AHRIMAN: El Demonio de la Perversidad de la Mente Humana


  • « ¿Quién eres y por qué estás aquí
  • ¿Mi nombre? Mi nombre es Akomanah. Soy el diablo de la mente maligna. Estoy aquí para guiarte a través de las puertas de la adversidad. Tu decisión ha abierto la cerradura. Fue la llave que abrió la puerta al Arezura.
  • ¿Cuál decisión?
  • La decisión de ponerte de pie y enfrentarme en lugar de permanecer en el piso consumido por tu debilidad. Ahora eres tú quien debe dictar si te arrepientes o no de esa decisión porque elegiste la oscuridad y no hay vuelta atrás desde aquí. La puerta que has atravesado ya no existe y por lo tanto no es posible dejar esto, la fuente misma de todo lo que temes.

Respondí nerviosamente:

  • No te he llamado nunca. ¿Por qué te presentas ante mí?

El demonio se río entre dientes y respondió:

  • Entiende oscuro mago, no necesitamos ser convocados para manifestarnos porque moramos dentro de ti. Estamos vivos por medio de los pensamientos, las palabras y los hechos. Somos los hijos de Ahriman. No buscas a Ahriman.  

Ahriman os encuentra en la oscuridad de vosotros mismos. Comprende esto también … una vez que hayamos despertado; no descansaremos hasta que te hayamos exaltado o destruido.

Lo que has estado experimentando recientemente y a través de tu vida es una prueba del Div Arashk. Esta prueba se creó solo para ti de una manera muy específica y todos te hemos estado observando.»

Desde el reino de la divina oscuridad lo que muchos conocen como el vacío, acabas de tomar una decisión. Ésta la has tomado por medio de malvados pensamientos, de tu injuriosas palabras y tus actos innobles. Tu decisión ha abierto las puertas del Arezura (Infierno) que te llevará al mismísimo trono del Rey de la oscuridad. Todo lo que ha experimentado a través de tu actual vida física te ha traído a este instante crucial.

Has sido observado durante mucho tiempo. Y te observaba para estar seguro de que todo esto era obra tuya. Así que, te tengo buenas y malas noticias.

En efecto, estas obras malvadas son tuyas. Por tanto, este es tu comienzo, pero también es tu fin. Ahora comienza tu iniciación. Prepárate para tu viaje hacia la oscuridad eterna y a integrarla en tu alma. ¡Sabed que el único consuelo que allí encontrarás es que posees la fuerza suficiente para crearte y percibirte a ti mismo!

Desde tu interior comenzarás tu noviciado. Poned minuciosa atención al viaje y obsérvalo muy de cerca, pues, es el espejo que refleja el conocimiento de tu verdadero YO en todo su poder y gloria.

En la mitología dual del Zoroatrismo (o Mazdeísmo), existe una oposición entre los hermanos gemelos Ahura Mazda (que vive bajo la luz) y Ahriman (que vive en la oscuridad). Los gemelos son hijos del dios Zurvan, «Tiempo», el último ser que existió en el vacío original. Cuando llegó el momento en que debían nacer los hermanos gemelos, Zurvan le prometió a su primogénito que habría de gobernar el mundo. Ahura Mazda, a quien se le otorgó el don de conocer el futuro, le dijo esto a su hermano. Entonces Ahriman, con el propósito de salir primero, mintió diciéndole a su padre:

«Soy Ahura Mazda, tu hijo»

. Pero Zurvan no se dejó engañar y respondió:

“Mi hijo es luz y aroma, pero tú eres oscuridad y hedor”. Entonces Zurvan comenzó a llorar.

Ahura Mazda (Ormuz) es el sabio cuyo conocimiento no posee limites: creo el sol, la luna y las estrellas. Dio el ser a la Buena Mente, que opera dentro del hombre y de toda la creación.

Ahriman (también llamado Angra Mainyu, que significa «Espíritu destructivo») creó a los demonios y lanzó un ataque contra Ahura Mazda, quien consigue, no obstante, rechazarle hasta la oscuridad diciéndole:

«Ni nuestros pensamientos, ni nuestras enseñanzas, ni nuestros planes, ni nuestras creencias, ni nuestras palabras, ni nuestras almas, están de acuerdo.»

Entonces Ahura Mazda creó a Gaymorat, primer hombre y primer sacerdote del fuego. Pero Ahirman renovó su ataque y atravesó el cielo en forma de fuego abrasador y con él trajo el hambre y la enfermedad, el dolor, el deseo y la muerte. Luego Ahura Mazda puso un límite al tiempo, atrapando a Ahirman dentro de la creación. Ahriman trató de escapar de la creación, pero no pudo. Por esa razón, permanecerá haciendo el mal hasta el final del tiempo.

Ahirman es la personificación de la duda de Zurvan y corrompe el mundo para crear el pecado y el mal. Corrompe todo lo que toca y se regocija por ello. Por tanto, en su profundo odio, hizo un temible juramento:

«Mi victoria será perfecta. He ensuciado el mundo con inmundicia y oscuridad, y lo he hecho mi fortaleza. He secado la tierra, para que mueran las plantas y en envenenado a Gayomart, para que muera.»


Desde muy antiguo se han desarrollado religiones, filosofías y doctrinas que pretenden dar culto a la materia y tratan de concebir el cielo en la tierra, así, sostienen que el dominador de tal Paraíso Terrenal es el hombre en sí mismo; por tanto, no busca ni conciben ideas externas en cuanto a la divinidad se refiere, para estas corrientes, el propio individuo se concibe como un Dios en potencia, y se arriba a la cúspide de esta divinidad a través de la exaltación del ego, aniquilando toda relación espiritual con lo extra sensorial, busca más bien, todo lo contrario, pues, se basa en las sensaciones tanto placenteras como de dolor, concibe la corporeidad como un templo que debe ser honrado y santificado en su esencia material aquí y ahora.

Gran parte de estas corrientes, están adscritas al llamado “Camino de la Mano Izquierda” el cual busca romper con todo tipo de tabúes y convencionalismos éticos-morales, se centra exclusivamente en las necesidades del individuo, pues, intenta por medio de diversos modos, nada ortodoxos, una «liberación psicológica», una “gnosis” o conocimiento de su individualidad, exaltando el ego y la voluntad, y dejando de un lado la condición social, incluso, la propia condición humana… pero ya tendremos oportunidad de abordar este tema.

En cuanto a los cultos arhimánicos, no son pocos los satanistas que se inclinan por evocar esta entidad, la cual conciben dentro de sí mismos, así, el mago negro se identifica con su Yo demoníaco (como se deja entrever en el fragmento que escuchamos en la introducción, extraído del libro de Kurtis Josep: La Magia Negra de Ahriman)este alter ego le exhorta a sublimarse por encima de su condición humana, buscando con ello, como ya se dijo, una especie de “deificación”; pero también contempla un “plan” destructivo, si ya no de la humanidad entera, por lo menos sí de manera individual, se cree pues, en la devastación del ser como un acto necesario para instaurar uno nuevo, donde prevalezca lo esencialmente humano, que, para ellos, no es otra cosa que el hombre adámico, es decir, el hombre en su estado natural, sin tabúes ni reglas, un hombre que no tiene conciencia ni del bien ni del mal, en fin, un animal libre en el entorno de un  “Nuevo Paraíso Terrenal.”  

Estas ideas quizás se transmitan de mejor modo con las palabras de Brian Sharp, extraídas de su libro El Sendero de Ahriman:

«Ahriman nos da libre albedrío para iluminarnos y explorar el mundo mientras lo consideremos necesario. Ahriman tiene un plan para nosotros, simplemente es necesario escucharlo y comunicarse con él por medio de la evocación y el ritual. Os ruego no dejarse engañar y creer que Ahriman es un Dios afable e íntimo. Ahriman se haya al lado de todos y permite que la ley natural tome su curso. La Ley del Talión debe entenderse. Nosotros seguimos siendo animales con deseos poderosos que se necesitan ser cumplidos. Esto es natural y divino; el mundo material es el mundo de lo divino

Todo este pensamiento obedece al dogma, al ritual, y en cierto modo, a una evolución humana, en todo caso, en contra sentido a todo lo espiritual, en fin, pertenece, se quiera o no, al ámbito de lo religioso.

Sin embargo, más allá de toda esta faceta religiosa, se contempla la esencia de Ahriman en las concepciones materialistas de nuestro mundo contemporáneo, en el que se ha esfumado, casi por completo, el credo en la trascendencia espiritual humana, donde el valor del individuo se contempla, no  por el individuo per se, sino por los bienes materiales que éste posea, vivimos en la exaltación de todo lo mundano, el rey del mundo es el dinero y la reina la vanidad. Así lo observa Robert Mason en su ensayo El Advenimiento de Ahriman:

«En la presente quinta época cultural, la influencia ahrimánica en la cultura humana está alcanzando un punto crítico. La moderna revolución científica, desde el Siglo XV, ha estado en gran parte inspirada por Ahriman. Él es el inspirador del materialismo amoral, ateísta, mecanicista, y el tipo de talento que esta cultura supone.  Ahriman se opone al incremento de conciencia porque promueve la inteligencia y la ciencia. Ahriman quiere: borrar cualquier rastro y toda posibilidad de conciencia humana libre, independiente; quiere que el ser humano no llegue a ser un individuo consciente, sino sólo un miembro de una especie general de pseudohumanidad — ser un límite inteligente de los animales de la tierra, un “homunculus”.  Ahriman es el inspirador del tipo más extremo de materialismo “científico”: de la doctrina según la cual no existe espíritu o alma en el mundo; que la vida misma no está de hecho viva, sino que sólo es un conjunto de procesos mecánicos; que la realidad se basa sólo en lo cuantitativo, que no hay realidad en la cualidad — color, sonido, etcétera; incluso que el ser interno de los humanos es una confluencia de fuerzas materiales. En el nivel emocional, él trabaja en los instintos humanos subconscientes, inspirando el miedo, el odio, el anhelo de poder y los impulsos destructivos del sexo. En el nivel mental, inspira el pensamiento rígido y automático; (…) Este pensar “abstracto” está desprovisto de cualquier actividad interna consciente y de cualquier conexión real a la experiencia viva, creando una conciencia ensombrecida, sin luz, color, o imágenes.»

Este ensayo está basado, en gran medida, en las propuestas de otro gran ocultista y filósofo austriaco: Rudolf Steiner quien proponía que Lucifer se había encarnado hacía el III milenio a. de C.; que la encarnación de Cristo tuvo lugar el año 33; y que en el III milenio de nuestra era, tendrá lugar la encarnación de Ahriman. Steiner, hace énfasis en diferenciar estas figuras y contrastar unas con otras, así, describía la potencia de Lucifer como algo que incita el humano a todas las exaltaciones, los falsos misticismos, al orgullo de elevarse sin frontera y la de su opuesto Ahriman (equivalente de Satán) como algo que incita el humano a las supersticiones materialistas.

«Ahriman encarnado se presentará probablemente como el Cristo. El Cristo no reaparece en un cuerpo físico, sino en una forma supra-física, etérica. Ahriman puede encarnar “macrocósmicamente” en nuestras computadoras. La humanidad adquirirá nuevas facultades de pensamiento consciente y clarividencia. Ahriman busca pervertir estas facultades, y desviar la humanidad y la tierra de sus destinos en el plan evolutivo de los Dioses.

Sociedades secretas ahrimánicas influyen en política, finanzas, y cultura. Un “Maitreya” falso está “surgiendo” como un Cristo falso.»

El Advenimiento de Ahriman


El Advenimiento de Ahriman por Robert S. Mason

VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA

Arcanos de la Sabiduría

Cristo antes de Cristo


Introducción

Pero descansa la Grandeza perfecta en la luz inefable, en la verdad, la madre de todos estos, y de vosotros todos que han llegado hasta mí, yo, y sólo yo que soy perfecto, por medio de la Palabra. Ya que existo con toda la grandeza del Espíritu, que es el aliado de todos nosotros y de nuestros prójimos. Si he proclamado una palabra es para la gloria de nuestro Padre, por medio de su bondad y de su pensamiento imperecedero; es decir, la Palabra que en él reside.

Es servidumbre decir que hay que morir con Cristo, con un pensamiento imperecedero e inmaculado. ¡Es una maravilla ininteligible! La impronta inefable que es nuestra palabra, es esto:

«Yo estoy en vosotros y vosotros estáis en mí, tal como el Padre está en vosotros, en vuestra inocencia».

(…)

De acuerdo con mi voluntad he venido a revelar la gloria de mis semejantes y de mis hermanos espirituales. (..) Y así, visité un habitáculo corporal. Desalojé al que allí residía anteriormente, y yo he entrado en él. Y toda la multitud de Arcontes se perturbaron en gran medida. Su materialidad y todos los poderes surgidos de la tierra se pusieron a temblar al ver la semejanza de aquella imagen, ya que se fusionaba. Pero era yo quien en ella estaba, aunque, sin parecerme al que antes allí residía.

Porque aquel sólo era un hombre terrenal, materia del cosmos, y yo, yo provengo de arriba de los cielos. Sin embargo, por un lado, no los rechacé, y por otro, me convertí en un Cristo, aunque, no me manifesté ante ellos con el amor que de mí provenía. No obstante, manifesté a los de la tierra que era un extranjero (que no pertenecía al mundo). Y hubo gran conmoción en toda la tierra, confusión y gran revuelo y evasión, asimismo, en el conciliábulo de los Arcontes. Sin embargo, algunos se persuadieron al ver los prodigios que se realizaban a través de mí. (…) No obstante, otros huyeron impulsados por el dominador del mundo, aquel Cosmokrátor, y abalanzaron sobre mí toda clase de castigos. (…)

Entonces, estuve en las fauces de los leones. Y todo lo que habían planeado para mí, por medio de su error y de insensatez, no lo rechacé en absoluto, tampoco fui presa de la aflicción. Creyeron haberme castigado en aquel lugar, pero, realmente, nunca morí, todo fue aparente. (…)  Me vieron que fui castigado, pero fue a otro, su padre, el que bebió la hiel y el vinagre, no fui yo. Me flagelaban con la caña; y otro era el que llevaba la cruz sobre su hombro, éste era Simón. Otro fue al que pusieron la corona de espinas. Yo, sin embargo, me regocijaba en las alturas sobre el dominio total de los Arcontes y la semilla de su error, de su vanagloria, y me burlaba de su ignorancia.

No obstante, todos sus poderes los he sometido a servidumbre, pues cuando descendí, nadie me vio, ya que yo cambiaba constantemente de formas y transformaba mi aspecto a otro. (…) Y todo esto lo había hecho por medio de mi voluntad y según la voluntad del Padre, que, desde lo alto, hizo que lo cumpliera.

Estos fragmentos pertenecen al Segundo Tratado del Gran Seth del códice VII de los Manuscritos de Nag Hammadi. Textos gnósticos considerados apócrifos por la iglesia ortodoxa; pues dan a conocer facetas de Jesús, de sus apóstoles y de sus allegados muy alejadas de las concepciones consideradas canónicas. Este texto en particular, nos ofrece una visión docética de Cristo, en la que se manifiesta que éste era una especie de Daimón encarnado en el cuerpo de un hombre mortal y que todo el padecimiento de su martirio sobre la cruz, fue infringido a otro, ya que, como espíritu encarnado, podía abandonar y poseer cualquier otro cuerpo a voluntad.  Concepción gnóstica que da pie a la diversificación de los avatares de Cristo, que pudieron existir, incluso, antes de Jesucristo.  

En 1945 furon hallados escondidos en una cueva dentro de unas vasijas de barro lo que hoy se conoce como la «Biblioteca de Nag Hammadi» Son textos encuadernados de papiros escritos en copto, en su mayoría, son textos con relatos bíblicos extraoficiales considerados por la iglesia católica en su momento como herejía y hoy día se les considera textos apócrifos.

Cristo definición verdadera

Cristo un nombre que comúnmente se ve asociado a la figura de Jesús de Nazareth, sin embargo, ya a partir de su misma etimología, la cual proviene del vocablo griego χριστός lo que significa literalmente: “el ungido”, nos sugiere que tal epíteto, se ha atribuido a muchos otros personajes de la historia, pues, se sabe que el acto de ungirse con aceites era común en algunas civilizaciones antiguas del Mediterráneo, y en el marco religioso, comprendía una señal sacramental: establecía la legitimidad de los sacerdotes o, en el caso de monarquías teocráticas como la hebrea, del rey.

