el hombre, tales como vagos sentimientos y estados de humor, sospechas proféticas, la captación de lo irracional, la capacidad para el amor personal, la sensibilidad hacia la naturaleza y la relación con el inconsciente. Y las proyecciones del Animus: la personificación psicológica masculina en la mujer, con la que se capacita para experimentar el proceso subyacente de su situación objetiva personal y cultural; afianzar sus convicciones ante los problemas que le plantea la vida, con una racionalidad fría y objetiva.

La etapa del Albedo es una etapa de cernir las asperezas de la Materia Prima vulcanizada; nos ayuda a discernir en nuestra vida lo que realmente tiene importancia y lo que no; los alquimistas también conocen esta etapa con el nombre de sublimación, allí, conocemos las verdaderas características de la sustancia y de nuestro ser, cuales son las virtudes de la piedra y de nuestra alma, la cual comienza a despertar y conocer su propósito verdadero más allá de la contemplaciones del ego que fue sacrificado en la etapa anterior.

La reconciliación consciente de los arquetipos opuestos, culmina con la boda alquímica que engendra un nuevo estado de conciencia purificada, se produce la coniunctio, la hierogamia entre el alquimista y su Soror Mystique; en el lenguaje alquímico esta conjunción se manifiesta a través del Rebis, el andrógino ideal que ha alcanzado la integración de lo masculino y lo femenino en un estado de conciencia sublimado, nuestro sentido del yo se identifica ahora con el alma, la piedra se ha tornado blanquecina y está lista para su nuevo proceso.

Citrinitas

Citrinitas – Esencia Exaltada

Luego, el espíritu desciende al cáliz ya purificado de nuestra conciencia, comienza una etapa intermedia llamada Citrinitas un punto de transición entre la conciencia sublimada y la conciencia pura, donde muere incluso la criatura engendrada por el Anima y el Animus, ya no se reconoce como una dualidad integrada, sino como un ente único completo y complejo, pero a la vez volátil y diáfano, Jung la asimilaba a la Individuación, es decir, nuestro estado más puro del ser, se equipara a la luz solar y al mercurio en estado gaseoso, el conocimiento se adquiere a través de los sentidos y la intuición, ya no por la memoria o el estudio, sino como revelación directa de nuestra alma. Es el estado reflexivo del Buda, la ataraxia del dios interno ante sus propios pensamientos liberado de todo estigma material y emocional; por tanto, comienza una evolución mental en la que se desmitifican todas nuestras creencias y pensamientos impuestos por la sociedad. El simbolismo de Citrinitas en el mito de Isis corresponde a la absorción de Ra a través de la copulación de la diosa con el dios, por medio de la magia astral y no por un proceso carnal ya que el falo de Osiris no pudo ser hallado, lo que significa un matrimonio entre el alma y el espíritu que sublima la fuerza de la energía sexual y transformándola en energía vital y creativa, significa el dominio total de nuestro cuerpo mental que espera la transición hacia la siguiente etapa.

Rubedo

Rubedo – Rosa Rubea

La siguiente etapa es la Rubedo, en ella se alcanza la iluminación total de la conciencia, el alquimista llega a su meta: la obtención del oro y la piedra filosofal, allí se producen dobles nupcias. Entre el Anima y el Animus y entre el Alma y el Espíritu; la conciencia se libera de sus ataduras terrenales y busca desencarnar e integrarse con la fuente de donde ha provenido. En el mito de Osiris, representa a Horus, una deidad sublime y trascendental que contacta al iniciado con el cosmos, con su propia divinidad.  


El caput mortuum de los alquimistas representaba la etapa de decadencia y putrefacción, la nigredo, que, sin embargo, era el primer estadio de transmutación de la materia.  Es en el estado de la putrefacción donde comienza el recorrido hacia la perfección, pero para ello, es necesario enfrentarnos a nosotros mismos y atrevernos a morir para renacer en una conciencia enaltecida por la virtud del trabajo alquímico.

La expresión del Caput Mortuum en el s. XVI, designaba por otro lado, ya de un modo más exotérico, el desecho resultante de la destilación del vitriolo, un polvo fino de coloración violácea residuo de la calcinación de la pirita. De este residuo se extraía un pigmento del óxido de hierro y surgía un color de difícil clasificación entre púrpura, cárdeno, marrón o rojo terroso que fue utilizado para pintar las túnicas de personalidades religiosas o políticas.

Aunque también se cree que antiguamente, este pigmento, se conseguía machacando los cráneos de las momias egipcias, hasta lograr pulverizarlas, el resultado de este polvo era un pigmento de color rojizo que pasó a llamarse “marrón egipcio”, muy probablemente pintores como Caravaggio, Delacroix y Géricault lo utilizaron en sus composiciones pictóricas, ya que dejó de utilizarse en el siglo XIX.  

El Caput Mortuum es otro ejemplo de la gran complejidad simbólica de los rudimentos y saberes alquímicos y del lenguaje metafórico en ellos encriptados, que pasan como desapercibidos para el ojo del profano.


Grillot de Givry – La Gran Obra

VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA

Arcanos de la Sabiduría

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