El rito de la unción ya se mencionaba en la Torá como procedimiento por el cual los reyes de Israel recibían una doble aprobación: una por parte de los sacerdotes, en nombre de Dios, y otra por parte de los representantes de las tribus, en nombre del pueblo.      

La consideración de “ungido” -en hebreo mashíaj, de donde proviene el término “mesías”-, sin embargo, no se limitaba al rey. La tradición judía atribuye este título a un amplio abanico de personajes que se consideran enviados de Dios.

Desde que Pompeyo el Grande anexionara Judea a los dominios romanos en el año 63 a. N. E., aparecieron varias figuras que se autodenominaron mesías: el historiador Flavio Josefo menciona por lo menos a nueve, además de Juan el Bautista y el propio Jesús, que fue considerado por sus seguidores como el último mesías que había sido profetizado en la Torá, el que traería el reino de Dios sobre la Tierra y el fin de las guerras. Cuando el cristianismo se estableció como culto organizado, este aspecto mesiánico se convirtió en el pilar fundamental para la legitimación del poder religioso, con la figura del Papa como intermediario elegido por Dios. También el islam heredaría este concepto, considerando en este caso a Jesús como el penúltimo de los mesías. En todo caso, un Cristo, es cualquier personaje místico que emprenderá una labor mesiánica sobre la tierra.

Docetismo y Gnosticismo

Ahora bien, muchas de las figuras crísticas debido a estar siempre relacionadas con lo divino y envueltas en un halo de misterio, siempre han sido objeto de discusiones sobre su sustancialidad, es decir, su ente físico o real.  

Una de las posturas más llamativas sobre la hipóstasis de Cristo es la que sostienen muchas corrientes del gnosticismo, en la que se comprende a Jesús de Nazareth, no como un hombre real, es decir, no como una figura histórica que haya padecido, de manera fáctica, los suplicios de la flagelación y de la cruz, tal como sostienen muchos historiadores. Para los gnósticos, Jesús era sólo un ente encarnado en un cuerpo de un hombre terrenal, un espíritu o una especie de Daemon, que tomó posesión en la materia, sólo para transmitir un mensaje soteriológico: El espíritu en los hombres necesita ser rescatado y devuelto al Padre (el Dios Verdadero); el espíritu de los hombres debe ser liberado de la materia que lo aprisiona. Y es por ello que Jesús, un Eón emanado del Dios supremo es enviado a la tierra con dicha misión. Y todo el suplicio de la cruz no fue más que una ilusión, ya que su cuerpo no era real, sólo era una apariencia, pues, en realidad, según el filósofo gnóstico Basilides, fue Simón quien cargo la cruz y sufrió el martirio.

Estos ideales docéticos, tienen su raíz en la influencia platónica, la cual afirmaba que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen, que la materia era corrupta, que el cuerpo es la cárcel del espíritu. Así, la doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.

El Mito de Jesús

Si el docetismo gnóstico promueve la idea de que Jesús no era un ente físico y que toda la parafernalia de su martirio y crucifixión no era más que pura apariencia, en el S. XVIII se desarrolló luego una tesis que niega por completo su existencia y su historicidad, alegando que Cristo y los acontecimientos en torno a él, más que basados en hechos reales e históricos, se basan en un “mito”, es decir, que en realidad se trata de una figura arquetípica que mantiene muchos rasgos similares con otras identidades religiosas y mistéricas contemporáneas o antecesoras de Jesucristo. La tesis se basa, principalmente, en dos postulados: 1. No hay indicios arqueológicos que prueben la existencia de Jesús y los textos bíblicos no son creíbles, debido a que las referencias son inexactas y en gran medida anacrónicas con la supuesta existencia histórica de Jesús, asimismo, los textos no cristianos también resultan dudosos, aunque podrían estar bajo la influencia del cristianismo para aseverarlo[1]. 2. Jesús no dejó escrito alguno, los anales ni las crónicas romanas registran nada sobre él, hecho verdaderamente extraño tratándose de alguien tan polémico y extraordinario como supuestamente fue Jesús. Por lo tanto, se manifiesta que Jesús fue un personaje mítico o ficticio.

Avatares de Cristo

Se cuenta más de cuarenta tipos de dioses distintos que comparten características similares a la de Jesucristo.

La postura del “mito de Jesús” de considerar a Cristo como un personaje mitológico o arquetípico se basa en los estudios comparativos de las religiones, en los que se hallan muchas similitudes con los aspectos de la vida de Jesús de Nazareth y la de otros personajes considerados mesiánicos por otros cultos y culturas. Así tenemos por ejemplo al dios egipcio Horus el cual nació de una madre virgen: Isis, en una cueva: aproximadamente un 25 de diciembre, el parto de Isis fue anunciado por una estrella y se vio asistida por tres sabios, fue un niño prodigio, se le bautizó a la edad de 30 años por Anup “ El Bautista”: tuvo 12 discípulos, resucitó a un hombre llamado El-Azar-Us, podía caminar sobre el agua, su padre Osiris fue flagelado y descuartizado y luego al tercer día Isis lo trajo nuevamente a la vida, se le conocía como: La Luz, El Mesías, El Ungido de Dios, El Hijo del Hombre, El Buen Pastor, El Cordero de Dios, La Palabra, además se le relacionaba con el León, el Cordero y el Pez.

En India hay un dios llamado Krisna que se le asemeja en varios puntos: nació de una madre virgen llamada Devaki, su parto fue asistido por ángeles, pastores, y hombres sabios que le entregaron como regalo oro, mirra e incienso, fue perseguido por un tirano asesino de miles de niños, se bautizó en edad adulta en el río Ganges, hizo milagros y prodigios, resucitó a los muertos y curaba a los leprosos, predicaba en parábolas enseñando la caridad y el amor, fue lacerado con una lanza y al morir  ascendió al cielo, era la tercera persona de una Trinidad.

En Grecia comparte similitudes con Attis y principalmente con el dios del viñedo Dionisos quien también nació de una madre Mortal llamada Sémele y engendrado por el dios supremo del Olimpo Zeus quien culminó su gestación cocido en el muslo del dios, ya que su madre murió incinerada por los fulgores de la divinidad de Zeus. Dioniso realizó milagros y prodigios, realizó una procesión triunfal sobre un asno o un leopardo, podía transformar el agua en vino, tuvo múltiples seguidores y un séquito llamado Tíaso que se sentía poseído por el dios a través de la bebida y la comida consagrada a Dionisos, fue identificado con el símbolo del carnero y el cordero, se le conocía como “El Salvador”, “El Liberador”, “El Redentor”, “El Unigénito del Supremo”, “El Redentor”, “El Alfa y el Omega”, etc.   

En fin, son muchas más las figuras religiosas o mesiánicas que coinciden en varios aspectos (con diversas variantes claro está) con la vida de Jesucristo[1]. Estas entidades “crísticas” corresponden a un lineamiento arquetípico, y, según varios estudiosos, a un culto solar de correspondencias astrales, conocida como Sol Invictus.

Astro – Teología

Rueda zodiacal medieval con una imagen de Cristo representando al sol.

La astro-teología se refiere al estudio teológico fundado en la observación de los cuerpos celestes, en esta se hallan correspondencias simbólicas entre dioses y astros. De esta manera, gran parte de los dioses que comparten las características de la vida de Jesús, tales como: su nacimiento virginal el día 25 de diciembre y su posterior muerte y resurrección al tercer día, así como su vinculación a doce discípulos, entre otros rasgos, según la astro-teología, se trataría de una correspondencia con un fenómeno solar.

El 24 de diciembre la estrella más brillante del firmamento llamada Sirius (la estrella del Este), se alinea con otras tres igualmente resplandecientes pertenecientes al cinturón de Orión (a estas estrellas también se les conoce como los 3 reyes); este lineamiento estelar apunta a la dirección por donde sale el Sol el 25 de diciembre; correspondencia con el relato bíblico de los tres Reyes Magos que siguen a la estrella del Este para ubicar el nacimiento de Jesús, que no es otro que la salida del Sol.

En el primer cuadrante zodiacal, en el hemisferio Norte, se da a lugar la primavera el renacimiento de la vida, de la luz Solar, comprende las casas Aries, Tauro y Géminis, es el llamado equinoccio de primavera que entra alrededor del 20 o 21 de marzo (cuando las horas de luz y oscuridad son equivalentes); luego alrededor del 21 o 22 de junio comienza el solsticio de verano, que corresponden a las casas de Cáncer, Leo y Virgo, en este último cuadrante del zodiaco del solsticio de verano, que corresponde a la casa de Virgo, se da el tiempo de la cosecha, las aguas del Nilo en Egipto crecen y dan origen a la vida, la constelación de Virgo, que en latín significa Virgen, se halla por tanto ligada simbólicamente al eterno femenino: a la Madre virginal del sol que comienza allí su progresivo descenso en el horizonte; pues, a partir del 21 o 22 de septiembre con el equinoccio de otoño en las casas de Libra, Escorpio y Sagitario, los rayos del sol son más exiguos gracias a la inclinación terrestre, y al llegar el 21 o 22 de diciembre se da comienzo al solsticio de invierno ya que el sol llega al punto más bajo en el horizonte; se dice que es la muerte del astro rey; no obstante, el sol aparenta permanecer estático durante tres días, en sí, la misma etimología de la palabra nos indica esto mismo, pues, en latín solstitium significa literalmente “cuando el sol está estático”; luego de estos tres días de aparente quietud, el sol se mueve un grado hacía arriba, es por ello que se dice que el 25 de diciembre el sol experimenta una especie de “resurrección”. Ahora bien, los tres días de su aparente estatismo en el firmamento y de su progresivo declive hacia el sur, éste permanece orientado muy cerca de la constelación llamada Cruz del Sur por lo que se dice que el “Sol muere en la cruz”; lo que origina la correspondencia de la crucifixión de Jesús y de los otros dioses solares que sufren un padecimiento igual o idéntico, aunque todos resucitan al tercer día de dicho acontecimiento. En realidad, se trata del período de la transición del Sol antes de cambiar su dirección al hemisferio Norte que trae consigo el final del deshielo y las tinieblas invernales, el sol se abre a otro periodo de renovación, es decir, la primavera que significa la esperanza de la vida y la salvación de las criaturas de la tierra.

El Sol visita en su tránsito desde su nacimiento hasta su muerte doce casas zodiacales; correspondencia con los doce discípulos de Cristo. El sol hace su vida y muere en la cruz zodiacal, el símbolo de la cruz fue adjudicado al cristianismo, cientos de años después del s. I. no fue inmediatamente después de una supuesta crucifixión, en realidad, la cruz del cristianismo es una adaptación de la cruz del zodiaco, son varias las culturas precedentes, a los supuestos hechos del padecimiento de Jesús en la cruz, que hacen corresponder estos suplicios, el resurgimiento o  el nacimiento de un dios el 25 de diciembre, que no es otro que el resurgimiento o el nacimiento del Sol.  

“La religión cristiana es una parodia de la adoración al sol, en la cual ubican a un hombre llamado Cristo en lugar del sol y le dedican la adoración originalmente intencionada al sol”

Thomas Paine

[1] Otros personajes que han sido relacionados son: Attis, Adoniz, Buda, Esculapio, Mithra, Odín, Osiris, Tammuz, Zoroastro

[2] Como las del historiador Flavio Josefo y Eusebio de Cesarea, considerado este último como “Padre de la Iglesia”



VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA

Arcanos de la Sabiduría

LA PIEDRA DE RAYO


El trueno es la voz de los dioses del cielo y el rayo constituye su arma, destructora de serpientes y enemigos espirituales; furia divina; atributo de monarcas y magos. El trueno ruge como un toro y es el portador de la lluvia fecundadora, asociado a las fases de la luna. hace crecer las mareas de ríos, mares y océanos, es símbolo de las aguas fertilizantes y nutrientes de la vida terrestre.

El rayo es la unión sagrada del dios celeste fecundador y la Madre Tierra receptáculo de su fulgor, la cual, preñada de su poderosa energía, hace surgir de su seno a las piedras que concentran todo su poder solidificado en la dura roca.

Diccionario de Símbolos

J.C. Cooper

Çeraunio, que en otra manera so dize Rayo

Como el ayre turbado corre con la rabia e turbaçion delos uientos, como truena e como el ayre de fuego relampaguea, rompen se las nuues, e cae aquella piedra pequeña del çielo, el nombre dela qual es açerca de los Griegos dicho fulmen o rayo. E fallase aquesta piedra en aquellos lugares, donde es çierto ser feridos de fulmen o rayo, el qual en griego es llamado çeraunio; ca, lo que nos dezimos rayo, dizen los Griegos çeraunio.

El que castamente aquesta traxiere, no sera ferido de rayo, ni la casa, ni la uilla, adonde aquesta piedra estouiere, ni por el toruellino peligroso.

E lançado por el mar o por el rio, no sera sumido el nauio, ni será ferido de rayo. Aprouecha assimismo para uençer las causas o batallas, e administra dulçes sueños e alegres. A este son dada dos speçies e otros tantos colores. E cuentase Germania enbiar uno semejable al cristal mas resplandesçiente con color amarillo, e el Yspano, morante en la región Lusitana, enbia otro detramante llamas e semeiable en color al piropo.

Lapidario. Título de las declaraciones de las naturalezas de las piedras ca. 1420

Anónimo

Los fragmentos anteriores comprenden, el uno, a la enrevesada simbología del rayo y el trueno, la cual, siempre se ha emparentado a los otros elementos naturales como la lluvia y la tierra, los que, comúnmente, se veían antropomorfizados por la mayoría de las culturas prehistóricas y de la temprana antigüedad, como dioses masculinos y femeninos respectivamente, y que concebían, como cabe suponer, a las rocas formadas por medio de estos elementos o a aquellas caídas del cielo, como objetos divinos y, por ende, dignas de culto y veneración.  

El otro fragmento, corresponde a un antiguo y anónimo lapidario medieval que data alrededor de 1420; en el que ya se observa todo el halo de superstición y misterio que encerraba la famosa piedra ceraunia, conocida por diversas generaciones como la piedra centella o la piedra del rayo, a la cual se le indilgaban atributos de gran poder, por tanto, fue usada como un poderoso amuleto, creencias y usos que, no obstante, persisten hasta nuestros días.

Las piedras de rayo son piedras de pedernal o fósiles prehistóricos, generalmente de forma puntiaguda, se cree, que fueron utilizadas por las tribus de humanos primitivas como herramientas de corte, es decir, muy probablemente se trate de las hachas, flechas, lanzas y demás utensilios utilizados durante la llamada “Edad de Piedra”; también existen piedras con características especiales a las que, de igual modo, se les ha llamado piedras de rayo o centella tales como las belemnitas y las fulguritas. A todas estas piedras, buena parte de las civilizaciones antiguas les concedió poderes mágicos y extraordinarios, basándose en la creencia de que éstas procedían del cielo y por tanto tenían un origen divino. Otra popular creencia muy extendida, concebía a las piedras de rayo, nacidas literalmente a partir de estos, según lo siguiente: cada vez que un rayo cae del cielo y choca contra la tierra, sus partículas, se entierran en el suelo, luego, surge de ese lugar una piedra con la forma del rayo que la “engendró” (tal es el caso de las fulguritas). Lo cierto es que, debido a estas consideraciones, son extensas y muy diversas las supersticiones, creencias y mitos que se construyeron a lo largo del tiempo, en torno a este tipo de piedra.

En casi todos los lugares se ha considerado un poderoso amuleto contra los fulgores de los propios rayos, ya que se dice que éstos no caen dos veces en un mismo lugar, es por ello que se guardaban en las casas, sobre todo cerca de las chimeneas o bajo el tejado para proteger los hogares de las centellas, asimismo, para proteger el ganado, los pastores utilizaban las piedras de rayo como badajo en la esquila de la cabeza de la manada.

Usada como amuleto, se dice que protegía contra demonios, brujas y otros espíritus malignos, también se usaba para tratar diversas enfermedades (la piedra se presionaba en el área afectada o se pulverizaba y con ella se preparaban distintos ungüentos).

Tanto en Europa como en América se generaron una gran cantidad de usos inverosímiles para estas piedras. Así: Los griegos creían que eran un atributo del dios Zeus y se decía que habían sido hechas por los cíclopes en forjas subterráneas bajo la supervisión del dios herrero Hefesto. En Escandinavia, las piedras de rayo, estaban asociadas al dios Thor, y se adoraban con frecuencia como dioses familiares que evitaban los hechizos y la brujería. Se les derramaba cerveza como ofrenda y a veces se les untaba con mantequilla. En Suiza, aquel que fuera dueño de una de estas piedras la pasaba tres veces alrededor de su cabeza, y luego, amarrada al extremo de una correa, la arrojaba hacia la puerta de su vivienda cuando se aproximaba una tormenta, esto, para evitar que un rayo cayera sobre la casa.  En Italia, se colgaban del cuello de los niños para protegerlos de enfermedades y del mal de ojo, procedimiento heredado quizá de la época romana en la que se cosían, dentro de los collares de los perros, junto con un pedacito de coral, para evitar que estos se volvieran locos. En los Alpes franceses protegían a las ovejas, mientras que en otras partes de Francia se cree que facilitaban el parto. En Suecia ofrecían protección contra los elfos y gnomos. Asimismo, en las Islas Británicas se conservaba alguna idea de su uso original, y a menudo se les conocía como flechas o dardos de elfos o como flechas de hadas, pues, se creía que habían sido disparadas por estos seres para herir a una persona o a algún animal con el fin de hechizarlos, por ello, poseer una de estas diminutas armas servía de contra ante las amenazas de sus hechizos. En Irlanda, las piedras de pedernal se sumergían en agua para hacer una panacea que se supone era buena para cualquier hombre o bestia. De igual modo, se creía que, engastadas en plata, funcionaban como protección contra los disparos de los elfos o hadas, es decir, las enfermedades infligidas por sus flechas.

 En Carolina del Norte y Alabama aún existe la creencia de que las piedras de pedernal colocadas en el fuego evitarán que los halcones molesten a los polluelos, una creencia que probablemente se deriva de la idea europea de que las flechas de los elfos protegen a los animales domésticos. En Brasil, el pedernal se utiliza como piedra de adivinación para obtener oro, descubrir tesoros o manantiales.

El pedernal fue objeto de veneración por la mayoría de las tribus indígenas americanas. Según el mito del origen del pueblo Pawnee, la estrella de la mañana le dio al hombre armas e implementos de piedra. Entre la etnia quiché de Guatemala, existe el mito de que un pedernal cayó del cielo y se rompió en 1600 pedazos, cada uno de los cuales se convirtió en un dios. De hecho, Tohil, el Dios que les dio fuego, todavía se representa como pedernal. El chamán Cheroqui invoca un pedernal cuando está a punto de escarificar a un paciente antes de aplicar su medicina. En estos mitos y creencias americanas se hayan paralelismos con las europeas puesto que el dios romano Júpiter también fue adorado en forma de pedernal por muchas religiones mistéricas de la época.

Frontispicio de poemario de Marbodio Liber de Lapidibus edición de 1539

 Durante la Edad Media, muchas de estas piedras muy bien labradas fueron veneradas como armas, ya que se creía que cuando tuvo lugar la «guerra en el cielo» se habían utilizado para expulsar a Satanás y a sus huestes. Por lo tanto, en el siglo XI el emperador bizantino envió al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico un «hacha del cielo» (que tal era como se les conocía entonces).

Y en el siglo XII, un obispo de Rennes llamado Marbodæus, describió en un poema que llevaba por nombre Liber Lapidum o Liber Gemmis, (poema que se recoge en el lapidario anónimo de 1420) las propiedades mágicas de las piedras de rayo en el que expresaba que era un medio divinamente designado para asegurar el éxito en las batallas, tener seguridad en el mar, protección contra los truenos y contra los sueños desagradables.

En 1677, el Dr. Robert Plot, el primer custodio del Museo Ashmolean de Oxford, publicó su clásico libro The Natural History of Oxfordshire. Plot registró que en Oxfordshire lo que ahora llamamos fósiles equinoideos aún se llamaban por aquel entonces piedras de rayo, ya que se pensaba que habían descendido de los cielos durante una tormenta.

Todavía a finales del siglo XVII y aún a principios del siglo XVIII muchos lapidarios incluían a la piedra del rayo y la describían como una piedra con propiedades sobrenaturales o apotropaicas.

Fue solo después de la Revolución Francesa, que el clima político en Europa estuvo lo suficientemente libre de sentimientos religiosos como para que los descubrimientos arqueológicos se desarrollaran desapasionadamente y se llegara a la conclusión de que la existencia humana abarcó un período de tiempo mucho mayor que cualquier teólogo cristiano hubiera soñado.

Antoine de Jussieu, naturalista francés

Hubo, sin embargo, sospechas del origen humano de estas piedras ya durante el siglo XVII como las que anotaba el naturalista francés Antoine de Jussieu, en las memorias de la Académie Royale des Sciences de Paris, en las que llega a la conclusión que las ceraunias son herramientas humanas, comparándolas con las herramientas encontradas por pueblos del Caribe o Canadá. Pero estas anotaciones, junto con algunas otras de este siglo, por alguna razón desconocida, pasaron como desapercibidas. No fue sino hasta el siglo XVIII que varios hombres de ciencias y letras y muchos arqueólogos se pronunciaron al respecto de las ceraunias y lograron desmitificarlas por completo ante la comunidad científica.

Ahora bien, creencias y mitos de una antigüedad tal como las que circundan a la piedra ceraunia, no se desarraigan tan fácilmente del imaginario del folklore popular, aún son muchas las sociedades tribales que le otorgan propiedades especiales a esta piedra y son muchos los campesinos, e incluso aquellos habitantes de las selvas de concreto, que buscan en ella protección y guarecerse de las tormentas y de los fulgores del rayo.


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Arcanos de la Sabiduría

Las Santas Reliquias


Llámanse reliquias los restos o las partes que quedan del cuerpo o de los ropajes de las personas que después que mueren incluye la Iglesia en la categoría de bienaventurados.

Jesús condenó la hipocresía de los judíos, cuando les dijo (1): «¡Caiga la desgracia sobre vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis el culto para los profetas y adornáis los monumentos de los justos!» Por eso los cristianos ortodoxos veneran lo mismo la reliquia que las imágenes de los santos, y cuando un doctor llamado Enrique, al atreverse a decir que los huesos y otras reliquias si se convierten en gusanos no deben adorarse, el jesuita Vázquez decidió que la opinión de Enrique era absurda y vana (2), porque no importa de qué modo se verifica la corrupción, y por lo tanto lo mismo podemos adorar las reliquias bajo la forma de gusanos que bajo la forma de cenizas.

Pero ya se admita una opinión, ya se admita otra, San Cirilo de Alejandría confiesa (3) que es pagano el origen de las reliquias, y he aquí la descripción que de su culto hace Theodoret, que vivía en los primeros años de la era cristiana (4): «Asistían a los templos de los mártires —refiere ese sabio obispo— para pedirles, unos que les conservaran la salud, otros para que les curaran sus enfermedades, y las mujeres estériles para lograr ser fecundas. Cuando esas mujeres conseguían tener hijos, les pedían también que se los conservaran. Los que iban a emprender viajes conjuraban a los mártires a que fueran sus guías y compañeros, y en cuanto regresaban del viaje, se presentaban en el templo a manifestarles su gratitud. No les adoraban como dioses, pero los honraban como hombres divinos, pidiéndoles que fueran sus intercesores.»

Las ofrendas que estaban colgadas en los templos son pruebas evidentes de que los que pedían con fe habían conseguido realizar sus deseos y la curación de sus enfermedades. Colgaban en los templos ojos, pies y manos de oro y de plata, que eran monumentos que pregonaban la virtud de los que estaban encerrados en aquellos sepulcros. Añade Theodoret que cuando destruyeron los templos de los dioses, aprovecharon los materiales para la construcción de los templos de los mártires; «porque el Señor —dice dirigiéndose a los paganos— sustituyó sus muertos a vuestros dioses; hizo ver la vanidad de éstos y transfirió a otros los honores que a ellos les rendían». De esto se queja amargamente el famoso sofista Gardes, deplorando la ruina del templo de Serapis, situado en Canope, que derribaron por orden del emperador Teodosio I el año 389.

«Gentes que nunca habían oído hablar de guerra —dice Ennapins— fueron muy valientes para arrancar las puertas del templo, y sobre todo para apoderarse de las ricas ofrendas que encerraba. Entregaron estos santos lugares a los monjes, gentes infames e inútiles, que sólo con vestir un hábito negro y sucio adquirían tiránica autoridad sobre los pueblos, y en el sitio de los dioses colocaron esos monjes, para que recibieran adoración, cabezas de bandidos decapitados por sus crímenes, y que salaron para conservarlas.»

El pueblo es supersticioso, y por la superstición se le encadena. Los milagros que inventaron respecto a las reliquias fueron el imán que atrajo a las iglesias la riqueza de todas partes. La bribonería y la credulidad llegaron a tal extremo, que en el año 386, el mismo emperador Teodorico se vio obligado a publicar una ley para prohibir que pasaran de un sitio a otro los cadáveres enterrados, que separaran las reliquias del cuerpo de cada mártir y que traficaran con ellas.

Durante los tres primeros siglos del cristianismo se concretaron a celebrar el día de la muerte, que llamaban su día natal, reuniéndose en los cementerios donde descansaban sus cuerpos, y a rezar por ellos, como hemos visto en el artículo titulado Misa. No se creía entonces que, transcurriendo el tiempo, los cristianos robarían los cadáveres de los templos, transportarían sus cenizas y sus huesos de un sitio a otro, los enseñarían en los púlpitos y harían con ellos un tráfico que excitaría la avaricia a llenar el mundo de reliquias falsas.

El tercer Concilio de Cartago, celebrado el año 397, insertando en el canon de las Escrituras la Apocalipsis de San Juan, cuya autenticidad hasta entonces fue disputada, ese pasaje del capítulo VI, «Vi en los altares las almas de los que mató la palabra de Dios», autorizó la costumbre de poner reliquias de los mártires en los altares; y esta práctica se consideró tan esencial, que San Ambrosio no quiso consagrar una iglesia porque no tenía reliquias en los altares, y en el año 692 el Concilio de Constantinopla mandó derribar los altares en los que no hubiera reliquias. Otro Concilio de Cartago opinó lo contrario, mandando en el año 401 a los obispos que hicieran derribar los altares que se erigían en los campos y en los grandes caminos en honor de los mártires, para los que desenterraban las supuestas reliquias, valiéndose para ello de los sueños y de las revelaciones de todo el mundo.

San Agustín (5) refiere que en el año 415, Luciano, sacerdote y cura de la aldea Cafarmagata, distante pocas millas de Jerusalén, vio en sueños hasta tres veces al doctor Gamaliel, que le reveló que su cuerpo, el de su hijo, el de San Esteban y el de Nicodemus estaban enterrados en el sitio de su parroquia que él le indicaría. Le suplicó que no les dejase permanecer más tiempo en el olvidado sepulcro donde yacían desde algunos siglos, y que fuera a decírselo a Juan, obispo de Jerusalén, para que en seguida los sacara de allí si quería evitar las desgracias que amenazaban al mundo. Gamaliel añadió que esta traslación debía verificarse durante el episcopado de Juan, que murió un año después. El cielo ordenaba que el cuerpo de San Esteban fuese trasladado a Jerusalén.

Luciano entendió mal lo que le dijo Gamaliel, o fue muy desgraciado, porque por más que cavó no pudo encontrar los cadáveres; esto obligó al doctor judío a aparecérsele a un monje sencillo e inocente y a darle mejor las señas del sitio donde descansaban las sagradas reliquias. Luciano encontró entonces el tesoro que buscaba según la revelación que Dios le hizo. Había en dicho sepulcro una piedra donde estaba grabada la palabra cheliel, que significa corona en hebreo, lo mismo que estéfanos en griego. Cuando abrieron el féretro de Esteban, tembló la tierra, salió de él un olor excelente y se curaron muchísimos enfermos. El cuerpo del santo estaba reducido a cenizas, exceptuando los huesos, que transportaron a Jerusalén y que guardaron en la iglesia de Sión.

Supieron al poco tiempo, por revelaciones de diferentes visiones, que en Egipto tenían los monjes reliquias de San Esteban, que gentes desconocidas llevaron allí. Como los monjes no eran sacerdotes entonces y no tenían iglesias propias, fueron a incautarse de ese tesoro para transportarlo a una iglesia que estaba cerca de Usale. Algunas personas vieron encima de dicha iglesia una estrella que pareció guiar la conducción del santo mártir. Las reliquias no permanecieron mucho tiempo en la citada iglesia; el obispo de Usale, deseando enriquecer la suya con ellas, las sacó de allí y las transportó, sentado en un carro y acompañado de mucha gente del pueblo, que cantaba las alabanzas de Dios y que llevaba cirios y luminarias.

Avito, sacerdote español, que estaba entonces en Oriente, tradujo en latín esta historia, que Luciano había escrito en griego. Como el sacerdote español era amigo de Luciano, consiguió que éste le diera un puñado de cenizas del santo y algunos huesos, llenos de tal unción, que probaban de un modo visible su santidad y que lanzaban un perfume superior a los más agradables aromas. Estas reliquias, que llevó Orosio a la isla de Menorca, convirtieron allí en ocho días a quinientos cuarenta judíos.

De este modo llevaron las reliquias a un sitio alto de la iglesia y las colocaron sobre un trono lleno de colgaduras. Luego las pusieron rodeadas de cristales sobre un blando lecho que colocaron en un cuadrado cerrado con llave, al que dejaron una ventana pequeña, con la idea de que por allí pudieran tocar unos lienzos que servían para curar diferentes enfermedades. Un puñado de polvo recogido de la urna que encerraba la reliquia curó de repente a un paralítico. Varias flores ofrecidas al santo que aplicaron a los ojos de un ciego le devolvieron la vista. Se verificó también allí el milagro de resucitar siete u ocho muertos.

San Agustín de Hipona por Phillippe de Champainge

San Agustín (6), que trata de justificar este culto, distinguiéndole del de la adoración, que sólo debe rendirse a Dios, se ve obligado a confesar (7) que conoce muchos cristianos que adoran los sepulcros y las imágenes. «Conozco algunos —refiere ese santo— que beben excesivamente sobre las tumbas, y que, dando festines a los cadáveres, se entierran sobre los que están enterrados.»

Efectivamente, al extinguirse el paganismo, embelesados de encontrar en la Iglesia cristiana, aunque con distintos nombres, hombres divinizados, los pueblos los honraron, haciéndoles los mismos honores que a los propios dioses, y se equivocará groseramente el que quiera deducir las ideas y las prácticas del populacho por las ideas ilustradas de los obispos y los filósofos. Sabido es que los sabios paganos hacían las mismas distinciones que nuestros sabios obispos. «Debemos —decía Hierocles (8)— reconocer y servir a los dioses, pero de modo que tengamos gran cuidado de poner sobre ellos al Dios supremo, que es su autor y su padre. No debemos exaltar excesivamente la divinidad de aquéllos, y el culto que les rendimos debe llegar hasta su único creador, que podemos llamar propiamente el dios de los dioses, porque es el más excelente y el Señor de todo.» Porfirio (9), que, como San Pablo, califica al Dios supremo superior a todo, añade que no se le debe sacrificar nada sensible, nada material, porque siendo espíritu puro, todo lo material es impuro para Él. Sólo pueden honrarle dignamente el pensamiento y los sentimientos del alma, cuando no la mancha ninguna pasión viciosa.

En una palabra, San Agustín, al confesar ingenuamente que no se atreve a hablar con libertad de algunos abusos parecidos a éste, para no dar ocasión a que se escandalicen personas devotas o a introducir enredos, deja comprender que los obispos se portaban con los paganos para convertirlos con la misma tolerancia que San Gregorio recomendaba dos siglos después que se debía tener para convertir a Inglaterra. El referido Papa, contestando a la consulta que le hizo el monje Agustín respecto a algunos restos de ceremonias mitad civiles y mitad paganas, a las que no querían renunciar los ingleses recién convertidos, le respondió: «No se pueden quitar a los hombres toscos de una vez todos sus hábitos; no se llega a la cima de un peñasco escarpado saltando, sino arrastrándose hasta allí paso a paso.»

La contestación que dio el mismo Papa a Constantina, hija del emperador Tiberio Constantino y esposa de Mauricio, cuando le pidió la cabeza de San Pablo para colocarla en el templo que ella fundó dedicado a dicho apóstol, no es menos notable. San Gregorio dice a la referida princesa que los cuerpos de los santos brillan con tantos milagros, que nadie se atreve a aproximarse a sus sepulcros para rezarles sin experimentar terrible pavor; que a su predecesor Pelagio II, queriendo tomar el dinero que había sobre la tumba de San Pedro para ponerlo a cuatro pies de distancia de ella, se le aparecieron signos espantosos; que él, el papa Gregorio, tratando de reparar el monumento de San Pablo, siendo preciso cavar un poco más adelante, y teniendo el que le custodiaba la audacia de quitar los huesos, pues no llegaba hasta donde estaba el sepulcro del apóstol, para transportarlos a otra parte, se le aparecieron también signos tan terribles, que murió súbitamente; que su predecesor, queriendo también reparar la tumba de San Lorenzo, descubrió imprudentemente el féretro que encerraba el cuerpo de dicho mártir, y los monjes y los obreros que trabajaban en el templo murieron todos en el espacio de diez días porque habían visto el cuerpo del santo; que cuando los romanos dan reliquias no tocan nunca los cuerpos sagrados, satisfaciéndose con meter dentro de una caja algunos lienzos y con acercarlos; que estos lienzos tienen la misma virtud que las reliquias y obran los mismos milagros; que como algunos griegos dudaran de ese hecho, el papa León hizo que le trajeran unas tijeras, y habiendo cortado en su presencia esos lienzos, en cuanto los acercaron a los cuerpos santos salió sangre de ellos; que en Roma y en todo el Occidente es sacrilegio tocar los cuerpos de los santos, y que si hay quien se atreva a hacer semejante cosa puede asegurarse que su crimen no quedará impune, y por esto no se pueden convencer de que los griegos tengan la costumbre de transportar las reliquias; que los orientales aseguran que los cuerpos de San Pedro y de San Pablo les pertenecen, y fueron a Roma con la idea de llevárselos a su patria; pero que en cuanto llegaron a las catacumbas, donde yacían sus dos cuerpos, cuando trataron de llevárselos, truenos espantosos y relámpagos horribles los dispersaron espantados, obligándolos a renunciar a su idea; que los que le sugirieron a Constantina el pensamiento de reclamar la cabeza de San Pablo no tuvieron otro designio que el de hacerla perder la gracia del Papa. San Gregorio termina con estas palabras: «Confío en Dios en que no os privará del fruto de vuestra buena voluntad, ni de la virtud de los santos apóstoles, y de que si no podéis gozar de su presencia corporal, gozaréis siempre de su protección.»

Sin embargo, de cuanto dice el citado Papa, la Historia eclesiástica atestigua que las traslaciones de las reliquias eran tan frecuentes en Occidente como en Oriente; además, el autor de las notas de la referida carta observa que el mismo San Gregorio, andando el tiempo, dio diversos cuerpos santos, y que otros papas dieron hasta seis o siete a un solo particular.

Después de saber todo esto, ¿debe sorprendernos el favor que gozaron las reliquias con los pueblos y con los reyes? Los juramentos más ordinarios de los antiguos franceses se hacían sobre reliquias de santos. De este modo los reyes Gontrán, Sigeberto y Chilperico repartieron los Estados de Clotario y convinieron en disfrutar los tres de París, jurando sobre las reliquias de San Poliuto, de San Hilarlo y de San Martín. El catecismo del Concilio de Trento aprobó también la costumbre de jurar sobre las reliquias.

Es sabido que los reyes de Francia de la primera y de la segunda raza conservaban en sus palacios gran número de reliquias, entre ellas la capa y el manto de San Martín, que llevaba en su séquito y hasta en sus ejércitos, y desde los palacios enviaban las reliquias a las provincias siempre que había de prestarse juramento de fidelidad al rey y siempre que tenían que terminar algún tratado.

Autor: Voltaire, Diccionario Filosófico

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Notas

(1) San Mateo, cap. XXIII, vers. 29.
(2) De la Adoración, libro II, cap. VIII.
(3) Libro X Contra Juliano.
(4) Cuestión 51 sobre el Éxodo.
(5) Ciudad de Dios, libro XXII, cap. VIII.
(6) Contra Fausto, lib. XXII, cap. IV.
(7) De las costumbres de la Iglesia, cap. XXXIX.
(8) Sobre los versos de Pitágoras, pág. 10.
(9) De la abstinencia, lib. II, cap. XXXIV.


Arcanos de la Sabiduría

LA PÓCIMA DE LAS BRUJAS


EL RITUAL DE LA QUEIMADA

EL CONJURO

Búhos, lechuzas, sapos y brujas;
Demonios, duendes y diablos;
espíritus de las vegas llenas de niebla,
cuervos, salamandras y hechiceras;
rabo erguido de gato negro
y todos los hechizos de las curanderas…
Podridos leños agujereados,
hogar de gusanos y alimañas,
fuego de la santa campaña
mal de ojo, negros maleficios;
hedor de muertos, truenos y rayos;
hocico de sátiro y pata de conejo;
ladridos de zorro, rabo de marta,
aullidos de perro,
pregonero de la muerte…
Pecadora lengua de mala mujer 
casada con un hombre viejo;
Averno de Satán y Belcebú,
fuego de cadáveres ardientes,
fuegos fatuos
de la noche de San Silvestre,
cuerpos mutilados de los indecentes,
y pedos de los culos infernales…
Rugir del mar embravecido,
presagio de naufragios,
vientre estéril de mujer soltera,
maullar de gatos en busca
de gatas en celo,
melena sucia de cabra mal parida
y cuernos retorcidos de castrón…
Con este cucharon ** Con este cazo
elevaré las llamas de este fuego
similar a las llamas del Infierno
y las brujas quedarán purificadas
de todas sus maldades.
Algunas huirán
a caballo de sus escobas 
para irse a sumergir
en la playa de las gruesas arenas.
¡Oid! ¡Oid estos rugidos…!
Son las brujas que se están purificando
en estas llamas espirituales…
Y cuando este delicioso brebaje
baje por nuestras gargantas,
también todos nosotros
quedaremos libres
de los males de nuestra alma
y de todo maleficio.
¡Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego!
a vosotros hago esta llamada:
si es verdad que tenéis más poder
que los humanos,
limpiad de maldades nuestra tierra
y hacer que aquí y ahora
los espíritus de los amigos ausentes
compartan con nosotros esta queimada.

O CONXURO

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas;
demos, trasnos e diaños;
espíritos das neboadas veigas,
corvos, pintegas e meigas;
rabo ergueito de gato negro
e todos os feitizos das menciñeiras…
Podres cañotas furadas,
fogar de vermes e alimañas,
lume da Santa Compaña,
mal de ollo, negros meigallos;
cheiro dos mortos, tronos e raios;
fuciño de sátiro e pé de coello;
ladrar de raposo, rabiño de martuxa,
oubeo de can, pregoeiro da morte a…
Pecadora lingua de mala muller
casada cun home vello;

Averno de Satán e Belcebú,
lume de cadáveres ardentes,
fogos fatuos da noite de San Silvestre,
corpos mutilados dos indecentes,
e peidos dos infernais cus…
Bruar da mar embravecida,
agoiro de naufraxios,
barriga machorra de muller ceibe,
miañar de gatos que andan á xaneira,
guedella porca de cabra mal parida
e cornos retortos de castrón…
Con este culleron *** Con este cazo
levantarei as chamas deste lume
que se asemella ao do inferno
e as meigas ficarán purificadas
de tódalas súas maldades.
Algunhas fuxirán
a cabalo das súas escobas
indose bañar na praia das sablad gordas
Ouvide! Escoitade estos ruxidos…!
Son as bruxas que están a purificarse

nestas chamas espiritosas…
E cando este gorentoso brebaxe
baixe polas nosas gorxas,
tamen todos nós quedaremos libres
dos males da nosa alma
e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume!
a vós fago esta chamada:
se é verdade que tendes máis poder
ca humana xente,
limpade de maldades a nostra aterra
e facede que aquí e agora
os espiritos dos amigos ausentes
compartan con nós esta queimada.

La Queimada

La queimada es uno de los muchos rituales que tienen que ver con el fuego, una tradición que se debate entre lo pagano y lo misterioso, una pócima mágica cuyo origen se pierde entre sombras de noches ancestrales plagadas de brujería y hechizos, de almas en pena, y de cuerpos arrebatados por rituales de brujas y hechiceros que sentados en la oscuridad y formando un círculo alrededor de la tartera de barro, buscan la purificación del cuerpo y la salvación del alma mientras revuelven el brebaje que espantará los malos espíritus y atraerá los buenos.

El ritual de la Queimada y su conjuro (el cual escuchamos en la introducción) es uno de los pocos ritos que se mantiene hoy en día, llevándose a cabo de forma natural en infinidad de reuniones sociales y celebraciones que tienen lugar en la comunidad gallega.

La queimada tradicional tiene, más que posiblemente, su origen en las ancestrales culturas castreñas.

Los celtas dejaron su herencia cultural plasmada en los abundantes petroglifos que se encuentran a lo largo y ancho de la comunidad gallega. Son recurrentes los símbolos con forma de espiral, destacando El Trisquel, figura con tres cabezas que dibuja una especie de cruz. Han sido muchas las interpretaciones que los historiadores han dado a este símbolo, pero la más conocida es aquella que sostiene que el trisquel representa los tres elementos fundamentales en la vida del hombre: La Tierra, el Agua y el Fuego.

El ritual de la queimada lleva también de forma intrínseca la fusión de estos tres elementos, en un ritual que no sería posible de no existir este componente mágico, heredado de nuestros antepasados celtas y transmitido a través de los tiempos.

Símbolos

La Tierra

Se simboliza mediante la tartera de barro que es el asiento de la pócima.

El Agua

Se representa por medio del aguardiente que se agita y remueve fundiéndose con la tierra.

El Fuego

Danza libre entre los elementos que conforman esta pócima mágica alumbrándonos, dándonos calor al cuerpo y purificando las almas.

PREPARACIÓN DE LA QUEIMADA

En un recipiente de barro, pondremos el Azúcar y reservaremos un poco, además agregaremos el Aguardiente, las cáscaras de Limón, las de Naranja, asimismo, las Uvas y el Café. Mojaremos los bordes del cucharon tomando una pequeña parte de la Queimada, tomaremos solo aguardiente y azúcar, con cuidado de no tomar ni limón, naranja, uvas o café y prenderemos fuego al cucharón, cuando el fuego en el cucharón este ardiendo en su punto máximo, metemos nuevamente el cucharon dentro de nuestro recipiente de barro para encender la Queimada, dejamos que el fuego se extienda por toda la superficie y moveremos con el cucharon creando cascadas con las llamas y dejando que el fuego arda. 

Después pondremos el Azúcar restante dentro de nuestro cucharón y lo pondremos por encima del fuego, para crear un caramelo con el Azúcar.

Habiendo obtenido el caramelo lo vaciaremos con mucho cuidado sobre la Queimada y lo revolve-mos cuidadosamente, nuestra bebida tomará un color dorado, se mueve constantemente hasta que el alcohol del aguardiente se haya consumido por completo, La Queimada se apagará por si sola

Sin embargo, también podemos apagarla nosotros, dependiendo de cómo nos guste la bebida. Entre menos se consuma con las llamas más fuerte es el sabor a alcohol. Ésta se debe apagar soplándole o tapándola. 

Ahora bien, antes que se apague o que la apaguemos; debemos recitar el Conjuro. Esto se hace cuando aún arde la bebida.


Habiendo recitado el Conjuro y ya consumado el fuego, podemos servir con el mismo cucharon y beber esta deliciosa bebida, se sirve con los trozos de fruta y los granos de café.

…y al terminar de ingerirla diremos:

¡Con esta queimada, que ha sido apagada
Así queda hecho y a todos conjuro.
En su eterno lecho, a diablos oscuros
y a hermanos huesudos!


VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA
Arcanos de la Sabiduría

LAS CEREMONIAS DEL AQUELARRE


Akerbeltz es el gran Maestro de los Aquelarres, este es el nombre con el que se le conoce entre los hechiceros y las brujas de Vasconia que han pactado con él, las gentes cristianas, lo han llamado demonio, diablo o Satanás: sin embargo, entre esas mismas gentes, hay quienes han acudido a sus homenajes y han fijado pacto con él. Estos hipócritas de doble moral, para no ser descubiertos por sus ministros y religiosos, le han puesto un sobrenombre en romance, y así le llaman y lo conocen como: “Maese Leonardo”; esto lo hacen así, como se dijo, para encubrir su reputación de nobles y es un eufemismo que usan cuando buscan de nosotros, los hechiceros y brujas, para que pactemos en su nombre con él.

LA ABJURACIÓN

Adeptos al demonio pisando la cruz – Lámina del Compendium Maleficarum

A estos hurones y comadrejas cristianas, si luego desean pactar ellos mismos, y conocer al Gran Maestro personalmente, deben guardarse de cumplir varios requerimientos, para probar que son dignos de ser acogidos, dentro de nuestro séquito de obediencia y respeto, hacia nuestro señor Akerbeltz. 

Lo Primero que deben hacer todos aquellos, cristianos o no, que desean ser iniciados en los misterios de nuestro Gran Maese, es recibir el debido bautismo y comunión, por algunos de los ministros de Akerbeltz o de él mismo en persona, es decir, encarnado en un ente físico, y en esto, puede tomar cualquier forma que le plazca; pero prefiere hacerlo casi siempre en la forma de los animales que le son caros, y que más celebran su presencia, como: los buitres, ranas y sapos, gatos, murciélagos, serpientes búhos y lechuzas, monos, perros o incluso insectos, pero cuando va a presidir un aquelarre, casi siempre, prefiere la forma de cabra, carnero o cabrón, es por eso que esta última, es la que más le representa, además, porque dicho animal, contiene en sí mismo los rasgos característicos de su talante. 

Si la comadreja, o el hurón cristiano, está decidido a formar parte de nuestra comitiva, se le indica que primero debe deshacerse de su fé cristiana y abrazar su propia naturaleza, es decir, debe comprenderse como lo que en esencia es: otro animal que comparte su vida con el entorno de Natura, un animal que nada sabe de castillos ni dinero ni de imposturas judiciales ni de leyes ni de normas ni de moral alguna que le pese, debe saber que es un ser libre, sin ataduras de ningún tipo, sólo debe sumisión a la suprema diosa Maddi y a su padre Akelbeltz.

A la que ellos llaman “virgen” deben repudiarla, debido que es una falsa imposición de su iglesia, que se obstina de renegar de la verdadera diosa, y en su lugar, han puesto a esa impostora, que, en realidad, debajo de su blanca túnica, su sexo arde de lubricidad y de lujurioso deseo, ya que esa es su verdadera Naturaleza: la misma naturaleza de nuestra madre Mari. Y así como le han puesto tapadera al origen del mundo, que no es otro que Baubo penetrada por un falo, así le han puesto cadenas a la naturaleza de la mujer que es la de ser naturalmente lúbrica y la cual no debe temer ni sofocar sus apetitos sexuales a menos que no sea con una buena juntura de sus múltiples amigos y amantes, amadores que la desean lascivamente sólo por su cuerpo, más allá de sus riquezas y que también quieren sellar con ella su parte junto con sus impulsos naturales gobernados por nuestra madre Maddi y el Maestro Akerbeltz, que también es nuestro padre, pues es él quien porta la simiente creadora y la luz de la razón, no la fé ciega y despótica que enseña la iglesia y sus ministros y que, así mismo, como pasa con Maddi, han hecho con nuestro padre, han puesto a un impostor coronado de sufrimientos y clavado en una cruenta cruz, que es el tormento de los corderos y no de las cabras y Machos Cabríos, ¡Somos animales! Somos animales de cornamenta que no esconden su naturaleza bajo ninguna tapadera, y nada ni nadie ha de atormentarnos bajo ningún fatídico concepto de “pecado” que es el símbolo nefasto de la cruz a la que debéis pisar en primera instancia para poder conocer la Luz del Verdadero Maestro, que no es otra, que la sabiduría de la naturaleza y el beneplácito de la Libertad.

EL BAUTISMO

Una vez la comadreja o el hurón ha renunciado a su falsa fé, y ha hecho sus debidos votos a la comitiva de brujos, en la que pronto ha de entrar como otro hermano, si así el Gran Maese lo dispone y lo quiere, entonces se convoca a una sesión de carácter bautismal, en la que presidirá el mismo Akerbeltz y algunos de sus ministros, además se solicitará la anuencia de varios testigos para que asistan a la ceremonia que tendrá lugar en un prado o en algún lugar de Natura que parezca lo suficientemente adecuado para la ocasión.

Una vez reunida la comitiva y estén presentes los hurones y comadrejas, que se abrirán a una nueva vida a través del bautismo, se comienza la sesión: se entra de manera procesional al campo todos aquellos brujos y brujas que han de encargarse de todo lo concerniente al bautismo, los demás asistentes pue-den entrar en sesión a medida que vayan llegando al campo, ya sea por el arte de volar, de aparición o por cualquier otro método que implique el arte, el único menester es que se llegue a la sesión de manera clandestina y guardando el estricto juramento del secreto.  

El Gran conjurador y sus oficiantes, que son los señalados como favoritos del Gran Maese en la sesión pasada, disponen del altar, que ha de ser la hermana que Akerbeltz seleccionó en la sesión pasada para engendrar su fe-cunda simiente, una vez todo dispuesto, se realiza la invocación de Leonardo, que es así como lo solicitan los hurones y comadrejas a bautizar.

La invocación de Akerbeltz es algo de sumo secreto y no conviene narrárosla aquí, así que sólo me limitaré a narrar los pasos ceremoniales.

Una vez invocado Akerbeltz, este arriba con sus vicarios que prestarán asistencia al juramento que harán comadrejas y hurones y a la vez servirán como padrinos nuevos.

Cada aspirante entonces debe arrodillarse ante la presencia de Maese Leonardo. Y así de rodillas debe decir:

«Reniego al Creador del Cielo y de la tierra. Reniego de mi bautismo. Reniego de la adora-ción que anteriormente porté a Dios. Rompo con ellos, y en esto creo.»

Entonces el Maese poniendo su garra sobre la frente rompe el Crisma del bautismo que le impuso la religión cristiana y este se borra para siempre. Ahora el iniciado estará listo para recibirse en la nueva fé, en la que se es-pera de él guarde todos sus mandamientos.

Maese procede luego a verter sobre sus cabezas, no agua, sino leche de cabras, con la cual quedan nuevamente bautizados. A continuación, se les presentan dos padrinos que son demonios de su séquito, éstos renombran al iniciado con un nombre mágico que debe aceptar sin rechistar y el que usará de ahora en adelante. Después de haber renunciado a sus nombres cristianos, los nuevos padrinos les obsequian con un sapo o un gato que deberán amamantar con su propio seno o fluidos vi-tales. Este animal, si han cuidado bien de él, le brindará muchos beneficios en lo sucesivo.

LAS PRENDAS

Adeptos ofreciendo algunas prendas de vestir a un demonio – Lámina del Compendiun Maleficarum

Akerbeltz ama a sus discípulos y acólitos como si fueran sus hijos, y espera de ellos ser retribuido en cuerpo y alma. Y ya que les ofrece en prenda toda su protección y amor, sus discípulos deben ofrecer también su fé incondicional y entera sumisión a todos sus preceptos y mandatos.

Además, deben entregarse en cuerpo y alma tanto de manera física como simbólica, es por ello que se consagra un ritual de la sangre en el que, el nuevo adepto, se purifica por medio de dicho ofrecimiento, vinculándose así para siempre a Akerbeltz. Ya comentaré en qué consiste este ritual.

Además, se debe conceder, a través de sus emisarios, una prenda de vestir que evidencia no sólo la entrega simbólica del cuerpo sino también de todos nuestros bienes materiales adquiridos durante nuestra vida, además sirve de promesa, pues expresa que así seguiremos haciendo mientras estemos a su servicio y contemplemos sus preceptos y verdadera fé.

Y como se promete entregar todo lo nuestro: nuestra alma a través de la fé y el acto del bautismo; nuestro cuerpo a través de la sangre; nuestros bienes adquiridos a través de la prenda de vestir, asimismo, se debe entregar el fruto de la naturaleza que reside en las entrañas de cada bruja y hechicero, pues, este fruto, hace parte de nuestras vidas; de modo que se le confía la vida de nuestros hijos, que son prolongaciones de nuestro ser, para que sean consagrados en sus artes, o bien, si así place al Maestro, disponga de su vida como sacrificio. Y esto se hace con total beneplácito y alegría de ánimo, ya que entregar un hijo, es realmente entregar nuestra propia vida, y no hay acto más sublime y que agrede al Maese que el de desprendernos, sin ningún temor, de lo que la Natura nos obsequia. 

EL PACTO

Adeptos en el círculo mágico – Lámina del Compendium Maleficarum

Para sellar el compromiso que se ha adquirido, se deben realizar verdaderos votos, y como el nuevo adepto ha manifestado que será capaz de entregarse en cuerpo y alma al Maese Leonardo, y como también ha dicho que todo lo que posee es para él, incluso los hijos salidos de sus entrañas, el Maestro les reclamará entonces un primer acto de fé. Por tanto, les pedirá un primer sacrificio, ya sea de su hacienda o; aún mejor, de su ¡propia naturaleza!

Es así como el iniciado, si quiere ser tomado en serio por la comitiva de los brujos y brujas; y además quiere demostrar que la devoción que profesa hacia el Gran Maestro es verdadera; deberá inmolar un cabrito negro o un recién nacido en el nombre de Akerbeltz para así ser acogido verdaderamente en su séquito.

De este modo, se designa a uno de todos los iniciados para que presente la ofrenda, se degüella a la criatura, y con su sangre, se traza un círculo en el suelo, luego todos deben entrar en él, entonces desde allí deben jurar al Maestro estricta obediencia y lealtad, diciendo:

«Oh Amado Padre te ofrecemos esta víctima para que nos aceptes en tu círculo, el cual hemos cubierto con la vida extraída de nuestras propias entrañas y hemos regresado al mismo seno de la Madre Naturaleza de donde surgió y adonde pertenece. Así como entregamos en sacrificio esta víctima, asimismo, entregamos nuestra alma y nuestro cuerpo y todos nuestros bienes a tu servicio, encerrados dentro de este círculo que es tu anillo y tu símbolo: ¡te alabamos! ¡te glorificamos! y te manifestamos ¡absoluta obediencia y lealtad!»

Luego, cada iniciado deberá hacer una reverencia e inclinarse ante el Maestro, así postrado, Akerbeltz pone su mano sobre la cabeza de aquellos que con-siente como sus nuevos discípulos y, con un gesto, indica que se levante y entonces ya podrá salir del círculo.

LOS LIBROS

Un demonio cambiando el libro de la vida por el libro de la muerte – Lámina del Compendium Maleficarum

El creador de este mundo material, que es el Dios al que hemos renegado todos los discípulos del Gran Maese, mantiene nuestros espíritus secuestrados en esta prisión de carne y huesos que llamamos cuerpo y nos ha confinado en esta tierra, en la que el animal llamado hombre ha creado leyes perjuras, en detrimento de la verdadera madre, y bajo el yugo de preceptos morales encausa-dos por una institución aún más pérfida llamada Iglesia.

Todo aquel que tenga verdadera sabiduría se dará cuenta que este mundo material, el cual se rige por estos falsos preceptos, aislados de Natura, es en realidad algo espurio que se haya en total contraste con el espíritu.

El creador de este mundo es un dios impostor que, bajo su orgullo prepotente, ha encerrado nuestra esencia en esta prisión material. Ha inscrito nuestros nombres en el oprobioso libro de la vida para así tener control de nuestra existencia; pues, en aras de la libertad suprema, pedimos a nuestro Maestro, nos borre del fatídico libro de la vida y nos inscriba en el honorable libro de la muerte, porque, sabido es, que la muer-te rompe las cadenas de esta nefasta existencia y nos abre paso a la verdadera vida del espíritu que se refocila vagando libremente en el vacío, sin rendir cuenta alguna a absurdas leyes ni a un dios esclavizante.

Así pues, cuando Akerbeltz nos con-siente esta gracia y honor, nos libera de las cadenas de la tierra y ya no somos “seres vivientes” sino espíritus libres, sin embargo, nos reserva para que cumplamos una misión importante: la de dar cumplimiento a la repulsión de la vida, y trabajar como emisarios de la muerte. 

LOS SACRIFICIOS Y OBSEQUIOS

Adeptos entregando un infante al demonio como parte del sacrificio del aquelarre – Lámina del Compendium Maleficarum

Por tanto, una de las formas más patentes que se tiene para demostrar una verdadera devoción al Gran Maestro es ofrecer cada cierto tiempo un sacrificio humano, ya que, para él, la sangre es como un licor embriagante.

Entre más le obsequiemos con vidas que se cercenan en este mundo carcelario, más será la estima que nos tendrá, observándonos como sus preferidos, pues, ese es uno de sus principales mandatos, que seamos «libertadores» de las almas que aquí caminan errantes; es cierto que entre las cristianas gentes esto les puede parecer simplemente crímenes horrendos, de hecho, es por esto que nos persiguen, nos acusan, nos torturan y nos prenden fuego; lo que ellos no saben es que, realmente, queman un cuerpo desligado completamente de su esencia, la cual vuela libre, sólo nos valemos del cuerpo como un vehículo para lograr nuestros cometidos aquí en este mundo, y mientras aquí estamos, nos valemos de él para gozar en extremo de lo sensorial dando rienda suelta a nuestra libre naturaleza y a nuestro libérrimo espíritu.

Por tanto, no temáis ofrecer en sacrificio y derramar toda la sangre que deseéis en nombre de Akerbeltz y de esta noble y sublime causa: liberar las almas de las cadenas que las apresan y reintegrarlas al seno de Maddi, nuestra Excelsa Madre Naturaleza.

No obstante, también existen otros obsequios que son del agrado de Akerbeltz, estos pueden ser animales de vuestra granja, se sacrifiquen o no, la única condición que se debe guardar, es que los mismos no posean ni una pluma o pelo que no sean de color negro o a lo sumo de color pardo, pues, la mayoría de las veces que obsequiamos al Maestro un animal, ya sea un perro, un gato, un cuervo, un sapo o un cabrón, lo convertirá en uno de sus vicarios. que de inmediato se ponen a su servicio, luego, muchos de estos, están destinados a hacer compañía a los nuevos iniciados, los cuales, deberán proporcionarse mutuo beneficio, tal como ya lo había comentado.

LAS MARCAS

Un demonio marca con su garra a un adepto – Lámina del Compendium Maleficarum

Ahora bien, muchos de estos hurones y comadrejas cristianos, llegan a este punto arrastrados por una insolente curiosidad o por una fascinación delirante que les ha cegado momentáneamente el entendimiento y no saben o no se perca-tan con antelación del compromiso que deben asumir al haber pactado con el Maestro y el haberse incorporado a nuestra comitiva de brujos y brujas, quizás creyendo que lo que se le decía antes de iniciarse era una sarta de mentiras y deseaban cerciorarse por sus propios ojos de la verdad, o quizás siguiendo el juego de sus comadronas llegan, no por acto de verdadera fé, sino por complacencia de aquella; o tal vez porque sus “principios” de rancia moralidad inculcada por la iglesia han calado tan hondo en ellos que, ante la presencia del Maestro y sus simples y liberadores preceptos, comienzan a titubear y en lo muy hondo de sus corazones se arraigan aún a esa falsa e hipócrita fé de los cristianos.

En fin, a todos ellos, los emisarios del Maestro imponen una marca con su garra, para tenerlos presentes y recordarles su compromiso.

La marca que se les hace, sin embargo, es indolora, esto cuando observan que el titubeo del iniciado se debe más a la desorientación que a un impulso de mojigatería cristiana de su corazón, pe-ro, si descubren que este es el caso, entonces la marca que hacen es muy dolorosa y sólo es para que recuerden la reprimenda y acojan realmente los preceptos y mandamientos que se les presentan. Las marcas las realizan, a menudo, en lugares donde no son muy apreciadas, así, a los hombres suelen marcarlos en la axila, en un hombro, debajo de los labios, en un párpado o en el trasero; a las mujeres, casi siempre, las marcan en los senos, en la entrepierna o expresamente en el coño, para que así recuerden la pequeña amonestación que, por ser apenas iniciados, es tan leve, sin embargo, esta marca, por lo general, presenta diversas formas de animales, ya sea un lirón, una comadreja, un sapo, un gato o cualquier otro animal, casi siempre, es la huella de la mascota que se les asigna, así, cada vez que tienen un pensamiento cristiano o piensan obrar distinto a la fé de la hermandad, el rasguño les comienza a dar un terrible escozor, esto se debe a que la mascota los vigila, y tiene la potestad de ejercer dicho poder sobre ellos. Ya has de suponer que, en estas mascotas, en realidad, se encarna uno de los diablillos que sirvieron de padrino al iniciado en su bautismo.

LA PENITENCIA

El demonio impone penitencia a los débiles de espíritu – Lámina del Compendium Maleficarum

A pesar de que los vicarios se muestran indulgentes con aquellos que han tenido este tipo de desliz y han titubeado ante los preceptos y mandamientos del Gran Maestro, la comitiva de los diablos que han encontrado este tipo de ofensa en alguno de ellos, los llevan ante el trono del Maese Leonardo y ante él deben redoblar sus votos. 

Prometen entonces que nunca adorarán la Eucaristía; que de ambos de palabra y de hecho colmarán de insultos y envilecimientos a la supuesta Virgen María y a los demás estúpidos Santos; que pisotearán y profanarán y romperán todas las Reliquias y las imágenes de éstos; además que se abstendrán de usar la señal de la Cruz, asimismo, el Agua Bendita, la sal bendecida, el pan y otras cosas consagradas por la Iglesia; que nunca harán completa confesión de sus pecados a un sacerdote; que mantendrán un obstinado silencio sobre su pacto con el Maestro, y que, en los días señalados, volarán, si pueden hacerlo, a los Aquelarres de la comitiva de brujos y brujas en los que tomarán con celo parte en sus actividades, y finalmente que reclutarán a todos los que puedan al servicio de Maese Leonardo. Y Él a su vez promete que siempre estará a su lado, y que colmará sus oraciones en este mundo y les dará la felicidad después de la muerte.

Autor: E. J. Ríos


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Compendium Maleficarum

Arcanos de la Sabiduría

    

LA LUZ ASTRAL


La respiración se compone de dos movimientos opuestos: la aspiración y la espiración. Estos dos movimientos forman la vida, y en cuanto cesan es porque la vida se ha extinguido. Por la ley de la armonía que rige en toda la naturaleza, todo aspira y espira aquí abajo. Los animales respiran también, y como ellos, todos los seres colocados en un grado superior de la creación. 

La flor, el árbol, la planta, aspiran el oxígeno y aspiran el azoe; el mar respira en su flujo y su reflujo, y la tierra, nuestra nodriza, también respira. La tierra es un ser vivo ha dicho Hermes Trimegisto…

…y por medio de su respiración es como se comunica con sus hijos y los arrastra en esa cadena inmensa que la une con los demás mundos de la creación. Todos los pechos humanos y celestes laten con igual movimiento.

La aspiración y espiración de la Tierra es la luz astral, recibe el nombre de astral ya que la tierra es un astro. Este es el Gran Agente Mágico.

La Luz Astral que los antiguos cabalistas han llamado de manera sucesiva tetragrama, inri, fluido magnético, serpiente, Lucifer, no es otra cosa que ese agente desconocido, esa fuerza latente que hoy día se llama luz, calor, electricidad, magnetismo. 

(…) Cada astro tiene su fuerza centrífuga, su fuerza de atracción y su fuerza de proyección y el hombre, como todo, es armonía en la Naturaleza, está en armonía con los Astros.

Así pues, el hombre como el astro, aspira por el corazón y por su cerebro, e irradia un fluido alrededor de sí, por su voz, por sus gestos y por sus ojos.

En el centro de la Tierra hay un foco de luz astral sin cesar mantenida por la impregnación del Sol, y que se reparte o expande sin cesar para remontarse hacia el cielo.

Cada astro tiene un tubo central, por el cual se une a los demás astros; el hombre también tiene un tubo central que le une con los torbellinos de luz.

El mundo está imantado como la luz del sol, y el hombre con la luz astral. Lo que se opera en el cuerpo del planeta se repite en nosotros. El hombre es un microcosmo -un pequeño mundo-, habiendo en él tres mundos análogos y jerárquicos, como en el resto de la Naturaleza.


«Existe un agente que es natural y divino, material y espiritual, un mediador plástico universal, un receptáculo común de las vibraciones del movimiento y de las imagines de las formas, un fluido y una fuerza que se puede llamar, de cierto modo, la Imaginación de la Naturaleza… La existencia de esta fuerza es el Gran Arcano de la Magia práctica.  Este fluido que todo lo penetra, este rayo que parte del esplendor del sol y queda fijo por el peso de la atmósfera y por el poder de la atracción central, este cuerpo del Espíritu Santo al que llamamos la Luz Astral y el Agente Universal, este éter electromagnético, este calórico vital y luminoso viene representado en los monumentos antiguos por el ceñidor de Isis que se ajusta en un nido de amor alrededor de los dos polos, el de la serpiente con cabeza de toro y el de la serpiente con cabeza de cabra o de perro; en las antiguas teogonías, era la serpiente que se muerde la cola, emblema de la prudencia y de Saturno. Es el dragón alado de Medea, la serpiente doble de los caduceos y la tentadora del Génesis; pero también la serpiente de Moisés que rodea la Tau, es decir, el lingam generador. Es la doble cola que forma las patas del gallo solar de Abraxas”. En sí misma es una fuerza ciega; pero los caudillos de almas, que son espíritus de acción y energía la pueden dirigir».»  

(Eliphas Levi)

La ciencia iniciática enseña que vivimos sumergidos en un océano fluídico, al que ha llamado Luz Astral. Este fluido es tan sensible que todo queda inscrito en él: el más insignificante de nuestros actos, la más tenue de nuestras emociones, el más fugaz de nuestros pensamientos. Según la tradición esotérica esta luz astral está compuesta de una materia extremadamente sutil que desprenden todas las criaturas: los seres humanos, las plantas, e incluso las estrellas. A este fluido Hermes Trimegisto lo llamaba “Telesma” y refiriéndose a él dijo: “El Sol es su Padre, la Luna es su Madre, el Viento lo ha transportado en su Vientre y la Tierra es su Nodriza.” Evidentemente, no hay que concebir el Sol (fuego), la Luna (agua); el Viento (aire) y la Tierra, únicamente como los cuatro elementos materiales conocidos, sino como los principios cósmicos básicos a partir de los cuales se ha construido la materia.

De tal modo, se puede considerar la Luz Astral como una sustancia, una especie de atmósfera que sustenta y fundamenta el plano físico, actúa detrás de éste y se halla activamente correlacionado con la Tierra, así, todo aquello que se gesta en ella, se ha gestado primeramente en ese campo o atmósfera astral. Es este el reino de las sombras y de la luz en el que los magos operan para producir sus prodigios y materializarlos luego en el plano material.

En esta especie de ecosistema fluídico, en el que transitan fuerzas activas y pasivas, que pueden manifestarse desde los planos elevados de conciencia o desde los planos inferiores, lo que consecuentemente se ha llamado: alto y bajo astral; comprende una fauna espiritual que reside en estos planos, muchos son residentes nativos de la Luz astral, otros residentes temporales que, sin embargo, tienen su origen o destino en otro sitio fuera del campo astral.

En el campo astral, pueden hallarse seres lumínicos, pero también seres de muy bajas densidades. Los hombres también podemos transportarnos a estas esferas por medio de nuestro “cuerpo astral” este está conformado por el amasijo de sensaciones, emociones, pensamientos y todo aquello que se gesta en el subconsciente, este conglomerado, también refleja una imagen en la Luz Astral que es inversamente proporcional a nuestra “máscara” mortal, es decir, ya que nuestra personalidad es construida por medio de las emociones y pensamientos, de ese mismo modo será el grado de consistencia de nuestra Luz Astral. Por tanto, todo aquello que pensemos, imaginemos, sintamos y que hace parte de nuestra máscara mortal o personalidad en este mundo material, crea una proyección o replica en el campo astral, que se refleja desde nuestro inconsciente, el cual se activa y se desplaza a esos mundos, en la fase onírica.

Así que el tipo de cuerpo astral que poseemos está determinado por la mayoría de nuestros complejos subconscientes. Cuando terminamos nuestra encarnación sobre la Tierra, y el «Cordón de plata» se suelta. pasamos a dominios astrales que se corresponden, en su grado de materia astral, con la materia que hemos construido a lo largo de nuestra vida.

La Luz Astral, la llevamos con nosotros siempre y a todos lugares. Cualquier pensamiento que tengamos deja una impresión en la impresionable sustancia de ese Campo Astral; de hecho, según la tradición, puede fundirse con una de las criaturas de ese plano y entonces se escapa de nuestro control inmediato y se sumerge en ese océano pulsante de vitalidad y de sentimientos para influir, de ese modo, en otras mentes.

Y esta sustancia astral tiene dicha capacidad debido a que es compartida con la humanidad entera y también con las demás criaturas residentes en esos planos; es así como se conforman los llamados registros akásicos que son las impresiones, más o menos estables de los pensamientos humanos: así, la felicidad, la concordia, el amor y demás pensamientos y sentimientos positivos tienen allí su reflejo, sin embargo, es más factible que se queden en este campo aún más los negativos: la ira, el dolor, las bajas pasiones, el odio…etc. puesto que los positivos pronto se sumergen a un plano más elevado que se conoce como el Astral Superior.

El plano Astral Inferior, por consiguiente, está poblado por elementos primitivos del ser que esperan su evolución a los planos elevados.

Tal como dice la Tabla Esmeraldina de Hermes Trimegisto: “como es arriba es abajo” lo que podría traducirse diciendo que: todo aquello que se mueve en los planos de la inconciencia, también lo hace en el mundo consciente, de manera que somos habitantes de dos mundos, en los cuales, la proyección y lo proyectado, trabajan por arribar a la plenitud de la LUZ UNIVERSAL.  


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Arcanos de la Sabiduría

LOS ESPÍRITUS ELEMENTALES

La idea de que los elementos constitutivos del universo corresponden a seres que personifican sus cualidades es bastante antigua y extendida.  Ya Filón de Alejandría, en el «De Gigantibus» afirma que «cada uno de los elementos contiene seres vivos adaptados a sus propias características» y que por consiguiente existen, además de animales terrestres y acuáticos, seres nacidos del fuego, que vagan en las partes más altas de la atmósfera; los del aire, que vuelan más bajo; los de la tierra, que viven en la superficie; los acuáticos y marinos; los subterráneos y finalmente los lucífugos, tenebrosos e invisibles.

Sin embargo, Paracelso, a quien escuchamos en la introducción, es el primero en sistematizar las creencias sobre los espíritus de los elementos, el cual expone en su “Tratado de los Ninfos, Silfos, Pigmeos y Salamandras” (Libro al que le dedicaremos una presentación aparte). Según él, se trata de seres que no descienden de Adán, aunque en mayor o menor medida tienen cierta semejanza física con los seres humanos. Los elementales se sitúan para Paracelso a medio camino entre la tangibilidad de los seres humanos y la impalpabilidad de los espíritus: son, en efecto, «ligeros como los espíritus, pero generan como el hombre, tienen su aspecto y siguen su régimen» O sea, que se trata de seres que, aunque viviendo como los espíritus, y viendo como ellos las cosas y el futuro, comen, beben y tienen el mismo metabolismo que los hombres. No tienen alma, pero sin embargo están sujetos a la muerte, al llegar la cual, nada de ellos sobrevive. He aquí por qué su más vivo deseo es adquirir un alma, cosa que pueden obtener casándose con un ser humano: en efecto, el sacramento del matrimonio es capaz de infundir en ellos un alma inmortal y de hacerlos por consiguiente plenamente humanos. Durante el resto de sus vidas sus ocupaciones son parecidas a la de los hombres: viven en sociedad, tienen leyes y jerarquías, trabajan, comen, hablan, sufren, están sujetos a las enfermedades como nosotros.

Existen cuatro especies de ellos, cada una de las cuales habita en su propio elemento: las Ondinas en el agua; los Gnomos en la tierra, los Silfos en el aire; la Salamandras en el fuego.

Para cada uno de ellos el propio elemento es tan fluido y permeable como para nosotros la atmósfera: así los Gnomos consiguen tranquilamente atravesar las rocas. Naturalmente, sin embargo, el tipo de ambiente ha condicionado su aspecto físico. Por eso cuanto más compacto es su elemento, tanto más exigua es su estatura., porque está sujeta a una mayor presión, y su conformación es fría y etérea. Por consiguiente, los Gnomos son los más pequeños e incorpóreos de los elementales, mientras que los Silfos, que se mueven como nosotros en el aire, son los más grandes y corpóreos; eso contrasta algo con la visión corriente, que hace que los Silfos y de sus esposas las sílfides, seres etéreos y evanescentes. Entre ellos los elementales viven una vida sexual normal, se acoplan y tienen hijos; a veces eso sucede también con los seres humanos. Cuando dan a luz a su prole, como pasa con todo ser viviente, puede ocurrir que el recién nacido presente rasgos deformes y monstruosos.

Los monstruos que nacen de los elementales son típicos para cada especie: los de los gnomos (a veces también llamados pigmeos) son los enanos; los de las salamandras se llaman chispas; los de las ondinas, sirenas; y los de los silfos, gigantes.  Estos monstruos tienen un objeto preciso en el plan general de la creación: el de hacer de guardianes de los tesoros.

Los seres feéricos tienen la característica constante de estar marcadamente interesados en los destinos de los hombres. Esta comunidad de intereses se evidencia a más niveles. Uno de ellos es el intercambio nupcial entre los dos reinos; es decir, sucede a menudo que se contraen matrimonios mixtos entre seres humanos y feéricos, casi siempre de sexo masculino los primeros y femeninos los segundos. Estas uniones vienen siempre condicionadas a que el exponente humano respete cierto tabú, tabú que inevitablemente es infringido, y eso provoca la desaparición de la esposa feérica.

Los seres feéricos desempeñan numerosas actividades prácticas en las cuales sobresalen y de las cuales, no pocas veces, hacen partícipe a los hombres. Prescindiendo de las hadas propiamente dichas, cuya habilidad en el telar se remonta a mitos muy antiguos, son hábiles en las tareas de la casa, en el mantenimiento de las granjas, en la preparación de los derivado de la leche como la mantequilla y los quesos, y también en ciertos oficios propiamente artesanos: tenemos hábiles herreros o zapateros, buenos mineros, excelentes constructores de barcas; entre las artes es decididamente la música donde alcanzan los resultados más excelsos, superiores a los de cualquier músico humano. Otra habilidad típica de ciertas especies es el conocimiento de las hierbas y de los remedios medicinales, evidentemente debida a la estrecha conexión entre las hadas y la Naturaleza.

Esta misma conexión ha llevado a ver en los seres que son símbolos de los elementos y en particular en los Gnomos y en las Ondinas, representaciones de los seres feéricos.

Ahora bien, La palabra hada procede del latín «fata», derivada a su vez de «fatum» el hado, el destino, que, en el medioevo, fue considerado una diosa. Igual procedencia tiene el término «fée» francés, del que se derivaron las palabras inglesas «fey» y «fairie», que han sufrido después variaciones en su ortografía: «fayerie» «fayre» y «fairy», No obstante, la palabra «faerie» hace referencia al mundo de las hadas como entidad, a un lugar geográfico, y es también un adjetivo para describir sus atributos, adjetivo que en español se convierte en feérico, como por ejemplo música feérica o de las hadas. Sin embargo, lo más común es designar con el nombre de hadas a ciertos seres diminutos, por lo general de especie femenina que habitan en este país.   

Se han propuesto varías teorías para explicar el origen de las Hadas. Algunos han pensado que derivan de la creencia  en la supervivencia del espíritu  de los difuntos; otros, que se trata de las almas de las personas muertas sin ser bautizadas, pero sin culpa, como por ejemplo los niños; otros, que son ángeles caídos, pero no lo bastante malos para merecer ser precipitados al infierno, y que por consiguiente permanecen sobre la tierra, como compañeros de viaje de la humanidad; o que son espíritus de la Naturaleza, herederos de las ninfas griegas que llenan cada rincón del mundo, en una especie de horror vacui cósmico, finalmente, según algunos antropólogos, la creencia en las hadas no es más que el recuerdo de razas anteriores al hombre que llegaron a convivir durante cierto tiempo con él.

Es por ello que, según Paracelso, las hadas y demás seres feéricos se nos aparecen de cuando en cuando, algunos son voluntariosos con nuestra raza y se proponen a ayudarnos, por medio de sus artes mágicas en cualquier asunto penoso o de dificultad que tengamos, e incluso, se dice que, duendes y gnomos, por ejemplo, se encargan de nuestras faenas domésticas, las cuales realizan sin ser percibidos o no mostrándose al humano abiertamente pero dejando, en cierto modo su presencia, y entablan con la casa humana en la que han decidido residir y con su dueño una especie de contrato tácito, en la que el duende se encarga de estas pequeñas tareas a cambio de la protección que le brinda la cálida estancia del humano y un poco de comida o cualquier otro pequeño requerimiento. Algunos, incluso pueden resarcirnos estos favores, brindándonos suerte o descubriéndonos algún tesoro escondido a condición que no lo atesoremos, sino que lo repartamos en nuestro mundo, este dinero, al provenir del mundo de las hadas, empero, se disuelve al cabo de cierto tiempo en nuestro mundo.

Por tanto, no siempre resultan ser seres benéficos de los que podemos fiarnos, pues, pueden ocasionarnos algunos problemas, como por ejemplo, hacernos incurrir en el engaño o solicitarnos cosas indebidas, muchos de ellos son espíritus burlones que se entretienen a costa de hacernos pasar malos ratos y, a veces, muchas de sus bromas pesadas pueden hasta costarnos la vida, es por ello que muchos son considerados perversos; las hadas y las ondinas, particularmente recurren a artificios audaces, valiéndose de su belleza, como es el caso de las sirenas, nereidas, náyades, dríadas o cualquier otro tipo de mujer encantada, las cuales embaucan a jóvenes varones, prometiéndoles amoríos y riquezas que luego resultan totalmente fatídicas, debido a que se rompe algún contrato previo entre el hada y el humano, como en la historia de Melusina; o simplemente son portadoras de misteriosos secretos que no debemos escuchar porque nos generarían la completa pérdida de nuestros sentidos, hasta generarnos la locura, tal como cuenta la historia de las sirenas con las que se topó Ulises y que tan magistralmente se narra en la Odisea por el bardo Homero. Incluso de las pequeñas hadas se dice que tienden a raptar a los recién nacidos humanos, sustituyéndolos por sus hijos, al parecer, esto se debe a que sus hijos nacen en condiciones endebles y enfermizas, entonces buscan con tal cambio, que una madre humana los amamante y les proporcione la salud que ellas no pueden proporcionarles, para realizar este remplazo se valen de su magia, para que el bebé feérico tenga la apariencia del bebé humano, incluso hay quienes dicen que lo sustituyen por un tronco o una piedra a la que le dotan de vida y la apariencia del niño raptado.

Sin embargo, a veces raptan también seres humanos adultos; particularmente matronas o hechiceras, con propósitos similares, también poetas, músicos, artistas o gente creativa y de mucha imaginación o con algún don especial; cuando estos vuelven luego con los hombres, al mundo real, se encuentran con una paradoja temporal indescifrable. En efecto, el tiempo, en el mundo de las hadas, transcurre bastante más lento que en el nuestro, por lo que los visitantes que allí penetran y allí se detienen, aunque sea por pocas horas, cuando vuelven se encuentran que aquí han pasado años, o incluso siglos.

Brian Froud & Alan Lee – Hadas

VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA

Arcanos de la Sabiduría

TRATADO DE LAS NINFAS Silfos, Pigmeos y Salamandras

Me propongo hablaros de las cuatro especies de seres de naturaleza espiritual, es decir, de las ninfas (o ninfos), gnomos (pigmeos o duendes), silfos y salamandras: a estas cuatro especies, en verdad, habría que añadir los gigantes y otros muchos. Estos seres, aunque tienen apariencia humana no descienden de Adán y tienen un origen completamente diferente de los hombres y de los animales. Se unen, por tanto, al hombre y de esta unión nacen individuos de la raza humana, yo diré la causa inmediatamente.

He aquí cómo he dividido este libro: en el primer tratado estudiaré la generación y naturaleza de estos seres; en el segundo, su medio y régimen; en el tercero, aquellos de dichos seres que se nos aparecen y mezclan a nosotros; en el cuarto, los milagros de que son capaces: en el quinto, la generación, origen y fin de los gigantes.

Aunque nada se opone a que me inspire en libros escritos por otros, yo no lo haré, por la excelente razón de que los filósofos nada han dicho de estos seres y no han proporcionado sobre los mismos ningún dato, a causa de que no creen más que en lo que ven. Apenas han dicho algunas palabras sobre los gigantes. Pero está plenamente permitido el tratar de este tema, puesto que en el Antiguo y el Nuevo Testamento se describen determinadas maravillas que Dios opone a la razón. Y si no está prohibido el admitir la existencia de los diablos y los espíritus, tampoco está prohibido el estudiar su naturaleza. Examinemos, por tanto, todas las creaciones de Dios y reconozcamos que hay aquí abajo cosas verdaderamente inexplicables.

Para creer en una cosa, es suficiente el conocer su finalidad. El lector podrá encontrar mi libro inútil y vano, en tanto no haya llegado al tratado VI, en el que expongo con toda claridad la finalidad de estos seres; una vez que haya leído este tratado, me felicitará por haber estudiado el primero tal tema y releerá con atención mi libro. El que mira ve.


Tratado I

Lo que son el espíritu y el alma

Hay dos especies de naturaleza: la de Adán y la que no le pertenece. La primera es palpable, objetivable, por estar formada de tierra. La segunda no es ni palpable ni visible, porque es sutil, porque no está formada de tierra. La naturaleza de Adán es compuesta; el hombre — que es de esta naturaleza— no puede pasar a través de los muros si en ellos no existe una abertura. Para los seres de la otra naturaleza los muros no existen, penetran a través de los obstáculos más densos sin tener necesidad de deteriorarlos. Por último, existe una tercera naturaleza que participa de las dos.

A la primera naturaleza pertenece el hombre, que está formado de sangre, carne, huesos, que se reproduce, bebe, evacua, habla; a la segunda pertenecen los espíritus, que no pueden hacer nada de esto. A la tercera pertenecen los seres que son ligeros, como los espíritus, y que engendran como el hombre, poseen su aspecto y su régimen.

Esta última naturaleza participa a la vez de la del hombre y de la del espíritu, sin llegar a constituir ni una ni otra de dichas naturalezas.

Efectivamente, los seres que pertenecen a esta categoría no podrían ser clasificados entre los hombres, puesto que vuelan de la misma forma que lo hacen los espíritus; no podrían tampoco clasificarse entre los espíritus, puesto que evacuan, beben, tienen carne y huesos, de la misma forma que los hombres. El hombre tiene un alma, el espíritu no la necesita; las criaturas en cuestión no tienen alma y, por lo tanto, no son semejantes a los espíritus; estos últimos no mueren nunca, pero aquellos sí mueren.

¿Estas criaturas que mueren y tienen alma, son acaso animales? No son animales, efectivamente, hablan y nada de cuanto hacen pueden realizarlo

los animales. En consecuencia, se parecen más a los hombres que a los animales. Pero se asemejan a los hombres sin llegar a ser seres humanos, de forma parecida a como un mono se parece por sus gestos y su industria, y el cerdo por su anatomía, sin dejar por ello de ser un mono o un cerdo.

Se puede decir también que son superiores a los hombres por ser impalpables como los espíritus; pero, conviene añadir que el Cristo, habiendo nacido y muerto para rescatar a los seres dotados de alma y que descienden de Adán, no ha rescatado a estas criaturas, que no poseen alma y no descienden de Adán.

Nadie puede asombrarse o dudar de su existencia. Es preciso solamente sentir admiración por la inmensa variedad que ha dado Dios a sus obras. Es verdad que no se ve todos los días a estos seres, no siendo posible verlos más que muy raramente. Yo mismo no los he visto si no era en una especie de ensueño. Pero no se puede sondar la profunda sabiduría de Dios, ni apreciar sus tesoros, ni conocer todas sus maravillas. Los que guardan estos tesoros y nos los descubren de cuando en cuando no pertenecen a la naturaleza de Adán, esto lo volveré a decir en mi último tratado.

Estas criaturas se reproducen dando a luz seres que se les parecen y no se asemejan a nosotros. Son seres prudentes, ricos, sabios, humildes, a veces maniáticos, como nosotros. Son la imagen grosera del hombre, como éste es la imagen grosera de Dios. Continúan siendo tal como fueron concebidos por Dios, que no quiere que sus criaturas puedan elevarse a un rango superior o proseguir otro objetivo que el que les es propio y les prohíbe obtener un alma y prohíbe, igualmente, que el hombre trate de igualársele.

Estos seres no temen ni al fuego, ni al agua. Están sometidos, sin embargo, a las enfermedades y las indisposiciones humanas. Mueren como seres salvajes y su carne se pudre como la carne animal. Virtuosos o viciosos, puros o impuros, mejores o peores, como los hombres, tienen sus costumbres, sus gestos, su lenguaje, como ellos difieren en su aspecto externo y viven bajo una ley común, trabajando con sus manos, tejiendo sus propios vestidos, gobernándose con sabiduría y justicia, dando pruebas en todo momento de razón. Para ser hombres sólo les falta el alma y no pueden ni servir a Dios ni seguir sus mandamientos; el instinto solamente les impulsa a conducirse honestamente.

Así, de la misma forma que entre las criaturas terrestres el hombre es la que se aproxima más a Dios, entre los animales son nuestros seres lo que están más cerca del hombre.

Tratado II

Acerca de su habitación

Nuestras criaturas tienen cuatro tipos de habitación: acuática, aérea, terrestre e ígnea. Aquellos que habitan en el agua se llaman Ninfos; en el aire, Silfos; en la tierra, Duendes o Pigmeos y en el fuego, Salamandras.

No creo que estos sean los nombres que verdaderamente ellos utilizan entre sí, y pienso que se les han atribuido por personas que no han estado nunca en contacto con ellos. Pero, puesto que están en uso entre nosotros, los conservaré, aunque también se puede llamar a las criaturas acuáticas Ondinas, a las aéreas Silvestres, a las terrestres Gnomos y a las ígneas Vulcanos. En último término, poco importan los nombres, lo que es preciso saber es que estas cuatro clases de seres habitan en medios muy diferentes que los ninfos, por ejemplo, no tienen en absoluto comercio con los pigmeos. De esta forma, los hombres, comprendiendo la sabiduría de Dios, ven que éste no ha dejado un solo elemento vacío o estéril.

Se sabe que hay cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Se sabe también que nosotros, los hombres, descendientes de Adán, vivimos en el aire, que estamos rodeados, como los peces lo están por el agua. Para los peces la onda reemplaza el aire, para los hombres, el aire reemplaza el agua. Cada criatura es apropiada al elemento en el que está sumergida; los ondinos, concebidos para vivir en el agua, se asombran al vernos vivir en el aire, como nosotros nos admiramos de verlos vivir en el agua. De la misma forma, los gnomos atraviesan sin la menor dificultad las rocas más densas, como nosotros atravesamos el aire, porque la tierra está en su caos y porque este caos está formado por piedras y rocas, como el nuestro lo está de aire.

Cuanto más espeso es el caos, sus habitantes son más sutiles, y viceversa. Los gnomos, que habitan un caos espeso, son sutiles; el hombre, que habita un caos sutil, es espeso. Son los silvestres los que se parecen más a nosotros; viven en el aire, se sofocan en el agua, se aplastan bajo tierra y se consumen en el fuego.

Que esto no nos admire. Dios prueba que es Dios creando cosas que nosotros no podemos comprender, porque si pudiéramos comprender todo lo que Él ha creado, resultaría muy débil y nosotros querríamos compararnos a Él.

Para comprender lo que vamos a decir sobre la nutrición de nuestros seres, es necesario saber que cada caos tiene por encima de él un cielo y por debajo, una tierra; nuestro caos tiene encima el cielo y debajo la tierra; así, cielo y tierra nos nutren a nosotros. Los habitantes del agua, es decir, aquellos que tienen el agua por caos, tienen, por debajo de ellos, la tierra y por encima el cielo. Los gnomos que tienen la tierra por su propio caos, tienen por encima de ellos al agua y por debajo, la superficie de la tierra, porque la tierra reposa sobre el agua: así, los ondinos y los gnomos se nutren, en consecuencia. Los silfos, que tienen el mismo caos que los hombres, siguen su mismo régimen.

Nosotros tenemos el agua para aplacar nuestra sed; para apagar la suya, estos seres tienen un agua que nos es desconocida y que no podemos ver. Tienen necesidad de comer y beber, pero comen y beben aquello que es alimento y bebida propios de ellos.

Se visten y ocultan sus partes vergonzosas a su manera, no a la nuestra. Ellos nombran guardias, magistrados, jefes, como las abejas eligen una reina, o las bestias salvajes escogen un guía. Dios ha ocultado las partes secretas de todos los animales, pero no lo ha hecho para estos seres que, como el hombre, deben valerse de su propia industria. Como a nosotros, Dios les ha dado la lana de oveja. Dios, en efecto, puede crear ovejas diferentes de las que nosotros vemos y que pastan en el fuego, el agua o la tierra.

Nuestros seres duermen, reposan, velan de la misma forma que los hombres, tienen un sol y un firmamento como ellos. Los gnomos ven a través de la tierra, el sol, la luna y las estrellas, de la misma forma los ondinos descubren el sol a través del agua y las salamandras lo ven fecundar y calentar su caos y sucederse el verano, el invierno, el día y la noche.

Como nosotros, están sometidos a la peste, las fiebres, la pleuresía y otras enfermedades, enviadas por el cielo, porque son hombres, o mejor dicho, porque lo serán: ya que, hasta el juicio final, permanecerán como animales.

En cuanto a su físico, es bien evidente que varía: los ondinos de ambos sexos tienen aspecto humano, los silvestres son más espesos, más grandes,

más robustos los gnomos más pequeños, de una altura de unos dos palmos, las salamandras delgadas, gráciles, esbeltas. Los ninfos habitan en los ríos, cerca de los lugares en donde se lavan los hombres y bañan sus caballos.

Los gnomos habitan en las montañas; es por esto por lo que se encuentran túneles y excavaciones del diámetro de un codo. En el monte Etna se pueden oír los gritos de las salamandras, el ruido de sus trabajos, que movilizan su elemento. Se conoce más fácilmente la habitación de los silfos, pudiendo verlos.

Podría añadir otras muchas cosas admirables, en relación con la moneda, las costumbres de estos seres. Lo haré cuando sea llegado el momento.

Tratado III

Por qué razón estos seres se nos aparecen

Todo cuanto Dios ha creado termina por manifestarse ante el hombre. Dios algunas veces le envía el Diablo y los espíritus con el fin de que el hombre quede persuadido de su existencia. De lo alto del cielo, le envía también los ángeles, sus servidores. Estos seres se nos aparecen, por tanto, no para permanecer con nosotros o aliarse a nosotros, sino con el fin de que podamos comprenderlos. Estas apariciones son raras, en verdad; pero, ¿por qué no habían de serlo?, ¿no basta que uno de nosotros perciba un ángel para que todos nosotros creamos en los demás ángeles?

Por otra parte, para que la prueba de su existencia sea más manifiesta, Dios permite que los ninfos no solamente sean vistos por ciertos hombres, sino que mantengan comercio carnal con ellos y les den hijos. Permite igualmente que los hombres no vean solamente a los pigmeos, sino que de ellos reciban plata, y que otros viajen con los silfos.

De la misma forma que un hombre no aparece semejante ante dos personas, los ninfos se nos presentan de forma diferente a como nosotros aparecemos. Los ninfos y nosotros no juzgamos de manera paralela, porque diferimos en nuestro medio y cada uno juzga según las ideas de su propio medio ambiente. Los ninfos y los pigmeos no se dan cuenta de que pueden venir a vivir, morar y amar entre nosotros, porque siendo sutiles, soportan nuestro caos, mientras que nosotros, siendo espesos, no sabríamos soportar el suyo.

Hemos dicho que estos seres podían mantener comercio carnal con los hombres y tener hijos. Estos hijos son de raza humana porque el padre, siendo hombre y descendiendo de Adán, les da un alma que los hace semejantes a él y eternos. Y yo creo que la hembra que recibe este alma con la semilla, es, como la mujer, rescatada por el Cristo. Nosotros no llegamos al reino divino más que en cuanto comulgamos con Dios. De la misma forma, esta mujer no adquiere un alma más que al conocer un hombre. Lo superior, en efecto, comunica su virtud a lo inferior.

He aquí, por tanto, una de las razones de la aparición de estos seres: buscan nuestro amor para elevarse, como los paganos buscan el bautismo para adquirir un alma y renacer con el Cristo.

Es preciso añadir que si se aproximan a nosotros es porque se nos asemejan, como el lobo se parece a un perro salvaje. Todos estos seres, efectivamente, no tienen relaciones carnales con el hombre. Los ninfos son los que las tienen en mayor grado, les siguen los silfos y en cuanto a los pigmeos, no tienen en absoluto este tipo de relaciones con el hombre y se contentan con servirle. Se considera generalmente a los pigmeos y las salamandras como espíritus, porque aparecen como seres brillantes y deslumbradores, y es que no se reflexiona que su carne y su sangre son de naturaleza luminosa. Los pigmeos y las salamandras son ágiles y ligeros como los espíritus, conocen el presente, el futuro y el pasado, revelan a los hombres lo que está oculto; tienen la razón del hombre sin poseer el alma, tienen la ciencia y la inteligencia de los espíritus sin poseer su conocimiento de Dios.

Hemos dicho que los ninfos dejan las aguas para venir a vernos, hablar y aliarse con nosotros. Los silfos son más groseros, y no conocen en absoluto nuestra lengua. Los gnomos hablan el mismo lenguaje que los ninfos. Las salamandras hablan poco. Los silfos son más tímidos que los hombres. Los gnomos son más pequeños y se les toma con frecuencia por llamas errantes, espíritus, almas en fuego o fantasmas. Las llamas que vuelan por encima de los prados, se alejan y se aproximan, no son otra cosa que gnomos. Las salamandras son parecidas, pero, a causa de su naturaleza, frecuentan poco al hombre, prefieren el trato con las mujeres

viejas y con las hechiceras. Por ello, su vecindad es peligrosa, porque en ellas bulle el Diablo. Por lo demás el Diablo se inmiscuye algunas veces en el cuerpo de los gnomos, de los silfos, sobre todo en el de los individuos del sexo femenino, complaciéndose en hacerles parir fetos afectos de lepra, sífilis u otra enfermedad incurable.

Que el hombre que tiene relaciones con una ninfa no la atormente cerca del agua; que el que tiene relaciones con un pigmeo no lo moleste cerca de sus cavernas; ninfa y pigmeo desaparecerán. Esta desaparición no puede cumplirse más que cuando la pareja se encuentre cerca del elemento de la ninfa o el pigmeo, lejos de este elemento, el hombre puede siempre forzarlos a seguir morando a su lado.

Los gnomos, cuando han acudido a nuestra llamada, nos sirven con fidelidad a condición de que cumplamos sus deseos. Si nosotros mantenemos nuestras promesas, ellos mantienen las suyas y nos dan plata; efectivamente, ellos tienen mucha plata a su disposición, ya que la extraen y trabajan por sí mismos. Pero no nos la regalan si no es con la condición de no atesorarla, sino de distribuirla.

Tratado IV

De las relaciones entre ninfos

Hemos dicho que estos seres se alían a los hombres y tienen hijos de ellos; hemos dicho también que, si el hombre los irritaba cerca de su elemento, desaparecían. Añadamos que lo que le sucede a una ninfa le ocurre igualmente a su esposo; si ella se sofoca, él se sofoca igualmente.

Él cree que ella ha desaparecido simplemente en el agua, y no se da cuenta de que su propia vida está en peligro grave, que su unión con la ninfa no se

ha deshecho y que no es como la unión de una mujer con un hombre, que puede quedar disuelta por la simple huida de ella. Es preciso, efectivamente, para que tal unión se disuelva, el consentimiento de los dos esposos; es preciso recordar que la ninfa que se ha unido a un hombre, estará presente en el juicio final, porque ha ganado por tal unión un alma en este comercio, siendo por lo tanto una mujer y su unión con un hombre no se disuelve más que si ello consiente. Si el marido toma otra esposa sin su permiso, ella reaparece y lo mata.

Las sirenas nadan especialmente en la superficie de las aguas, más que en su interior y aunque no tienen el aspecto de la mujer, se le parecen en parte. Son verdaderos monstruos lo que engendran los hombres y las mujeres con ellos.

Supongamos, en efecto, que los ninfos, que engendran entre ellos como lo hacen los hombres, engendren monstruos que nadan en la superficie de las aguas; estos serán sirenas. Estas sirenas saben cantar y tocar la flauta.

Los ninfos y los gnomos engendran todavía otros monstruos, los monacos, que se parecen a los hombres y habitan en su medio. De la misma manera las estrellas engendran monstruos los cometas, que no siguen su curso.

Dios, como veis, crea cosas admirables.

Tratado V

Los gigantes y los enanos

Es preciso hablar de dos razas que tienen relación con la de los ninfos y los pigmeos, son los gigantes y los enanos. Los gigantes y los enanos no descienden tampoco de Adán. San Cristóbal, en realidad fue un gigante, pero él poseía la naturaleza humana y no debe ser colocado entre estos seres, una de cuyas características es el no poseer esta naturaleza. Testigos los gigantes Bernensis, Sigenotto, Hilde-brando, Dietrico. Diremos otro tanto de los enanos, testigos de ello, Laurino y otros.

No ignoramos que muchas personas no creen, ni en los gigantes ni en los enanos. Se contentan con decir: los gigantes son extraordinarios y muy fuertes, los negaremos y consideraremos que son ilusiones.

Los gigantes son engendrados por los silfos y los enanos por los pigmeos. Gigantes y enanos son monstruos de los silfos y de los pigmeos, como las sirenas son los monstruos de las ninfas. He aquí por qué son tan raros; sin embargo, se han visto en demasiadas ocasiones para dudar de su existencia. Son notables por su sólida constitución.

He aquí lo que es preciso pensar de su alma: Se trata de hombres originados en los animales y son monstruos, por lo tanto, carecen de alma.

Se creerá, por lo tanto, que tienen una, al ver sus buenas acciones y su amor a la verdad. Porque, así como el mono imita los gestos del hombre, ellos pueden también actuar como los hombres.

Dios habría podido dar a estos seres un alma si lo hubiera querido, como le ha otorgado una al hombre, comunicándose con él y como le da una a las ninfas que se casan con los hombres. No lo ha querido así, para no crear una raza semejante a la humana. A pesar de todas sus buenas acciones, no creo que los gigantes ni los enanos participen en la redención.

Pero, si no tienen fe, son sabios de la misma forma que los animales.

Los enanos nacen de los pigmeos. He aquí por qué no tienen la talla de los gigantes, porque los silfos de los que nacen éstos, son mucho más grandes que los pigmeos.

Los gigantes y los enanos pueden tener comercio carnal con las mujeres descendientes de Adán y satisfacerlas. Pero no sabrían engendrar hijos de su propia raza, bien se casen entre ellos o se alíen a la especie humana. En efecto, son monstruos y no pueden engendrar entre ellos, como tampoco pueden hacerlo los consanguíneos; por otra parte, si se alían al hombre, el feto será de una doble naturaleza, es decir, de la suya y de la del hombre y como consecuencia, el niño será de raza humana, porque teniendo como padres a un ser sin alma y otro con alma, pertenece a la raza de este último. Los gigantes y los enanos mueren, pues, sin herederos. De la misma forma, los cometas no engendran otros cometas, ni los temblores de tierra otros temblores de tierra.

Tratado VI

Por qué Dios ha creado estos seres

Dios ha hecho estos seres para proporcionar unos guardianes a su creación. De tal manera que los gnomos guardan los tesoros de la tierra, metales y otros: e impiden que se vean a la luz del día antes del tiempo querido. Porque esos tesoros, oro, plata, hierro, etc. no deben ser encontrados todos el mismo día, sino ser distribuidos poco a poco y no a algunas personas solamente, sino a todos. Las salamandras guardan los tesoros de las regiones ígneas. Los silfos guardan los tesoros que llevan

los vientos, los ondinos los que se encuentran en el agua. Es en las regiones ígneas, por el cuidado de las salamandras, donde son fabricados todos los tesoros para ser inmediatamente distribuidos y guardados en los demás medios.

Las sirenas, los gigantes, los manes y las escintillas (que son monstruos engendrados por las salamandras) han sido creados con otro fin: deben prevenir de los acontecimientos graves a los hombres, indicarles que estalla un incendio, advertirles de la ruina de un reino. Los gigantes anuncian más especialmente la devastación de un país, los manes el hambre y las sirenas la muerte de los reyes y los príncipes.

La causa inicial del universo sobrepasa nuestro entendimiento. Pero, a medida que el mundo se aproxima a su fin, las cosas se manifiestan a nosotros, cada vez con mayor claridad; vemos así su naturaleza y su utilidad. El día postrero todo aparecerá claro, todo será conocido y nada quedará ignorado, cada uno recibirá la recompensa de sus esfuerzos y de su amor a la verdad. Entonces no será médico o profesor el que lo desee.

La cizaña será separada del grano, la paja del trigo. Entonces se inhibirá aquel que hoy grita. Aquel que cuenta el número de las páginas que tiene todavía por escribir sucumbirá bajo el peso de su obra. Entonces será feliz aquel que en este momento trata de ver. Y se podrá comprobar si yo he mentido.


VERSIÓN EN VÍDEO DE LA ENTRADA
Arcanos de la Sabiduría

CAPUT MORTUUM

«Tal es el signo y la primera manifestación de la disolución, de la separación de los elementos y de la generación futura del azufre, principio colorante y fijo de los metales. Las dos alas están colocadas allí para enseñarnos que, al huir la parte volátil y acuosa, se produce la dislocación de las partes y se rompe la cohesión. El cuerpo mortificado cae en negras cenizas que tienen el aspecto del polvo del carbón. Después, bajo la acción del fuego intrínseco desarrollado por esta disgregación, la ceniza, calcinada, pierde sus impurezas groseras y combustibles y, entonces, nace una sal pura, a la cual colorea poco a poco la cocción, revistiéndola del poder oculto del fuego»


«Toda carne nacida de la Tierra será destruida y vuelta a la tierra; y volverá a ser tierra, como lo fue anteriormente. Entonces, la sal de esa tierra provocará un nuevo nacimiento, mediante el hálito de la vida celestial, pero donde no hubiera habido tierra no puede haber ningún renacimiento, según nuestra obra. Porque la tierra es el bálsamo de la Naturaleza y la sal generadora de aquellos que buscan el conocimiento de todas las cosas.

La materia más preciosa obtenida por el alquimista en el primer paso hacia la obra es precisamente la ceniza final de esta muerte, porque de ella nacerá la nueva vida que habrá de conducir a la obtención de la Piedra.»


Tabla de símbolos alquímicos

Hemos escuchado dos textos alquímicos referentes al proceso de mortificación y putrefacción de la materia, para su posterior purificación. El primero lo escribe Fulcanelli a propósito del significado que hallaba en una pintura que representaba una calavera alada que descubrió en la decoración de la Mansión Lallemant de Bourges.

El segundo texto pertenece a Basilio Valentín quien también describe el proceso de Putrefacción, Mortificación y Sublimación, a través del ennegrecimiento de la materia; aunque él recurre a los símbolos de la Naturaleza y de los estadios de la carne y el espíritu.

Estos procesos alquímicos, se conocen bajo el nombre de Nigredo o Melanosis, donde el alquimista pretendía transformar los desechos impuros de sus procesos químicos, en oro, cuando estos comprendían metales, o en la Piedra de los filósofos, cuando se trataba de otros compuestos; el nigredo era la primera etapa de otros dos procesos alquímicos para llegar a la Gran Obra.  Se designó como símbolo de este proceso llamado de “putrefacción” en los tratados alquímicos a una calavera alada, y como todos los símbolos alquímicos, este también comprendía un sentido oculto que se correspondía no sólo con los ensayos y pruebas del laboratorio, sino también, del desarrollo espiritual del alquimista. Así, el símbolo del Caput Mortuum corresponde a la corrupción y ennegrecimiento del espíritu por medio de las veleidades y pasiones, hasta llegar a una muerte iniciática, que comenzaría a transformar todos estos despojos del alma, a través de la elevación de la conciencia, en un resurgir anímico y, por tanto, logrando la obtención de un nuevo ser espiritual, totalmente a tono con el preciado Oro de los alquimistas y las virtudes de la Piedra de los Filósofos.       


La traducción literal del término latino Caput Mortuum corresponde a: “Cabeza Muerta” y hacía referencia, entre los antiguos alquimistas, a los residuos de las sustancias utilizadas en sus experimentos químicos. Ahora bien, se sabe que los emblemas alquímicos comportaban doble funcionalidad: por un lado, correspondían a un uso lingüístico externo, adaptado a los requerimientos del laboratorio (cuestión que nuestra química actual heredó de la alquimia) por otro lado, estos mismos símbolos correspondían a procesos internos del alma del alquimista, pues, pretendían que, a la par de sus procedimientos químicos en el que el objetivo era transformar los metales burdos en oro, a través de procesos aleatorios, su alma pasara por los mismos procesos de transformación, así, si sometía a este proceso un metal como el cobre, se esperaba que el resultado fuera el oro, del mismo modo, se vería “aurificado” el espíritu del alquimista que llevara a cabo tal proceso.

A este proceso se le conoció, entre el círculo de los practicantes de la alquimia, como: Magnum Opus o La Gran Obra, el proceso constaba de cuatro etapas bien diferenciadas una de la otra.

Nigredo

Nigredo – Putrefación – Fermentación

La primera de ella era conocida como el ennegrecimiento o el Nigredo, donde tiene lugar el concepto del Caput Mortuum; es decir, la putrefacción. Los alquimistas comprendían esta primera etapa como un estado matérico puro, por tanto, le llamaban Materia Prima, y estaba relacionada con los metales burdos como el plomo o la piedra y en el ámbito de lo espiritual, se comprendía como materia prima al hombre profano a aquel que aún no ha adquirido el conocimiento necesario para alcanzar la Gran Obra o su perfecta iluminación; en el sentido mítico representaría la noche oscura del alma, el desmembramiento de Osiris, el cuerpo del dios devorado por su padre Saturno, el Cristo llorando en el desierto antes de emprender su misión redentora y tentado por las bajas pasiones del hombre burdo, encarnado en su adversario: Satán, símbolo de las penalidades de este mundo, de las adversidades, las enfermedades, la vejez y la decrepitud, la ignorancia, las angustias, la flagelación del alma por medio de la carne: El hambre, los bajos instintos, la codicia, la avaricia y demás males mundanos.

En esta etapa, la Materia Prima o el profano debe sufrir la “mortificación”, la ablación de tales impurezas: debe desprenderse de toda idea pecaminosa, vicios, flaqueza moral, purgar sus ambiciones hasta el punto de comprender, de manera dolorosa, lo efímero de la materia, se debe soltar el apego a la vida, padecer una muerte iniciática, que le haga contemplar la verdad, la cual, no se halla en este mundo; se debe morir y renunciar a la vida mundana ya que nada de este mundo material nos pertenece, puesto que no somos dueños siquiera de nuestra identidad, el falso ego y todo aquello que pensamos que somos… se debe arrojar la máscara mortuoria al fuego transmutador.

La etapa del nigredo finaliza precisamente cuando logramos deshacernos de las capas exteriores de nuestro ser, cuando comprendemos que no somos un ente individual sino parte de un conjunto; cuando somos capaces de superar nuestras emociones subconscientes y transformarlas en conciencia positiva.  

Albedo

Albedo – Blanqueamiento – Piedra Blanca

Luego de la etapa del ennegrecimiento, la segunda etapa es el Albedo o blanqueamiento. Las cenizas que quedan del Caput Mortuum, o los restos ya aniquilados, comienzan una etapa de purificación aún mucho mayor, el fuego se intensifica para lograr unificar lo que en la etapa anterior fue pulverizado y esparcido al viento. Por esto, en el terreno mitológico, el albedo se emparenta con Isis, la Gran Sacerdotisa que recorre el desierto en busca de las partes desmembradas de su esposo Osiris, en el psicológico, corresponde a la búsqueda en nuestro interior de quienes somos realmente, a encontrarnos y asumir nuestra alteridad, es decir, nuestra complementariedad, lo que en el lenguaje junguiano corresponde al Animus y al Ánima; lo primero se trata de las potencialidades masculinas en la mujer, y lo segundo, de las femeninas en el hombre, en el albedo, la meta es lograr conciliar estos dos aspectos opuestos en nuestro ser, lo que han representado los alquimistas como el Matrimonium Oppositorum, o la conjunción del Rey y la Reina, lo que significa la integración de las proyecciones del Ánima: la personificación de todas las tendencias psicológicas femeninas en el hombre, tales como vagos sentimientos y estados de humor, sospechas proféticas, la captación de lo irracional, la capacidad para el amor personal, la sensibilidad hacia la naturaleza y la relación con el inconsciente. Y las proyecciones del Animus: la personificación psicológica masculina en la mujer, con la que se capacita para experimentar el proceso subyacente de su situación objetiva personal y cultural; afianzar sus convicciones ante los problemas que le plantea la vida, con una racionalidad fría y objetiva.

La etapa del Albedo es una etapa de cernir las asperezas de la Materia Prima vulcanizada; nos ayuda a discernir en nuestra vida lo que realmente tiene importancia y lo que no; los alquimistas también conocen esta etapa con el nombre de sublimación, allí, conocemos las verdaderas características de la sustancia y de nuestro ser, cuales son las virtudes de la piedra y de nuestra alma, la cual comienza a despertar y conocer su propósito verdadero más allá de la contemplaciones del ego que fue sacrificado en la etapa anterior.

La reconciliación consciente de los arquetipos opuestos, culmina con la boda alquímica que engendra un nuevo estado de conciencia purificada, se produce la coniunctio, la hierogamia entre el alquimista y su Soror Mystique; en el lenguaje alquímico esta conjunción se manifiesta a través del Rebis, el andrógino ideal que ha alcanzado la integración de lo masculino y lo femenino en un estado de conciencia sublimado, nuestro sentido del yo se identifica ahora con el alma, la piedra se ha tornado blanquecina y está lista para su nuevo proceso.

Citrinitas

Citrinitas – Esencia Exaltada

Luego, el espíritu desciende al cáliz ya purificado de nuestra conciencia, comienza una etapa intermedia llamada Citrinitas un punto de transición entre la conciencia sublimada y la conciencia pura, donde muere incluso la criatura engendrada por el Anima y el Animus, ya no se reconoce como una dualidad integrada, sino como un ente único completo y complejo, pero a la vez volátil y diáfano, Jung la asimilaba a la Individuación, es decir, nuestro estado más puro del ser, se equipara a la luz solar y al mercurio en estado gaseoso, el conocimiento se adquiere a través de los sentidos y la intuición, ya no por la memoria o el estudio, sino como revelación directa de nuestra alma. Es el estado reflexivo del Buda, la ataraxia del dios interno ante sus propios pensamientos liberado de todo estigma material y emocional; por tanto, comienza una evolución mental en la que se desmitifican todas nuestras creencias y pensamientos impuestos por la sociedad. El simbolismo de Citrinitas en el mito de Isis corresponde a la absorción de Ra a través de la copulación de la diosa con el dios, por medio de la magia astral y no por un proceso carnal ya que el falo de Osiris no pudo ser hallado, lo que significa un matrimonio entre el alma y el espíritu que sublima la fuerza de la energía sexual y transformándola en energía vital y creativa, significa el dominio total de nuestro cuerpo mental que espera la transición hacia la siguiente etapa.

Rubedo

Rubedo – Rosa Rubea

La siguiente etapa es la Rubedo, en ella se alcanza la iluminación total de la conciencia, el alquimista llega a su meta: la obtención del oro y la piedra filosofal, allí se producen dobles nupcias. Entre el Anima y el Animus y entre el Alma y el Espíritu; la conciencia se libera de sus ataduras terrenales y busca desencarnar e integrarse con la fuente de donde ha provenido. En el mito de Osiris, representa a Horus, una deidad sublime y trascendental que contacta al iniciado con el cosmos, con su propia divinidad.  


El caput mortuum de los alquimistas representaba la etapa de decadencia y putrefacción, la nigredo, que, sin embargo, era el primer estadio de transmutación de la materia.  Es en el estado de la putrefacción donde comienza el recorrido hacia la perfección, pero para ello, es necesario enfrentarnos a nosotros mismos y atrevernos a morir para renacer en una conciencia enaltecida por la virtud del trabajo alquímico.

La expresión del Caput Mortuum en el s. XVI, designaba por otro lado, ya de un modo más exotérico, el desecho resultante de la destilación del vitriolo, un polvo fino de coloración violácea residuo de la calcinación de la pirita. De este residuo se extraía un pigmento del óxido de hierro y surgía un color de difícil clasificación entre púrpura, cárdeno, marrón o rojo terroso que fue utilizado para pintar las túnicas de personalidades religiosas o políticas.

Aunque también se cree que antiguamente, este pigmento, se conseguía machacando los cráneos de las momias egipcias, hasta lograr pulverizarlas, el resultado de este polvo era un pigmento de color rojizo que pasó a llamarse “marrón egipcio”, muy probablemente pintores como Caravaggio, Delacroix y Géricault lo utilizaron en sus composiciones pictóricas, ya que dejó de utilizarse en el siglo XIX.  

El Caput Mortuum es otro ejemplo de la gran complejidad simbólica de los rudimentos y saberes alquímicos y del lenguaje metafórico en ellos encriptados, que pasan como desapercibidos para el ojo del profano.


Grillot de Givry – La Gran Obra

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Arcanos de la Sabiduría

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